Suplementos
Casa Ochoa
Un siglo de recuerdos
La casa Ochoa presume tras sus muros rosas, un siglo de antigüedad, su arquitectura colonial de característica altura y paralelos ventanales, cuenta historias rincón a rincón.
Sobre la avenida Ramón Corona de Chapala, entre la calle 5 de Mayo y la avenida González Gallo, se encuentra la primera casona construida a la orilla del lago de Chapala.
Se trata de una casa con 114 años de antigüedad, construida en la época porfiriana, por el ingeniero Carlos Ochoa Arroniz, el inmueble hoy en día sigue siendo propiedad de la familia y está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
La historia de esta casa comienza con la llegada del señor Carlos a Chapala, originario de Ameca Jalisco y dedicado a la ingeniería, trabajaba en los ferrocarriles de Jalisco, este trabajo lo trajo igual que a otros ferrocarrileros a Chapala, lugar del que se enamoró y donde adquirió la propiedad en la que comenzó la construcción de la hermosa finca, que fue casa de campo para la familia durante años, en el glorioso siglo XVIII, época en la que sólo una angosta playa separaba las aguas del lago de las puertas de la propiedad.
En esa época el acceso a la casa se hacía ciertas temporadas en lancha o a caballo, aunque también se podía llegar en carruaje por la calle 5 de febrero, en donde se abrió un acceso para guardar los medios de transporte terrestres, lo anterior puede dar una idea de las dimensiones de la casona, pues la estancia de los carruajes se unía con una gran huerta que era autosuficiente y que se contemplaba desde el amplio comedor, a los lados de éste y la sala, estaban ubicadas 4 recámaras bellamente decoradas, incluso hoy en día se pueden apreciar los detalles de la pintura decorativa que fue aplicada en aquellos tiempos y que sigue enmarcando algunos rincones.
La sala se encuentra aún conectada al comedor y tiene salida a la terraza principal que entonces gozaba de una privilegiada vista al lago, incluso en esta terraza se conserva intacta la loza en la que está grabada la fecha de 1885, año en el que se terminó de construir la finca, mientras que en la parte alta se ubicaba un cuarto más que se utilizaba como estudio en donde el ingeniero se dedicaba a realizar sus proyectos.
Por ese año, 1885, corría la época dorada del Lago Chapálico, eran los años en los que Don Porfirio Díaz llegaba al Hotel Arzápalo junto con su guardia conformada por la elite de la marina, a pasar la Semana Santa. Fue durante una de sus estancias en las que se conocieron el señor Carlos Ochoa y Don Porfirio Díaz y de la que nació una gran a mistad, que lo llevó a visitar la casona en ocasiones posteriores.
Al morir el señor Carlos la propiedad fue heredada a su hijo Leopoldo Ochoa y Ochoa quien la heredó a sus hijas Bertha Leticia y Ana María Ochoa Aguilar y actualmente es propiedad de un bisnieto del ingeniero, el arquitecto Jaime Troop Ochoa, quien junto con su familia se han dado a la tarea de rescatar poco a poco cada una de sus áreas y quienes la han vuelto a habitar como casa de campo.
Aunque su distribución inicial ha cambiado un poco, la casa guarda espléndidos muebles de época, hermosos candelabros y un sin fin de documentos pertenecientes al Bisabuelo (Carlos Ochoa) y fotos del Chapala antiguo, algunas de la familia y amigos entre ellos Don Porfirio Díaz, veraneando a la orilla del lago. En el huerto sigue de pie un viejo pozo de agua que le da carácter a lo que hoy es el patio trasero, y un enorme laurel de la India sigue cubriendo con sus ramas casi la mitad de éste.
Desde principios de este mes cualquiera que tenga interés puede ser partícipe de esta historia, pues se acaba de inaugurar un café - restaurante – bar, en el espacio que ocupaban dos de las recámaras laterales, llamado Don Porfirio, para festejar el centenario del inicio del desarrollo de Chapala como destino turístico, en él se pueden apreciar parte de estas fotografías antiguas, documentos pertenecientes a don Carlos Ochoa, sí como antigüedades que sin duda transportan a aquellos tiempos. El lugar ofrece desayunos, comidas y cenas a la carta, $ 80.00 promedio por persona, así como una amplia gama de bebidas y de exquisito café en un inmejorable lugar.
