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Casa de citas
por: eduardo castañeda h.
El secreto de la fama
“También la fama es de origen prehistórico. Se vuelve texto en los mitos y leyendas de autor desconocido sobre personajes conocidos. Después, los escritores mismos llegan a ser personajes legendarios, en el largo proceso que va de la creación anónima al protagonismo del autor, de la oralidad a la escritura, del microtexto a las obras completas.
La fama concentra la atención social en unos cuantos nombres. Es algo bueno, si nos lleva a leer grandes libros, a sumergirnos en grandes obras de arte. Malo, si se reduce a recitar los nombres, sin la experiencia viva de las obras, que va definiendo el gusto personal frente a los juicios de la fama.
Las grandes obras (famosas o no) son un milagro, una zona de la realidad donde la vida sube de nivel y nos habla. La conciencia absorta se pierde y se recupera con un foco más claro. La realidad adquiere más sentido, y nosotros también. Las grandes obras nos animan, nos vuelven más inteligentes y más libres, más imaginativos, más creadores. Es natural hablar de esa experiencia extraordinaria, compartirla, traerla y extenderla a la vida ordinaria. La conversación sobre las grandes obras puede ser, en sí misma, un milagro creador. O mera resonancia de los nombres que suenan.
El ruido de la fama tiene también su más allá, que baja hasta la vida ordinaria repartiendo autógrafos, como un sacramento. El escultor se vuelve escultura: un objeto de admiración e idolatría sobre el pedestal que lo separa del trato normal con los demás. Rodin fue solitario antes de volverse famoso, y se volvió más solitario cuando llegó a serlo, porque la fama es una acumulación de malos entendidos sobre los nombres que van apareciendo —dijo Rilke.
Ahora hay expertos en provocar malos entendidos. Venden el secreto de crear una personalidad que suba al pedestal de la fama, atrayendo los reflectores. Pero no hay expertos en la creación de obras maestras. Quienes, movidos por la inspiración, el azar, el oficio, tienen la buena suerte de atrapar un milagro, no deberían quejarse demasiado de ser famosos o no serlo. Después de todo, les tocó mejor.”
Gabriel Zaid. El secreto de la fama. Lumen. México. 2009. 155págs.
El autor es uno de los intelectuales más sólidos y coherentes del país. Sus ideas sobre asuntos culturales, económicos y sociales alimentan en primera instancia las discusiones sobre esos temas. Nació en 1934 en Monterrey. Es autor de libros como: La poesía en la práctica, Cómo leer en bicicleta, El progreso improductivo, entre otros. Escribe en la revista Letras Libres.
Diarios de Sándor Márai
“20 de febrero, las siete de la tarde. Antes, a estas horas, cuando llegaba de mi paseo vespertino de media hora, ella estaba estirando las sábanas con las manos, agarrándolas, retorciéndolas, alisándolas luego. Ya no veía, no oía, tenía cáncer de garganta, no podía hablar, el manoseo de las sábanas fue la última posibilidad de hacer algo. «Hay que arreglarlo», decía de vez en cuando. ¿A qué se refería? ¿ La vida? ¿La muerte? Y entretanto repetía: «Qué lento muero.»
Ocurre en mi interior un movimiento absurdo: furia, incapacidad de perdonar. Es imposible perdonar. Es imposible perdonar (¿a quién?) cuando un ser querido muere.
¿La quería? No lo sé. ¿Puede uno querer a sus piernas, a sus pensamientos? Simplemente nada tiene sentido sin piernas o sin pensamientos. Sin ella nada tiene sentido. No sé si la quería. Era algo diferente. Tampoco quiero a mis riñones o a mi páncreas. Simplemente forman parte de mí, como ella formaba parte de mí.
No quiero morir, todavía no. Pero he dejado el revólver en el cajón de la mesita de noche para tenerlo a mano si llega el momento en que desee morir. Aunque cabe la posibilidad que al final ocurra de otra manera. Todo es siempre de otra manera.”
Sándor Márai. Diarios 1984-1989. Salamandra. España. 2008. 219 págs.
Este escritor húngaro es una joya de la literatura centroeuropea, que apenas hace algunos años volvió a leerse con entusiasmo. Se exilió de la Hungría comunista en 1948 y se refugió en California, donde escribió la mayor parte de sus diarios. El último encuentro, La mujer justa, Confesiones de un burgués, son algunas de sus novelas.
