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Del mes de febrero…
Los tapatíos y su amor... en cinco letras
M -O-T- E- L
Según la Real Academia Española, motel es un establecimiento público, situado generalmente fuera de los núcleos urbanos y en las proximidades de las carreteras, en el que se facilita alojamiento en departamentos con entradas independientes desde el exterior, y con garajes o cobertizos para automóviles, próximos o contiguos a aquellos.
La intimidad, cercanía, discreción, lo prohibido y callado… ahí están en Guadalajara; testigos de amores imposibles, pasajeros, eternos y ocultos.
Este 14 de febrero los moteles en la Zona Metropolitana estarán más concurridos que ninguna otra fecha, son parte de una ciudad en movimiento y aunque muchos se hacen “de la vista gorda”, son por excelencia un refugio para el amor.
Los primeros en la urbe eran prohibidos, estaban mal vistos para una sociedad conservadora y recta como la tapatía. Los más conocidos se encontraban en la zona roja de la Calzada, eran el terreno para encontrar el sexo servicio. ¿El resto? Tenía que estar fuera de la ciudad, alejados lo más que se pueda… y hasta allá llegaban sus clientes.
Esa lejanía ya no existe. Con el paso del tiempo, estos “negocios del amor” fueron encontrando lugar dentro de la ciudad, importando poco la discreción que los caracterizaba.
Por la carretera a Morelia en el kilómetro 13.5, está uno de los más concurridos. Casi 15 años recibiendo al amor y sus diferentes expresiones.
“Es triste que las parejas
no encuentren lugar”
La noche es fría y el gerente del motel se prepara para dar el tour. La limpieza en el camino, los jardines e iluminación es impecable. La luna en su fase menguante, adorna el escenario.
Son 43 habitaciones y cada una es diferente. “Un motel debe ser discreto, si te fijas el camino para entrar está resguardado por paredes llenas de plantas para propiciar que la pareja se sienta bien. Ahora en la ciudad ya no existe eso, la entrada es inmediata y se está a la vista de todos. Aquí no”.
Alvaro, dedicado por años a la administración de este tipo de negocios toma su radio y empieza con el recorrido. Como guía de turistas explica las diferentes opciones que se pueden encontrar ahí.
“Laura, no des la habitación 31, voy a entrar…Si se fijan el techo de la habitación tiene escenarios distintos, algunos inspirados en las dunas del desierto y en el Taj Mahal, aquí hay un tubo y una pequeña pista que como opción, se le ofrece a los clientes”.
Y la diversidad es mucha. Habitaciones sencillas, conectadas entre sí, con jacuzzi, cascada, techos móviles para disfrutar el cielo, hasta una pequeña alberca se encuentra en uno de los cuartos.
“El fin de semana es la locura, normalmente está lleno y para que te des una idea de la demanda que hay, nosotros podemos abrir el carrusel (término que identifica al movimiento del carro cuando entra y sale inmediatamente después de no encontrar lugar) y en una hora hasta 20 parejas se tienen que ir a buscar otro lugar, en una fecha como el 14 de febrero serán aproximadamente 40 por hora las que tendrán que esperar o irse”.
Y es que tan sólo en esa zona en una distancia de dos kilómetros existen siete diferentes opciones de moteles, “es curioso porque hay parejas que llegan a este motel, no encuentran lugar y se van al que está al lado y no encuentran lugar y se van al otro, así hasta que regresan de nuevo aquí para ver si ya se desocupó alguna habitación y es triste que las parejas no encuentren lugar”.
Las luces de neón están por todos lados, cada detalle está pensado en el amor. Alvaro toma de nuevo su radio, “Oye, ¿quién hizo la habitación 23? Dile que venga”.
En menos de cinco minutos aparece en la puerta una mujer que con su sonrisa, anticipa el regaño que le espera. “Ah, con que usted fue, haber venga, mire, está la colcha arrugada de los lados…”.
La noche es joven. No hay mucho movimiento porque es miércoles, pero aún así el trabajo siempre está presente. Del famoso radio-comunicador, se escucha otra voz: “Señor, está aquí un cliente que quiere dos habitaciones y dice que quiere descuento…”.
