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Del medio ambiente a la cotidianidad

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GUADALAJARA, JALISCO.- Actualmente el estallido o la moda verde tiene cada vez más fuerza, sin embargo aún me sorprende escuchar frases callejeras y de mercado como: “este producto es verde”, pero para variar un poco, al parecer el concepto de verde o ambiental, ya se lo colgamos a cualquier cosa que así nos ofrezcan, con una ineptitud cerebral se concibe el término ‘verde’ como un simple adjetivo, y no como un verbo, el concepto de respeto al medio ambiente y los productos sustentables o amigables con el mismo no existen, son sólo menos dañinos, por lo que simplemente cambian una parte de su proceso contaminante para la producción de los mismos. Hemos caído en la rutina -que es el hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas-.

Se ha perdido el gusto de reciclar por  mera creatividad, romanticismo o costumbre, ahora es una moda que a veces incluso nos estorba o es una incómoda obligación resultado de los programas que están en vigor, dónde quedó aquel gusto de guardar papelitos dorados (envolturas de estaño) para decorar el árbol de Navidad, o quizás los tubos del rollo de papel para los futuros bolos en las posadas, aún recuerdo también el uso que tenía una lata-teléfono en algunos de mis juegos infantiles de espionaje, y esa maceta preciosa elaborada con cariño para el Día de las Madres, hecha de un botecito de dudosa estética; en dónde ha quedado nuestra imaginación, convivencia y respeto.

Parece que nos olvidamos de todo y sólo somos víctimas de un consumismo imperante que permea a tal grado nuestras vidas, que lo cotidiano es desechar, cambiar: de celular, de carro, de casa, de amigos, de pareja, ya no importa que permanece, lo importante es cambiar, yo sigo en el romanticismo de la permanencia y el reciclaje, me inclino a llamar a los viejos amigos y estar en nuevos escenarios, recordar las anécdotas en los mismos lugares, y conservar el medio ambiente, con la arraigada idea de que antes quizás eran algunas cosas más ambientales sin tanto espectacular, como los camioncitos de madera, que quizás no llegaban a tener ese color chillante lleno de plomo y tan económicos a pesar de ser metálicos y de importación, pero esas cosas no importan, pues basta que un producto el día de hoy en una estantería solo diga que es “verde” incluso sin importar que este envuelto en tres capas de plástico, uno metálico y por supuesto su caja, pero en fin el punto era entes de esta pequeña reflexión que cada vez somos más rutinarios y dejamos de valorar nuestro entorno, hagamos un alto para observar y no sólo ver la nueva y verde versión de los productos, tan naturales como el refresco de cola cien por ciento de origen natural, sabor a tu fruta preferida… pensemos antes de ser los nuevos consumistas ambientales.

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