Escucha Casa de Citas, los libros en estéreo. Máxima FM 89.1. Martes 20 horas.
eduardocastanedah@gmail.com
“También la fama es de origen prehistórico. Se vuelve texto en los mitos y leyendas de autor desconocido sobre personajes conocidos. Después, los escritores mismos llegan a ser personajes legendarios, en el largo proceso que va de la creación anónima al protagonismo del autor, de la oralidad a la escritura, del microtexto a las obras completas.
La fama concentra la atención social en unos cuantos nombres. Es algo bueno, si nos lleva a leer grandes libros, a sumergirnos en grandes obras de arte. Malo, si se reduce a recitar los nombres, sin la experiencia viva de las obras, que va definiendo el gusto personal frente a los juicios de la fama.
Las grandes obras (famosas o no) son un milagro, una zona de la realidad donde la vida sube de nivel y nos habla. La conciencia absorta se pierde y se recupera con un foco más claro. La realidad adquiere más sentido, y nosotros también. Las grandes obras nos animan, nos vuelven más inteligentes y más libres, más imaginativos, más creadores. Es natural hablar de esa experiencia extraordinaria, compartirla, traerla y extenderla a la vida ordinaria. La conversación sobre las grandes obras puede ser, en sí misma, un milagro creador. O mera resonancia de los nombres que suenan.
El ruido de la fama tiene también su más allá, que baja hasta la vida ordinaria repartiendo autógrafos, como un sacramento. El escultor se vuelve escultura: un objeto de admiración e idolatría sobre el pedestal que lo separa del trato normal con los demás. Rodin fue solitario antes de volverse famoso, y se volvió más solitario cuando llegó a serlo, porque la fama es una acumulación de malos entendidos sobre los nombres que van apareciendo —dijo Rilke.
Ahora hay expertos en provocar malos entendidos. Venden el secreto de crear una personalidad que suba al pedestal de la fama, atrayendo los reflectores. Pero no hay expertos en la creación de obras maestras. Quienes, movidos por la inspiración, el azar, el oficio, tienen la buena suerte de atrapar un milagro, no deberían quejarse demasiado de ser famosos o no serlo. Después de todo, les tocó mejor.”
Gabriel Zaid. El secreto de la fama. Lumen. México. 2009. 155págs.
El autor es uno de los intelectuales más sólidos y coherentes del país. Sus ideas sobre asuntos culturales, económicos y sociales alimentan en primera instancia las discusiones sobre esos temas. Nació en 1934 en Monterrey. Es autor de libros como: La poesía en la práctica, Cómo leer en bicicleta, El progreso improductivo, entre otros. Escribe en la revista Letras Libres.
Diarios de Sándor Márai
“20 de febrero, las siete de la tarde. Antes, a estas horas, cuando llegaba de mi paseo vespertino de media hora, ella estaba estirando las sábanas con las manos, agarrándolas, retorciéndolas, alisándolas luego. Ya no veía, no oía, tenía cáncer de garganta, no podía hablar, el manoseo de las sábanas fue la última posibilidad de hacer algo. «Hay que arreglarlo», decía de vez en cuando. ¿A qué se refería? ¿ La vida? ¿La muerte? Y entretanto repetía: «Qué lento muero.»
Ocurre en mi interior un movimiento absurdo: furia, incapacidad de perdonar. Es imposible perdonar. Es imposible perdonar (¿a quién?) cuando un ser querido muere.
¿La quería? No lo sé. ¿Puede uno querer a sus piernas, a sus pensamientos? Simplemente nada tiene sentido sin piernas o sin pensamientos. Sin ella nada tiene sentido. No sé si la quería. Era algo diferente. Tampoco quiero a mis riñones o a mi páncreas. Simplemente forman parte de mí, como ella formaba parte de mí.
No quiero morir, todavía no. Pero he dejado el revólver en el cajón de la mesita de noche para tenerlo a mano si llega el momento en que desee morir. Aunque cabe la posibilidad que al final ocurra de otra manera. Todo es siempre de otra manera.”
Sándor Márai. Diarios 1984-1989. Salamandra. España. 2008. 219 págs.
Este escritor húngaro es una joya de la literatura centroeuropea, que apenas hace algunos años volvió a leerse con entusiasmo. Se exilió de la Hungría comunista en 1948 y se refugió en California, donde escribió la mayor parte de sus diarios. El último encuentro, La mujer justa, Confesiones de un burgués, son algunas de sus novelas.
Escucha Casa de Citas, los libros en estéreo. Máxima FM 89.1. Martes 20 horas.
eduardocastanedah@gmail.com