El gerente se va a atenderlo.
Si las paredes hablaran...
Son muchas las historias de amor que ahí se viven. Los dueños de los moteles, como cualquier negocio, tienen que innovar y presentar a sus enamorados clientes, lo nuevo.
Una de esas novedades son los juguetes sexuales que se comercializan cada vez más entre los asistentes. El catálogo de productos también se encuentra disponible en cada una de las habitaciones, justo al lado de la carta donde se explican cada uno de los servicios y alimentos que los clientes tienen a su disposición.
Aire acondicionado, calefacción, 270 canales de cable, sauna, tinas de hidromasaje, batas de baño y algo muy importante: el horario. El tiempo de la habitación de lunes a jueves es de 12 horas y de viernes a domingo de ocho. Alvaro regresa y explica porqué: “Estás de acuerdo que este negocio tiene una tarifa muy por debajo de una habitación de hotel, que muchas veces ni siquiera tiene la extensión de una de las que están aquí. Hay parejas que ni siquiera están una hora, además nunca cerramos, estamos abiertos los 365 días del año”.
La carta cuenta con una sección donde se destacan los postres… los más solicitados para el momento dulce.
A pesar de la “clandestinidad” del lugar, sobran parejas que dejan pétalos de rosas, velas y otros recuerdos de lo que quedó… de ese ritual de amor.
No puedo dormir porque no estoy en mí,
sino contigo, en tu casa y los dos desnudos
en la misma cama.
Y también tú, en estos momentos debes estar
sintiendo lo mismo,
porque no estás en ti, sino aquí, conmigo,
en esta hoguera de soledad y sábanas
donde forcejeo con el rebelde cuerpo de tu ausencia.
Elías Nandino
Las cinco letras tienen su precio
Habitación normal $ 270.00
Habitación doble con jacuzzi $790.00
Piña colada $35.00
Sincronizadas (2) $30.00
Salchipulpos $25.00
Pastillas para el aliento $7.00
Hacer el amor No tiene precio
Según la Real Academia Española, motel es un establecimiento público, situado generalmente fuera de los núcleos urbanos y en las proximidades de las carreteras, en el que se facilita alojamiento en departamentos con entradas independientes desde el exterior, y con garajes o cobertizos para automóviles, próximos o contiguos a aquellos.
La intimidad, cercanía, discreción, lo prohibido y callado… ahí están en Guadalajara; testigos de amores imposibles, pasajeros, eternos y ocultos.
Este 14 de febrero los moteles en la Zona Metropolitana estarán más concurridos que ninguna otra fecha, son parte de una ciudad en movimiento y aunque muchos se hacen “de la vista gorda”, son por excelencia un refugio para el amor.
Los primeros en la urbe eran prohibidos, estaban mal vistos para una sociedad conservadora y recta como la tapatía. Los más conocidos se encontraban en la zona roja de la Calzada, eran el terreno para encontrar el sexo servicio. ¿El resto? Tenía que estar fuera de la ciudad, alejados lo más que se pueda… y hasta allá llegaban sus clientes.
Esa lejanía ya no existe. Con el paso del tiempo, estos “negocios del amor” fueron encontrando lugar dentro de la ciudad, importando poco la discreción que los caracterizaba.
Por la carretera a Morelia en el kilómetro 13.5, está uno de los más concurridos. Casi 15 años recibiendo al amor y sus diferentes expresiones.
“Es triste que las parejas
no encuentren lugar”
La noche es fría y el gerente del motel se prepara para dar el tour. La limpieza en el camino, los jardines e iluminación es impecable. La luna en su fase menguante, adorna el escenario.
Son 43 habitaciones y cada una es diferente. “Un motel debe ser discreto, si te fijas el camino para entrar está resguardado por paredes llenas de plantas para propiciar que la pareja se sienta bien. Ahora en la ciudad ya no existe eso, la entrada es inmediata y se está a la vista de todos. Aquí no”.