Sobre la avenida Ramón Corona de Chapala, entre la calle 5 de Mayo y la avenida González Gallo, se encuentra la primera casona construida a la orilla del lago de Chapala.
Se trata de una casa con 114 años de antigüedad, construida en la época porfiriana, por el ingeniero Carlos Ochoa Arroniz, el inmueble hoy en día sigue siendo propiedad de la familia y está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
La historia de esta casa comienza con la llegada del señor Carlos a Chapala, originario de Ameca Jalisco y dedicado a la ingeniería, trabajaba en los ferrocarriles de Jalisco, este trabajo lo trajo igual que a otros ferrocarrileros a Chapala, lugar del que se enamoró y donde adquirió la propiedad en la que comenzó la construcción de la hermosa finca, que fue casa de campo para la familia durante años, en el glorioso siglo XVIII, época en la que sólo una angosta playa separaba las aguas del lago de las puertas de la propiedad.
En esa época el acceso a la casa se hacía ciertas temporadas en lancha o a caballo, aunque también se podía llegar en carruaje por la calle 5 de febrero, en donde se abrió un acceso para guardar los medios de transporte terrestres, lo anterior puede dar una idea de las dimensiones de la casona, pues la estancia de los carruajes se unía con una gran huerta que era autosuficiente y que se contemplaba desde el amplio comedor, a los lados de éste y la sala, estaban ubicadas 4 recámaras bellamente decoradas, incluso hoy en día se pueden apreciar los detalles de la pintura decorativa que fue aplicada en aquellos tiempos y que sigue enmarcando algunos rincones.
La sala se encuentra aún conectada al comedor y tiene salida a la terraza principal que entonces gozaba de una privilegiada vista al lago, incluso en esta terraza se conserva intacta la loza en la que está grabada la fecha de 1885, año en el que se terminó de construir la finca, mientras que en la parte alta se ubicaba un cuarto más que se utilizaba como estudio en donde el ingeniero se dedicaba a realizar sus proyectos.
Por ese año, 1885, corría la época dorada del Lago Chapálico, eran los años en los que Don Porfirio Díaz llegaba al Hotel Arzápalo junto con su guardia conformada por la elite de la marina, a pasar la Semana Santa. Fue durante una de sus estancias en las que se conocieron el señor Carlos Ochoa y Don Porfirio Díaz y de la que nació una gran a mistad, que lo llevó a visitar la casona en ocasiones posteriores.
Al morir el señor Carlos la propiedad fue heredada a su hijo Leopoldo Ochoa y Ochoa quien la heredó a sus hijas Bertha Leticia y Ana María Ochoa Aguilar y actualmente es propiedad de un bisnieto del ingeniero, el arquitecto Jaime Troop Ochoa, quien junto con su familia se han dado a la tarea de rescatar poco a poco cada una de sus áreas y quienes la han vuelto a habitar como casa de campo.
Aunque su distribución inicial ha cambiado un poco, la casa guarda espléndidos muebles de época, hermosos candelabros y un sin fin de documentos pertenecientes al Bisabuelo (Carlos Ochoa) y fotos del Chapala antiguo, algunas de la familia y amigos entre ellos Don Porfirio Díaz, veraneando a la orilla del lago. En el huerto sigue de pie un viejo pozo de agua que le da carácter a lo que hoy es el patio trasero, y un enorme laurel de la India sigue cubriendo con sus ramas casi la mitad de éste.
Desde principios de este mes cualquiera que tenga interés puede ser partícipe de esta historia, pues se acaba de inaugurar un café - restaurante – bar, en el espacio que ocupaban dos de las recámaras laterales, llamado Don Porfirio, para festejar el centenario del inicio del desarrollo de Chapala como destino turístico, en él se pueden apreciar parte de estas fotografías antiguas, documentos pertenecientes a don Carlos Ochoa, sí como antigüedades que sin duda transportan a aquellos tiempos. El lugar ofrece desayunos, comidas y cenas a la carta, $ 80.00 promedio por persona, así como una amplia gama de bebidas y de exquisito café en un inmejorable lugar.