Suplementos
Artes y Oficios en la Obra de Jorge Wilmot
Artes Plásticas
GUADALAJARA, JALISCO (01/MAY/2010).- También yo, como esos 40 notables coleccionistas que generosamente prestaron algunas obras para conformar esta exposición en homenaje al anciano Maestro, la cual antes de ser abierta aquí en el Museo Regional de Guadalajara, fue presentada en el Museo de Arte Popular de la Capital de la República, y que luego habrá de recalar en Monterrey, la tierra natal del autor; a partir de los años sesenta comencé, no por afán de reunir, sino por el simple placer de ver y tocar, un modesto acopio de atrayentes figuras de animales y diversos cacharros manufacturados por este espléndido artesano; objetos que por desgracia, a lo largo de estas últimas décadas fueron literalmente fragmentándose, ya fuera por accidente, ya por incuria, o debido a la intervención de las inquietas manos de mis pequeños hijos y en fecha reciente, hasta de mi nieta, quien echó a volar la última de mis palomas, de tal guisa que hoy, apenas si me restan unos cuantos objetos, como nostálgicas reliquias y cabal metáfora del transcurso de mi propia existencia, que también ha venido a acabar toda diezmada y rota merced al implacable paso de todos estos años.
Sin embargo, la diferencia es que en este caso, ni mi pequeña colección, ni mi vida trascenderán; en cambio, la existencia y la obra del Maestro Wilmot, como sucede a los clásicos, tendrá permanente vigencia, tal como se puede apreciar en esta magnífica exposición, tanto por los objetos diseñados o salidos de sus talleres en sí, como sobre todo, por la histórica influencia de carácter innovador que vino a dar, en esa segunda mitad del siglo XX, a la tradición alfarera tonalteca primordialmente, y de manera generalizada, a toda la actividad artesanal de la cerámica, del vidrio y la metalistería.
Sabemos que nuestra artesanía autóctona, particularmente la cerámica de género ornamental o utilitario, posee antiquísima raigambre; empero, a lo largo de los siglos se fue enriqueciendo con benéficas influencias formales o conceptuales, venidas del otro lado del mundo, gracias a ingeniosos, imaginativos y sensibles maestros artesanos que supieron captarlas, interpretarlas y asimilarlas; como fue el caso de don Jorge, quien dotado de esas virtudes dadas por naturaleza, supo ennoblecerlas y acrecentarlas en sus viajes, estudios y observaciones en diferentes ámbitos del Viejo Continente y del Lejano Oriente, de donde vendría aquí, cargado como la Nao de China, a compartir con generosidad sus ideas y emociones que redundaron en una visión renovadora que entroncó con las ancestrales técnicas artesanales, y que redundarían por otra parte, en su fantástica y revolucionada obra.
Fue así como de los hornos de su taller comenzaron a fluir esas graciosas figuras zoomorfas, impregnadas de un estilizado dinamismo o peculiar vivacidad naturalista; así como toda esa variedad de recipientes, vasos, platos, ánforas, botellas y demás esmaltados cacharros de denso vidriado, de diseños insólitos, que rompían los cánones inmemoriales; objetos tan delicada cuan sobriamente coloreados, como imaginativamente decorados; acentuados con sugerentes esfumados, salpicaduras o rociados de materia, que hacían recodar en algunos casos, las exquisiteces mismas de la cerámica oriental Sung, y que constituyeron el sello y característica inconfundible de la obra del maestro Wilmot y lo pusieron en un sitio aparte, reservándole, como dije, su lugar en la historia dentro del ámbito de nuestra artesanía.
Todo esto y mucho más es lo que se puede apreciar en esta soberbia exposición integrada por más de trescientas piezas, fruto de la labor conjunta de instituciones y personalidades, la cual fue curada con el profesionalismo y sabiduría, ad usum, por don Gutierre Aceves Piña, y en la cual también se incluyen ejemplos de las incursiones de don Jorge por los terrenos de las artes visuales, así como en otras manufacturas; muestra que constituye un merecido y muy a tiempo reconocimiento del ya de por sí agobiado de galardones, pero siempre admirado maestro.
Sin embargo, la diferencia es que en este caso, ni mi pequeña colección, ni mi vida trascenderán; en cambio, la existencia y la obra del Maestro Wilmot, como sucede a los clásicos, tendrá permanente vigencia, tal como se puede apreciar en esta magnífica exposición, tanto por los objetos diseñados o salidos de sus talleres en sí, como sobre todo, por la histórica influencia de carácter innovador que vino a dar, en esa segunda mitad del siglo XX, a la tradición alfarera tonalteca primordialmente, y de manera generalizada, a toda la actividad artesanal de la cerámica, del vidrio y la metalistería.
Sabemos que nuestra artesanía autóctona, particularmente la cerámica de género ornamental o utilitario, posee antiquísima raigambre; empero, a lo largo de los siglos se fue enriqueciendo con benéficas influencias formales o conceptuales, venidas del otro lado del mundo, gracias a ingeniosos, imaginativos y sensibles maestros artesanos que supieron captarlas, interpretarlas y asimilarlas; como fue el caso de don Jorge, quien dotado de esas virtudes dadas por naturaleza, supo ennoblecerlas y acrecentarlas en sus viajes, estudios y observaciones en diferentes ámbitos del Viejo Continente y del Lejano Oriente, de donde vendría aquí, cargado como la Nao de China, a compartir con generosidad sus ideas y emociones que redundaron en una visión renovadora que entroncó con las ancestrales técnicas artesanales, y que redundarían por otra parte, en su fantástica y revolucionada obra.
Fue así como de los hornos de su taller comenzaron a fluir esas graciosas figuras zoomorfas, impregnadas de un estilizado dinamismo o peculiar vivacidad naturalista; así como toda esa variedad de recipientes, vasos, platos, ánforas, botellas y demás esmaltados cacharros de denso vidriado, de diseños insólitos, que rompían los cánones inmemoriales; objetos tan delicada cuan sobriamente coloreados, como imaginativamente decorados; acentuados con sugerentes esfumados, salpicaduras o rociados de materia, que hacían recodar en algunos casos, las exquisiteces mismas de la cerámica oriental Sung, y que constituyeron el sello y característica inconfundible de la obra del maestro Wilmot y lo pusieron en un sitio aparte, reservándole, como dije, su lugar en la historia dentro del ámbito de nuestra artesanía.
Todo esto y mucho más es lo que se puede apreciar en esta soberbia exposición integrada por más de trescientas piezas, fruto de la labor conjunta de instituciones y personalidades, la cual fue curada con el profesionalismo y sabiduría, ad usum, por don Gutierre Aceves Piña, y en la cual también se incluyen ejemplos de las incursiones de don Jorge por los terrenos de las artes visuales, así como en otras manufacturas; muestra que constituye un merecido y muy a tiempo reconocimiento del ya de por sí agobiado de galardones, pero siempre admirado maestro.