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Ciberoasis en las calles de la ciudad

Para concertarse a internet ya no es necesario estar rodeado de cuatro paredes, algunas zonas de la ciudad se han convertido en cibercafés al aire libre

GUADALAJARA, JALISCO (08/ABR/2012).- El trasero de los usuarios del programa GDL Libre en el Palacio Municipal de Guadalajara es distinto. Tal vez, más fuerte. Más resistente. Más eficaz. Un internauta necesita de al menos una hora para solventar sus necesidades virtuales. Rodolfo ya lleva tres. Sentado en el extremo derecho de una de las pesadas bancas de madera que flanquean el edificio, con la vieja computadora calentándole el pantalón de mezclilla, observa un video de un atlético nadador que tras acercarse al término de una honda alberca, se enrosca sobre sí mismo para impulsarse con los pies y luego agitarse como anguila y seguir braceando.

Rodolfo se siente seguro al ver la presencia de varios policías. Jamás acudiría al Parque Morelos o a la “Colombia del Fresno”. En primer lugar, “por ser inseguros” y en segundo, “porque no hay conexiones (eléctricas) y la computadora no aguanta”. No se equivoca. A un costado de él, Francisco Pérez, uno de los policías que cuidan el edificio, cuenta que hace como mes y medio, por la calle Independencia, un sujeto intentó robar una computadora. Se la arrebató al usuario y corrió dos cuadras hasta que lo capturaron.

Impulsado por el Ayuntamiento tapatío, el programa GDL Libre prevé hacer de Guadalajara una ciudad del conocimiento, con acceso gratuito a internet en los espacios públicos recuperados para la convivencia ciudadana y, de esta manera, reducir la brecha digital entre los ciudadanos. Durante 2011, GDL Libre superó los tres millones de usuarios. El punto con mayores conexiones fue Avenida Chapultepec, donde se registraron hasta 10 mil usuarios diarios, seguido del Centro Histórico tapatío, con cerca de cuatro mil cada día.

El Parque Morelos es uno de esos lugares “recuperados”. A las 10 de la mañana, Ángel, enfermero, ni de chiste sacaría su computadora. Rodeado de jacarandas y trinos, descansando sobre una banca verde, mira con precaución a la gente que le pasa por un lado. No sabe que el internet del lugar está “en mantenimiento”. A unos metros de él pasa una mujer voluptuosa que masca chicle con la boca abierta. Un hombre que hunde la cara en un periódico la mira de reojo, se retira la publicación y le pregunta que cuánto.

 “Aquí hay mucho malviviente, yo creo que la gente tiene miedo”, dice María de Jesús Lara, trabajadora de la Secretaría de Medio Ambiente y Ecología del Ayuntamiento tapatío, y que labora en darle mantenimiento al parque. Mientras enrolla una manguera, María de Jesús dice que hace mucho que no ve a una persona con una computadora en el sitio. “A veces paso por Chapultepec, ahí sí se ve mucha gente”.

Dobladas, rayoneadas, grasientas: “El amor: Besar con la mirada”. “Chino was here”, está escrito sobre ellas, las mesas que conforman la isla del GDL Libre en las afueras de la Prepa 1 están llenas de suciedad. Los estudiantes dejan sobre ella cáscaras de pistache, basura, comida. Al sacudir la ceniza del cigarro en una de las cuatro mesas y ser reconvenida por una compañera, una estudiante de tercer semestre le dice: “¡Qué, si no quieren que tire la ceniza que pongan ceniceros!”. De las ocho sillas existentes, una fue desmontada de su sitio y ahora los estudiantes le han pintado la cara de Bob Esponja al espaldar y la traen de un lado para otro. Otras dos están completamente dobladas después de que alguien “se columpió” sobre ellas. A algunas intentaron agregarles algunos soportes de metal pero no sirvió de nada. Rara vez los estudiantes usan el internet, y cuando lo usan, “no sirve”, dice Adán, estudiante de quinto semestre.

Durante el 30 de marzo, al igual que en el Parque Morelos, en Plaza Universidad, en el Parque Aranzazú, en las Nueve Esquinas, en Plaza de Armas, en el Callejón del Diablo y en las afueras del Instituto Cultural Cabañas, no hay conexión. El servicio de internet en las Nueve Esquinas, el Jardín Aranzazú y Plaza de Armas, está “en mantenimiento”, según el sitio de internet de GDL Libre. Aunque el portal dice que las demás están funcionando, la conexión no logra establecerse.

Para constatar que en Plaza Universidad hay internet, Óscar decide sacar su pequeña computadora y conectarse. Se posa debajo de una de las sombrillas. Se sienta. Cruza la pierna. Despliega la pantalla del aparato. Revisa la batería restante y comprueba que queda energía para 20 minutos. Se acerca una señora y le pregunta si no está ocupado el lugar en el que ha dejado su mochila. La retira. La señora se sienta a su lado y con discreción husmea el papel tapiz en la pantalla.

El ordenador le avisa que le quedan 10 minutos de energía. En la pantalla aparece un recuadro del tamaño de una tarjeta de crédito que reza: “Windows no puede conectarse a Gdl Libre”. Óscar lo vuelve a intentar. Mismo resultado. “Solucionar problemas”, sugiere la pantalla. No se resuelve ningún problema. Óscar se desespera. Lo distrae un hombre tatuado mientras le extiende un papel, le pide ayuda para un centro de rehabilitación. Óscar toma el papel mientras observa de cerca al hombre que le regala una sonrisa color amarillo sucio: “Con lo que gustes cooperar, carnal”. “No traigo”. “Pero si hasta laptop tienes, ¡chale!”. “Windows no puede conectarse a Gdl Libre”. Óscar, enojado, repliega la pantalla y se va. Se va rumbo al Palacio Municipal de Guadalajara en donde los policías, macanas en rehilete, pistolas asomándoles de las combas caderas, le ofrecerán seguridad.

Wifi
Al aire libre

En los 125 espacios públicos con internet inalámbrico hubo tres millones 307 mil 624 conexiones a la red gratuita y se visitaron 105 millones 784 mil 683 páginas web en 2011, apuntó el Ayuntamiento de Guadalajara a principios de este año.

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