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Cuento corto
Esta tarde se respira un aire de melancolía
Esta tarde se respira un aire de melancolía. El cielo nublado oprime mi corazón. Las nubes que se multiplican por doquier evocan tu amado rostro; aquí tus ojos, mas allá tu boca, tu frente con el pequeño pliegue que se te forma al sonreír o cuando me cuestionas. Un dejo nostálgico me envuelve por completo. La tarde está nublada pero no llueve, es como si un cierto pudor la hiciera contenerse. Un sol tímido se aprecia a contra luz, como ese dolor que se reprime en mi pecho, como esa lluvia que no termina por caer.
Sé que tan solo la mención de tu nombre rompería mis diques, pero no quiero llorar, no sabría cómo detenerme. En el ambiente sigue aflorando tu recuerdo; la banca testigo y cómplice de nuestros coloquios me trae sin reparos tu aliento y el perfume de tus manos, envuelto en la atmósfera estival del jardín, es como si de un conjuro se tratara...
Un grupo de ingenuas y despreocupadas mariposas vuela a mi alrededor. El sol que termina por triunfar sobre las nubes en forma rotunda, se deja ver esplendoroso, pero yo siento frío.
Un cuento quisiera yo escribir para librarme de esta tarde que me aflige, quiero borrar de mi ser este aspecto de alma en pena que me oprime. ¿De qué trataría mi cuento? Me cuestiono. Pregunta absurda, inútil esperar otra respuesta. Tú serías el tema de este y todos mis cuentos, desde que te conocí no ha sido de otra manera.
Pero esta tarde la pluma permanece ociosa, el fatídico papel se mantiene en blanco... No llegan las letras, las palabras se escabullen como mariposas ante una tarde llena de nubosidad, mis ojos se nublan como ese cielo ambivalente que de pronto se nubla o irradia de sol y es que no quiero llorar, pienso que no podría, mis ojos hace tiempo que se vaciaron llorando por ti, para ti.
De nuevo las nubes cubren al sol, pareciera que ahora sí va a llover, sería entonces una lluvia cómplice que llora por mí, por lo nuestro, por lo que fuimos. Que soy una necia me dicen en mi casa, y mis amistades, ¿qué saben ellos de querer como yo te quiero o cómo tú me quisiste? ¿O es que se trató tan sólo de un espejismo? ¡No...! Un ronco grito sale de mi garganta diciendo que sí me quisiste... Sólo la tarde parece entenderme, solidaría se mantiene nublada sin llegar a llover como guardando un último resabio de dignidad, la misma que no supe tener en el momento de escuchar tu adiós.
La tarde en que te fuiste estaba lloviendo, pero tú ni siquiera te devolviste por el paraguas, el mismo que yo te tendía, ese que me dio un pretexto para correr tras de ti. Tú no lo tomaste, no te importó mojarte. Yo empapada frente a ti, con la mirada te imploraba que no te fueras, mis lágrimas se confundían con la lluvia, ahora me pregunto si no te diste cuenta de ello, ¿pensarías por desventura que me era indiferente tu partida? Creíste acaso que mis lágrimas eran gotas de lluvia, ¿sólo eso...? La nube que recrea tu sonriente boca, sigue sin modificarse (me pegunto si no es que se está burlando de mí).
Hubo un tiempo en que tus labios no sabían vivir sin los míos, no sé cómo llegaron a serte indiferentes. Me pregunto en qué boca extraes ahora la miel que te da la vida.
La tarde se prolonga hasta dolerme, por momentos pareciera un cromo en el que todo permanece inmutable, estático, ni un soplo de viento mueve mis cabellos, en los que tus manos se enredaban con placer. Me pregunto qué tendría yo que hacer con mi tiempo tan vacío de ti...
Tengo el estómago lleno de mariposas pero no son como las del enamoramiento, estas duelen; me oprimen el alma hasta decir basta.
La rebelde hojarasca que arrastra el viento debiera llevarse también tu recuerdo, porque eso eres tú ahora para mí, solo recuerdos, evocaciones, recuerdos, evocaciones...
El horizonte se tiñe de rojo imitando mi corazón que está en carne viva por ti, de ti, solo por ti.
El sol se deja sentir a plenitud es como si se despidiera antes del crepúsculo. Toca mi piel, apenas puedo soportarlo, creo que voy a enloquecer, desfallezco, ¡es como si fueran tus manos! Desvarío eso debe ser, tú ya no estás aquí, ya no estás aquí...
Tengo que repetirlo una y otra vez para creérmelo al fin. Tu ausencia es difícil de asimilar, si tan solo fuera como este sol que hoy se despide para regresar una y otra vez mañana y el día después de mañana.
Por instinto me repliego en mí misma, te busco en mi interior, estás allí, eso es innegable, como el mejor accidente de mi vida.
Un pétalo se desprende de una flor, señal de que el tiempo pasa, la tarde avanza, languidece... en su inexorable fin, cada día muere y yo junto con ella.
Mi mente enfebrecida está poblada de fantasmagorías en las que se recrea tu imagen nítida por momentos hasta después perderse del todo, como el sol que allá en el horizonte se va ocultando hasta dejarse de ver por completo.
