Suplementos
De encuentros adolescentes
Los viernes afuera de Plaza Galerías
La brisa de una enorme fuente ayuda a soportar el calor del Sol mientras éste se pone. Afortunadamente el aire circula. El piso de concreto poco a poco se entibia e invita a decenas de adolescentes, ahí reunidos, a tomar asiento o acostarse entre sus mochilas.
En grupos, abrazados, gritando chistes, “palabrotas” y risas, besos, secretos al oído y miradas que provocan encuentros, los “chavitos” llaman la atención de los quienes pasan por ahí.
La concurrencia afuera de Plaza Galerías parece una gran fiesta de cumpleaños pero sin globos y música. “Es lo mismo cada viernes, muchos son muy vagos y hacen destrozos en el jardín pero ya no podemos (ser tan severos con ellos), nomás vigilar que se porten bien, porque luego dicen que nosotros somos los malos” afirma uno de los guardias de seguridad del centro comercial. Este es “el viernes adolescente en Galerías”.
Es, sobre todo, una tradición. Manuel de 14 años la heredó de su hermano mayor. “Él ya puede ir al antro porque cumplió los 18 (años) (…) como a mi edad no podía hacer eso se lanzaba a Pabellón a conocer niñas, una vez lo acompañé, pero a mí me gusta más acá (Galerías)”. No hay padres de familia, reprimendas escolares y la lógica de interacción es muy similar a la de un bar sin alcohol. Huele a cigarro.
Son decenas de grupos de amigos y se pueden contar más de 200 personas. “Es un punto de reunión y cotorreo, no sé porqué los viernes se pone más chido (risas) pero pues aquí conoces gente de otros colegios, te haces un novio o más amigas, te enteras de chismes, bueno, a veces” cuenta Renata, de 15 años, quien asegura haber conocido ahí a sus ocho chambelanes de fiesta. Pasar por ahí es escuchar charlas “locales”.
Se barajan sentimientos al por mayor. Carcajadas, lágrimas desconoladas que buscan el cobijo de la amistad, besos como si el amor fuera a desaparecer de las memorias. “Es la edad” dice la señora Rosario quien pasa por ahí, al pie de una gran tienda departamental. “Nos quedamos muchos hasta las 10 de la noche” cuenta Luis, quien luego de fijar su vista en uno de los guardias, expresa: “Aquí la fiesta apenas comienza, man”.
En grupos, abrazados, gritando chistes, “palabrotas” y risas, besos, secretos al oído y miradas que provocan encuentros, los “chavitos” llaman la atención de los quienes pasan por ahí.
La concurrencia afuera de Plaza Galerías parece una gran fiesta de cumpleaños pero sin globos y música. “Es lo mismo cada viernes, muchos son muy vagos y hacen destrozos en el jardín pero ya no podemos (ser tan severos con ellos), nomás vigilar que se porten bien, porque luego dicen que nosotros somos los malos” afirma uno de los guardias de seguridad del centro comercial. Este es “el viernes adolescente en Galerías”.
Es, sobre todo, una tradición. Manuel de 14 años la heredó de su hermano mayor. “Él ya puede ir al antro porque cumplió los 18 (años) (…) como a mi edad no podía hacer eso se lanzaba a Pabellón a conocer niñas, una vez lo acompañé, pero a mí me gusta más acá (Galerías)”. No hay padres de familia, reprimendas escolares y la lógica de interacción es muy similar a la de un bar sin alcohol. Huele a cigarro.
Son decenas de grupos de amigos y se pueden contar más de 200 personas. “Es un punto de reunión y cotorreo, no sé porqué los viernes se pone más chido (risas) pero pues aquí conoces gente de otros colegios, te haces un novio o más amigas, te enteras de chismes, bueno, a veces” cuenta Renata, de 15 años, quien asegura haber conocido ahí a sus ocho chambelanes de fiesta. Pasar por ahí es escuchar charlas “locales”.
Se barajan sentimientos al por mayor. Carcajadas, lágrimas desconoladas que buscan el cobijo de la amistad, besos como si el amor fuera a desaparecer de las memorias. “Es la edad” dice la señora Rosario quien pasa por ahí, al pie de una gran tienda departamental. “Nos quedamos muchos hasta las 10 de la noche” cuenta Luis, quien luego de fijar su vista en uno de los guardias, expresa: “Aquí la fiesta apenas comienza, man”.