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Caballos en la recta final

“México de mis amores” de la Orquesta Filarmónica de Jalisco conmemora el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución

La temporada “México de mis amores” de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) dedicada a conmemorar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución concluye este fin de semana con un último programa, en el que la agrupación dirigida por Héctor Guzmán ha incluido la interpretación de la suite “Caballos de vapor”, obra del compositor mexicano Carlos Chávez (1899-1978).

La elaboración de este trabajo orquestal al que el mismo Chávez se refirió como una “sinfonía de baile” se inició en 1926 y fue estrenado el 31 de marzo de 1932 en los Estados Unidos, con un montaje en el que participó la Orquesta de Filadelfia dirigida por Leopold Stokowski y en el que la escenografía y el vestuario de los bailarines fueron elaborados por Diego Rivera, quien colaboró además en su argumento.

La temática de esta composición gira en torno a los choques existentes entre la industrialización y demás elementos propios de la vida moderna contra el ambiente sencillo y llano encontrado en los trópicos. De acuerdo con la interpretación de algunos críticos, se trata de una denuncia por parte del autor hacia la voracidad industrializadora de la superpotencia (léase Estados Unidos) que hace uso para sus fines de la explotación hacia sus vecinos del sur del continente. Por ello, el nombre de la suite hace referencia a la unidad física de potencia llamada caballo de vapor (o de potencia, como se le denomina más comúnmente hoy en día), término que deriva del inglés horsepower.

Esta pieza de Chávez está conformada por cuatro movimientos: “Danza del hombre”, “Barco hacia el Trópico”, “El Trópico y Danza de los Hombres” y “Las Máquinas”. Este último suele suprimirse cuando la ejecución de la obra no se presenta acompañada de coreografía.

El carácter abstracto, futurista y bullicioso del primer movimiento contrasta con la influencia folclórica del segundo, en el que incluso se puede encontrar un tango. Finalmente, en el tercero, Chávez forma ricas texturas orquestales que tienen como motivos principales los ritmos y melodías de dos tipos de bailes netamente mexicanos: el huapango y la sandunga.

Los elementos modernistas y mecánicos de su escritura (que Chávez ya había explorado en su obra de 1925 “Energía”) conviven en “Caballos de vapor” con los caracteres tradicionales expuestos bajo un tratamiento ingenioso y de gran solvencia técnica y expresiva.

Su autor señaló en su momento que “Caballos de vapor” era “una sinfonía de música que está en el aire y que se escucha en cualquier parte, como una revista de esta época. La lucha, el esfuerzo y la creación como signos del presente, que vive realmente en el aire que respiramos, esto es lo que ‘Caballos de vapor’ contiene de manera inevitable. Algunos bailes y melodías populares se pueden encontrar en mi música, no como sus cimientos, sino porque coinciden naturalmente con mis propios sentimientos”.

Quienes ayer no pudieron asistir al concierto de la OFJ en el Teatro Degollado, hoy tienen una última oportunidad para apreciar en este mismo espacio, a las 12:30 horas, esta obra raramente programada en la capital jalisciense.


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