Suplementos
Callejón Angosto
Con bellas fachadas de insólitas casas luce esta callejuela en la que el auto no tiene cabida
GUADALAJARA, JALISCO (06/OCT/2013).- Jerez atesora bellos callejones, entre ellos el “Callejón Angosto”, nombre dado por tener un claro menor en comparación a los otros callejones. El callejón es la vía pública más humana que existe, tan humana que las grandes metrópolis y medianas poblaciones se esfuerzan por cerrar calles para convertirlas es plazuelas o andadores, cerrando el paso al automóvil, transformando los espacios vehiculares en peatonales, transformación que embellece las fachadas y alegra el ánimo de los transeúntes. Las fantásticas trazas coloniales, que incluyeron callejones, como un andador exclusivo para los moradores, que por sus dimensiones excluía a las carretas o carruajes, proporcionado seguridad y tranquilidad a los parroquianos, que hoy por hoy siguen gozando de sus atributos, y sí se asoman bonitas fachas, el espacio se vuelve encantador. Pasos estrechos pero románticos, donde el rey coche no es invitado, ni por equivocación. Al salir de la insólita morada del poeta Velarde, no dudamos en sentarnos en una de sus bancas que posan en la banqueta y, mirar las atractivas fincas vecinas, una de enfrente cobijó a su amada Fuensanta. El bardo, a pesar de su corta existencia, tuvo el placer de imprimir: “Sangre Devota” y “Zozobra”, ambas de delicioso refinamiento. Su colega, Enrique Fernández Ledesma, tuvo el detalle de recopilar escritos inéditos para publicar una obra póstuma que llamó “Minutero”.
De la banca dimos unos pasos rumbo norte, para encontrarnos con el hechizante Callejón Angosto, que nos fue enseñando atractivas fachadas, unas con ventanas arqueadas y pocas con cuatro hojas, las inferiores más altas y la mayoría de las superiores estaban abiertas, dejando pasar los frescos vientos y las tibias luces. Vimos unas fachadas ciegas, pero con guardapolvo de piedra (franca o aparente), gárgolas y sobrias cornisas. Algunas puertas con uno o dos peldaños exteriores. La mayoría de las ventanas verticales y con forja. Algunas fincas con dos pisos y bizarros balcones. Cada cierto tramo y al centro del Callejón, un farol con cierto diseño de antaño que ilumina suavemente el espacio al oscurecer. El piso de gruesas piedras y anchas juntas, aportando rusticidad. El callejón comprende varias cuadras, unas seis, las cuales recorrimos plácidamente; al final, el Jardín Juárez nos invitó a caminarlo, el pasto delimitado por setos y andadores; nos abrazaron espesas sombras de gruesos pinos, donde convergen los andadores miramos un pedestal con el busto del gran reformador.
Del Jardín fuimos cautivados por una hermosa capilla, su puerta de arco trilobulado, rematada en triángulo y con el año de 1889 en relieve, flanqueada por columnas estriadas y rematadas por medias almenas trilobuladas, arriba un bonito rosetón con elaborados anillos engarzados. Cinco exquisitas y altas almenas octagonales rematan la portada. La central con una peculiar veleta en forma de pájaro. La admirable puerta con un cáliz, una hostia con cruz, enmarcado por laureles; abajo, unas hojas y flores de lis entre arcos agudos. La fachada norte nos mostró cinco ventanas verticales y cuatro gárgolas, estábamos apreciando la Capilla del Diezmo.
Luis Miguel Berumen nos cuenta: “El culto a la Virgen de Guadalupe se había extendido en la región gracias a la bonhomía de don Antonio Sánchez Castellanos y doña María Guadalupe Bonilla, quienes costearon completamente una capilla en el barrio nuevo. Ésta fue conocida como Capilla del Diezmo (por construirse donde anteriormente estaban los almacenes en que se reunía el diezmo o tributo para la iglesia) y fue bendecida por fray Guadalupe de Jesús Alba y Franco en 1889. El rico benefactor, don Antonio, no pudo ver la capilla terminada, pues murió en 1886, pero su no menos rica viuda continuó con su obra de beneficencia y anexó a la capilla un hospital atendido originalmente por las Religiosas Mínimas y con el auxilio gratuito del doctor Jesús Villalobos Escobedo. El hospital era conocido como San Juan de Dios… Luego de que las tropas revolucionarias arrasaran Jerez, la capilla estuvo abandonada por muchos años… El Hospital fue destruido y convertido en cuartel del 13 Regimiento”.
De la banca dimos unos pasos rumbo norte, para encontrarnos con el hechizante Callejón Angosto, que nos fue enseñando atractivas fachadas, unas con ventanas arqueadas y pocas con cuatro hojas, las inferiores más altas y la mayoría de las superiores estaban abiertas, dejando pasar los frescos vientos y las tibias luces. Vimos unas fachadas ciegas, pero con guardapolvo de piedra (franca o aparente), gárgolas y sobrias cornisas. Algunas puertas con uno o dos peldaños exteriores. La mayoría de las ventanas verticales y con forja. Algunas fincas con dos pisos y bizarros balcones. Cada cierto tramo y al centro del Callejón, un farol con cierto diseño de antaño que ilumina suavemente el espacio al oscurecer. El piso de gruesas piedras y anchas juntas, aportando rusticidad. El callejón comprende varias cuadras, unas seis, las cuales recorrimos plácidamente; al final, el Jardín Juárez nos invitó a caminarlo, el pasto delimitado por setos y andadores; nos abrazaron espesas sombras de gruesos pinos, donde convergen los andadores miramos un pedestal con el busto del gran reformador.
Del Jardín fuimos cautivados por una hermosa capilla, su puerta de arco trilobulado, rematada en triángulo y con el año de 1889 en relieve, flanqueada por columnas estriadas y rematadas por medias almenas trilobuladas, arriba un bonito rosetón con elaborados anillos engarzados. Cinco exquisitas y altas almenas octagonales rematan la portada. La central con una peculiar veleta en forma de pájaro. La admirable puerta con un cáliz, una hostia con cruz, enmarcado por laureles; abajo, unas hojas y flores de lis entre arcos agudos. La fachada norte nos mostró cinco ventanas verticales y cuatro gárgolas, estábamos apreciando la Capilla del Diezmo.
Luis Miguel Berumen nos cuenta: “El culto a la Virgen de Guadalupe se había extendido en la región gracias a la bonhomía de don Antonio Sánchez Castellanos y doña María Guadalupe Bonilla, quienes costearon completamente una capilla en el barrio nuevo. Ésta fue conocida como Capilla del Diezmo (por construirse donde anteriormente estaban los almacenes en que se reunía el diezmo o tributo para la iglesia) y fue bendecida por fray Guadalupe de Jesús Alba y Franco en 1889. El rico benefactor, don Antonio, no pudo ver la capilla terminada, pues murió en 1886, pero su no menos rica viuda continuó con su obra de beneficencia y anexó a la capilla un hospital atendido originalmente por las Religiosas Mínimas y con el auxilio gratuito del doctor Jesús Villalobos Escobedo. El hospital era conocido como San Juan de Dios… Luego de que las tropas revolucionarias arrasaran Jerez, la capilla estuvo abandonada por muchos años… El Hospital fue destruido y convertido en cuartel del 13 Regimiento”.