Suplementos
“Desvanecer lo Lejano” fotografías y libro de Cecilia Hurtado
Artes plásticas:
Así como abunda, por una parte, el material fotográfico meramente documental que trata de captar y dejar testimonio de lugares, objetos, personas o sucesos que sólo adquieren significado por su propia oportunidad y objetividad, que son imágenes sin mayores preocupaciones estéticas que las de ser vehículos ilustrativos y en las cuales el fotógrafo se convierte en un mero testigo de la realidad; es escaso, por la otra, aquél donde el ojo humano y la cámara no son solamente instrumentos asépticos de observación y captura , sino que buscan establecer un juego sutil entre una mirada radicalmente nueva o al menos novedosa, donde a través de la imagen se perciben y sienten los objetos o sujetos de tal manera que se les dignifica, se les proporciona individualidad, se les rescata del anonimato y del olvido y se construye así un discurso gráfico visualmente bello, sugestivo o emocionado.
Esto ha sido sin duda la pretensión de la experimentada maestra fotógrafa Cecilia Hurtado Alatorre, quien recientemente presentara un libro de imágenes y una exposición con algunas de las que nutrieron ese volumen (muy modestamente museografiadas, por cierto) bajo el título de “Desvanecer lo Lejano”; libro y muestra que fueron presentados en un salón de la planta alta del Museo de Arte de Zapopan, (Andador 20 de Noviembre 166) y que juntos constituyen la concreción de un proyecto patrocinado por el FONCA, en el cual la autora buscó ofrecer su versión documental sobre una etnia aborigen, los “Kiliwa”, a punto de extinción en una desértica región de la frontera Norte Bajacaliforniana.
Viviendo como vivimos ahora, inmersos en un diluvio persistente de descarnadas imágenes realmente aterradoras sobre la violencia, miseria, hambre, destrucción y muerte de personas, naturaleza y demás seres vivos, me parece que resulta casi imposible que alguien pueda conmoverse contemplando la desgracia de una comunidad que por voluntad propia se ha dejado extinguir; sin embargo, esto no obsta para reconocer el empeño de la fotógrafa en cuanto a añadir un documento más sobre las desgracias nacionales, que hoy, como digo, constituyen un lugar común; mas lo que sí cabe exaltar es que, como espléndida fotógrafa que es, haya logrado impregnar a varias de las tomas de su ensayo etnográfico, con su característica sensibilidad para el manejo de las formas, los espacios, la luz y la penumbra, logrando acercarse incuestionablemente, mediante esa puesta en escena, a la experiencia artística; recreando, lo subrayo, imágenes de veras elocuentes e impactantes composiciones, que son a veces logrados ejemplos de “still life” o naturalezas muertas; de lugares y paisajes abiertos, de elementos naturales u objetos manufacturados, cargados de esa sugestiva belleza y nostálgico sentimiento que emana del silencio, el abandono, el vacío, la desolación, el erosivo paso del tiempo, y la presencia, subrayada por la ausencia, de seres humanos que alguna vez allí fueron o estuvieron.
Algo de lo antedicho se puede observar en las escasas ampliaciones digitales de su obra puestas en la exposición, y adivinarse también en el volumen que la acompaña, el cual hubiese merecido sin duda un más generoso destino de recursos para extender su reducido formato y mejorar la calidad de su impresión, trabajo editorial que fue realizado gracias tanto al patrocinio de instituciones culturales, como de los agonizantes Ayuntamientos de Zapopan y Guadalajara; el cual, además de las reproducciones fotográficas, viene enriquecido y fortificado por los conceptuosos trabajos literarios de los maestros Hugo Velázquez, de la Universidad de Guadalajara, y Mauricio Zalvalgoitia, de la Universidad de Barcelona; así como por unas palabras liminares de la propia autora.
Esto ha sido sin duda la pretensión de la experimentada maestra fotógrafa Cecilia Hurtado Alatorre, quien recientemente presentara un libro de imágenes y una exposición con algunas de las que nutrieron ese volumen (muy modestamente museografiadas, por cierto) bajo el título de “Desvanecer lo Lejano”; libro y muestra que fueron presentados en un salón de la planta alta del Museo de Arte de Zapopan, (Andador 20 de Noviembre 166) y que juntos constituyen la concreción de un proyecto patrocinado por el FONCA, en el cual la autora buscó ofrecer su versión documental sobre una etnia aborigen, los “Kiliwa”, a punto de extinción en una desértica región de la frontera Norte Bajacaliforniana.
Viviendo como vivimos ahora, inmersos en un diluvio persistente de descarnadas imágenes realmente aterradoras sobre la violencia, miseria, hambre, destrucción y muerte de personas, naturaleza y demás seres vivos, me parece que resulta casi imposible que alguien pueda conmoverse contemplando la desgracia de una comunidad que por voluntad propia se ha dejado extinguir; sin embargo, esto no obsta para reconocer el empeño de la fotógrafa en cuanto a añadir un documento más sobre las desgracias nacionales, que hoy, como digo, constituyen un lugar común; mas lo que sí cabe exaltar es que, como espléndida fotógrafa que es, haya logrado impregnar a varias de las tomas de su ensayo etnográfico, con su característica sensibilidad para el manejo de las formas, los espacios, la luz y la penumbra, logrando acercarse incuestionablemente, mediante esa puesta en escena, a la experiencia artística; recreando, lo subrayo, imágenes de veras elocuentes e impactantes composiciones, que son a veces logrados ejemplos de “still life” o naturalezas muertas; de lugares y paisajes abiertos, de elementos naturales u objetos manufacturados, cargados de esa sugestiva belleza y nostálgico sentimiento que emana del silencio, el abandono, el vacío, la desolación, el erosivo paso del tiempo, y la presencia, subrayada por la ausencia, de seres humanos que alguna vez allí fueron o estuvieron.
Algo de lo antedicho se puede observar en las escasas ampliaciones digitales de su obra puestas en la exposición, y adivinarse también en el volumen que la acompaña, el cual hubiese merecido sin duda un más generoso destino de recursos para extender su reducido formato y mejorar la calidad de su impresión, trabajo editorial que fue realizado gracias tanto al patrocinio de instituciones culturales, como de los agonizantes Ayuntamientos de Zapopan y Guadalajara; el cual, además de las reproducciones fotográficas, viene enriquecido y fortificado por los conceptuosos trabajos literarios de los maestros Hugo Velázquez, de la Universidad de Guadalajara, y Mauricio Zalvalgoitia, de la Universidad de Barcelona; así como por unas palabras liminares de la propia autora.