Alvaro, dedicado por años a la administración de este tipo de negocios toma su radio y empieza con el recorrido. Como guía de turistas explica las diferentes opciones que se pueden encontrar ahí.
“Laura, no des la habitación 31, voy a entrar…Si se fijan el techo de la habitación tiene escenarios distintos, algunos inspirados en las dunas del desierto y en el Taj Mahal, aquí hay un tubo y una pequeña pista que como opción, se le ofrece a los clientes”.
Y la diversidad es mucha. Habitaciones sencillas, conectadas entre sí, con jacuzzi, cascada, techos móviles para disfrutar el cielo, hasta una pequeña alberca se encuentra en uno de los cuartos.
“El fin de semana es la locura, normalmente está lleno y para que te des una idea de la demanda que hay, nosotros podemos abrir el carrusel (término que identifica al movimiento del carro cuando entra y sale inmediatamente después de no encontrar lugar) y en una hora hasta 20 parejas se tienen que ir a buscar otro lugar, en una fecha como el 14 de febrero serán aproximadamente 40 por hora las que tendrán que esperar o irse”.
Y es que tan sólo en esa zona en una distancia de dos kilómetros existen siete diferentes opciones de moteles, “es curioso porque hay parejas que llegan a este motel, no encuentran lugar y se van al que está al lado y no encuentran lugar y se van al otro, así hasta que regresan de nuevo aquí para ver si ya se desocupó alguna habitación y es triste que las parejas no encuentren lugar”.
Las luces de neón están por todos lados, cada detalle está pensado en el amor. Alvaro toma de nuevo su radio, “Oye, ¿quién hizo la habitación 23? Dile que venga”.
En menos de cinco minutos aparece en la puerta una mujer que con su sonrisa, anticipa el regaño que le espera. “Ah, con que usted fue, haber venga, mire, está la colcha arrugada de los lados…”.
La noche es joven. No hay mucho movimiento porque es miércoles, pero aún así el trabajo siempre está presente. Del famoso radio-comunicador, se escucha otra voz: “Señor, está aquí un cliente que quiere dos habitaciones y dice que quiere descuento…”.
El gerente se va a atenderlo.
Si las paredes hablaran...
Son muchas las historias de amor que ahí se viven. Los dueños de los moteles, como cualquier negocio, tienen que innovar y presentar a sus enamorados clientes, lo nuevo.
Una de esas novedades son los juguetes sexuales que se comercializan cada vez más entre los asistentes. El catálogo de productos también se encuentra disponible en cada una de las habitaciones, justo al lado de la carta donde se explican cada uno de los servicios y alimentos que los clientes tienen a su disposición.
Aire acondicionado, calefacción, 270 canales de cable, sauna, tinas de hidromasaje, batas de baño y algo muy importante: el horario. El tiempo de la habitación de lunes a jueves es de 12 horas y de viernes a domingo de ocho. Alvaro regresa y explica porqué: “Estás de acuerdo que este negocio tiene una tarifa muy por debajo de una habitación de hotel, que muchas veces ni siquiera tiene la extensión de una de las que están aquí. Hay parejas que ni siquiera están una hora, además nunca cerramos, estamos abiertos los 365 días del año”.
La carta cuenta con una sección donde se destacan los postres… los más solicitados para el momento dulce.
A pesar de la “clandestinidad” del lugar, sobran parejas que dejan pétalos de rosas, velas y otros recuerdos de lo que quedó… de ese ritual de amor.
No puedo dormir porque no estoy en mí,
sino contigo, en tu casa y los dos desnudos
en la misma cama.
Y también tú, en estos momentos debes estar
sintiendo lo mismo,
porque no estás en ti, sino aquí, conmigo,
en esta hoguera de soledad y sábanas
donde forcejeo con el rebelde cuerpo de tu ausencia.
Elías Nandino
Las cinco letras tienen su precio
Habitación normal $ 270.00
Habitación doble con jacuzzi $790.00
Piña colada $35.00
Sincronizadas (2) $30.00
Salchipulpos $25.00
Pastillas para el aliento $7.00
Hacer el amor No tiene precio