Destacado: Un grupo de ingenuas y despreocupadas mariposas vuela a mi alrededor. El sol que termina por triunfar sobre las nubes en forma rotunda, se deja ver esplendoroso, pero yo siento frío.
por: sylvia o. gonzález
Sé que tan solo la mención de tu nombre rompería mis diques, pero no quiero llorar, no sabría cómo detenerme. En el ambiente sigue aflorando tu recuerdo; la banca testigo y cómplice de nuestros coloquios me trae sin reparos tu aliento y el perfume de tus manos, envuelto en la atmósfera estival del jardín, es como si de un conjuro se tratara...
Un grupo de ingenuas y despreocupadas mariposas vuela a mi alrededor. El sol que termina por triunfar sobre las nubes en forma rotunda, se deja ver esplendoroso, pero yo siento frío.
Un cuento quisiera yo escribir para librarme de esta tarde que me aflige, quiero borrar de mi ser este aspecto de alma en pena que me oprime. ¿De qué trataría mi cuento? Me cuestiono. Pregunta absurda, inútil esperar otra respuesta. Tú serías el tema de este y todos mis cuentos, desde que te conocí no ha sido de otra manera.
Pero esta tarde la pluma permanece ociosa, el fatídico papel se mantiene en blanco... No llegan las letras, las palabras se escabullen como mariposas ante una tarde llena de nubosidad, mis ojos se nublan como ese cielo ambivalente que de pronto se nubla o irradia de sol y es que no quiero llorar, pienso que no podría, mis ojos hace tiempo que se vaciaron llorando por ti, para ti.
De nuevo las nubes cubren al sol, pareciera que ahora sí va a llover, sería entonces una lluvia cómplice que llora por mí, por lo nuestro, por lo que fuimos. Que soy una necia me dicen en mi casa, y mis amistades, ¿qué saben ellos de querer como yo te quiero o cómo tú me quisiste? ¿O es que se trató tan sólo de un espejismo? ¡No...! Un ronco grito sale de mi garganta diciendo que sí me quisiste... Sólo la tarde parece entenderme, solidaría se mantiene nublada sin llegar a llover como guardando un último resabio de dignidad, la misma que no supe tener en el momento de escuchar tu adiós.
La tarde en que te fuiste estaba lloviendo, pero tú ni siquiera te devolviste por el paraguas, el mismo que yo te tendía, ese que me dio un pretexto para correr tras de ti. Tú no lo tomaste, no te importó mojarte. Yo empapada frente a ti, con la mirada te imploraba que no te fueras, mis lágrimas se confundían con la lluvia, ahora me pregunto si no te diste cuenta de ello, ¿pensarías por desventura que me era indiferente tu partida? Creíste acaso que mis lágrimas eran gotas de lluvia, ¿sólo eso...? La nube que recrea tu sonriente boca, sigue sin modificarse (me pegunto si no es que se está burlando de mí).
Hubo un tiempo en que tus labios no sabían vivir sin los míos, no sé cómo llegaron a serte indiferentes. Me pregunto en qué boca extraes ahora la miel que te da la vida.
La tarde se prolonga hasta dolerme, por momentos pareciera un cromo en el que todo permanece inmutable, estático, ni un soplo de viento mueve mis cabellos, en los que tus manos se enredaban con placer. Me pregunto qué tendría yo que hacer con mi tiempo tan vacío de ti...
Tengo el estómago lleno de mariposas pero no son como las del enamoramiento, estas duelen; me oprimen el alma hasta decir basta.
La rebelde hojarasca que arrastra el viento debiera llevarse también tu recuerdo, porque eso eres tú ahora para mí, solo recuerdos, evocaciones, recuerdos, evocaciones...
El horizonte se tiñe de rojo imitando mi corazón que está en carne viva por ti, de ti, solo por ti.
El sol se deja sentir a plenitud es como si se despidiera antes del crepúsculo. Toca mi piel, apenas puedo soportarlo, creo que voy a enloquecer, desfallezco, ¡es como si fueran tus manos! Desvarío eso debe ser, tú ya no estás aquí, ya no estás aquí...
Tengo que repetirlo una y otra vez para creérmelo al fin. Tu ausencia es difícil de asimilar, si tan solo fuera como este sol que hoy se despide para regresar una y otra vez mañana y el día después de mañana.
Por instinto me repliego en mí misma, te busco en mi interior, estás allí, eso es innegable, como el mejor accidente de mi vida.
Un pétalo se desprende de una flor, señal de que el tiempo pasa, la tarde avanza, languidece... en su inexorable fin, cada día muere y yo junto con ella.
Mi mente enfebrecida está poblada de fantasmagorías en las que se recrea tu imagen nítida por momentos hasta después perderse del todo, como el sol que allá en el horizonte se va ocultando hasta dejarse de ver por completo.
Destacado: Un grupo de ingenuas y despreocupadas mariposas vuela a mi alrededor. El sol que termina por triunfar sobre las nubes en forma rotunda, se deja ver esplendoroso, pero yo siento frío.
por: sylvia o. gonzález