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Diario de un espectador

Por: juan Palomar

Siempre hay un extraño desajuste entre el tiempo en que astronómicamente -y anímicamente- llega la primavera y en el que las ídem se ponen a florear. En fin, de cualquier manera son más que bienvenidas. Guadalajara celebra un año más de que un grupo de azorados españoles dijeran que aquí era. Y aquí ha sido, ciudad mexicana con nombre árabe y alguna vez capital del reino neogallego. Aquí es, aquí nos la rifamos.



La capilla de Tetlán es un prodigio. Antiquísima, justa, devota, graciosa. Tres naves que tienen, como Catedral, la misma altura. Cerca hay un desierto jardín de gigantes, unos portales acogedores y nobles, un callejón dedicado a Santa Cecilia con todo y su imagen. Dicen que, si se pone atención, siempre se oye una música muy queda mientras por allí se camina.



Otra cosa, hablando de Tom Waits: un día dijo: “If there’s one thing you can say about mankind: there’s nothing kind about man.”



Los Kinks. Los reyes del riff insistente e hipnótico no envejecen. So tired, tired of waiting,/ tired of wating for you.// It’s your life/ and you can do what you want/ do what you like/ but please don’t keep me waiting/ please don’t keep me waiting/ ‘cause I’m so tired/ tired of waiting for you... Reverbera algo de las sacras imprecaciones del padre Placencia, algo de la vuelta estrella en bicicleta por las calles florecidas, algo de lo que este tiempo ciertamente dejará para la memoria.

 

La luna reflejada en la caja del agua empieza su triunfal ascensión por el oriente. Del padre Plascencia, again: “ven con luz de tus ojos las palomas”.



Por el puro gusto de la transcripción van estos versos de San Juan de la Cruz:

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le dí a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y con todo, en este trance,
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le dí a la caza alcance.

Cuando más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance,
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba,
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera,
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé sólo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le dí a la caza alcance.


De la batea de las postales. Una que muestra un dibujo de Jean-Michel Folon, que es una ilustración para el poema de Jacques Prévert Il ne faut pas.
Un señor, arquetípico de los que muestra el artista belga, con su abrigo, su sombrero y su periódico bajo el brazo, está subido en un pedestal como el de la estatua de la Libertad de la bahía de Nueva York. Sostiene, como es de esperar, con la mano derecha, un cerillo prendido. Lo alarmante es que los edificios del fondo son, a su vez, enormes cerillos listos a arder. El dibujo está hecho sobre una carterita de cerillos. Il ne faut pas.



(Soda Stereo): No seas tan cruel/ no busques más pretextos/ siempre seremos prófugos los dos.

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