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El Nacimiento de N. S. Jesucristo

¿Cómo podemos estar seguros de que la fecha de nacimiento de N.S. Jesucristo fue un 25 de diciembre?

     ¿Cómo podemos estar seguros de que la fecha de nacimiento de N.S. Jesucristo fue un 25 de diciembre? No es posible. Sin embargo, la fijación del año del nacimiento tiene un origen históricamente interesante. Lo que los evangelios relatan es que Cristo nació durante el Imperio Romano. En esa época los calendarios que se utilizaban se basan en fechas de acontecimientos importantes, como los períodos en los que ejercían el poder los emperadores, las olimpiadas, pero quizás la referencia más importante fue la fecha de la fundación de Roma.
     A principios del siglo VI d.C. el cristianismo se había propagado por todo el Imperio. En esa época, un monje llamado Dionisio el Exiguo, que se consideraba uno de los hombres más sabios de la región de Scythia (hoy al suroeste de Rusia), recopiló una serie de fechas utilizando el calendario del emperador Dioclesiano, pues deseaba retornar al sistema de contar los años a partir del nacimiento de Jesús, Señor y centro de la historia. Dionisio señaló el año 753 a partir de la fundación de Roma, como el año en que nació N. S. Jesucristo. Así, tal fecha fue al año uno de la era cristiana. El calendario de Dionisio fue tomando importancia poco a poco dentro del mundo cristiano, extendiéndose hasta nuestros días por todo el mundo, aunque todavía algunas culturas se rigen también por sus propios calendarios. Con el calendario dionisiano iniciamos el tercer milenio. Sin embargo, estudios posteriores indican que el monje Dionisio se equivocó.
     En primer lugar, Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, quien según el Evangelio de san Mateo (2, 16-19), murió después de la matanza de los inocentes. También se sabe, de acuerdo con el historiador Flavio Josefo (37 d.C.-101 d.C.), que Herodes el Grande murió en el año 750 de Roma, de donde se deduce que Jesús nació antes de ese año. En segundo lugar, de acuerdo con san Lucas (3, 21-23), Jesús “tenía unos treinta años” cuando recibió el bautismo de Juan, con lo que comenzó su vida pública.    
     Luego, otra referencia es que san Juan Bautista inicio su ministerio en “el año quince del reinado de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea” (Lc 3, 1). El año más probable, según los historiadores antiguos del comienzo del reinado de Tiberio fue el 764 de Roma, por lo que al sumarle quince años, obtenemos el año 779 a partir de la fundación de Roma. Por consiguiente, si Jesús tenía unos 30 años, debió nacer alrededor del año 749 de Roma, es decir cuatro años antes de lo calculado por Dionisio.
      Finalmente, tenemos el tercer indicio: el censo decretado por César Augusto (Lc 2, 1-2), realizado en Palestina por los años 8-6 a.C., lo que concuerda con el episodio de la estrella de Belén –tema que abordé profusamente en un artículo anterior–, con lo que se da definitividad al error de Dionisio.
      El último problema es el planteado en la pregunta que da inicio al artículo, la fecha 25 de diciembre. Existen varias hipótesis que tratan de explicar el porqué se escogió tal día para celebrar tan grande acontecimiento. Por ejemplo, se dice que el 25 de diciembre se tomó para suplantar una fiesta pagana del sol, dado que ese día ocurre el solsticio de invierno; sin embargo, se sabe que tal fiesta pagana no se celebraba sino hasta el 274 d.C. con el emperador Aurelio, esto es, unos cincuenta años después de que los cristianos ya celebraban la natividad del Señor. ¿No sería al revés, que Aurelio quiso suplantar la fiesta cristiana? Pero no son más que hipótesis. Lo real es que la fecha del nacimiento no es lo importante; lo realmente significativo es el nacimiento en sí mismo.
     Quien se pierda en discusiones banales sobre la importancia de la fecha, pierde de vista la realidad histórica y trascendental de que Dios mismo se hizo hombre y habitó entre nosotros para comunicarnos su mensaje de salvación eterna. Los católicos hemos de celebrar la Navidad y, con ello, conmemorar el inicio de nuestra redención, pues N. S. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, es Señor del universo y de la historia, de la cual es alfa y  omega, el que es, el que era y el que viene (Ap 1, 8). Preparémonos, pues, a recibirlo en todo Su esplendor. Que el señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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