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Artes plásticas: las Exposiciones en el MAZ
No habrá pues espectacularidad, ni novedad en dicha muestra, pero sí este río de imágenes, suena, puesto que traen algo que las valida y les otorga legitimidad: están muy bien hechas, y eso, cualquiera que visite la exposición, podrá apreciarlo.
Por: José Luis Meza Inda
Photo suisse
Por una parte, tanto esa evolución tecnológica, que con la velocidad del rayo, ha puesto el arte fotográfico al alcance de cualquier hijo de vecino, como por otra, la catarata de impactantes cuan efímeras imágenes que a toda hora están anegando nuestro espacio visual cotidianamente, todo eso ha contribuido a la vulgarización de este oficio, y ha dificultado el poder encontrar en este campo, algo que pudiéramos considerar una obra de valor estético, o cuando menos, una imagen deveras original, sorprendente, capaz de conmovernos o de comunicarnos algo trascendente.
Así pues, hoy, en que todo mundo puede ser fotógrafo y creerse artista, solemos ver. en la mayoría de las exposiciones dedicadas a este género, imágenes vulgares, de un autismo evidente (que no dicen nada), captadas al azar, o bien, cargadas de efectismos y manipulaciones de una seudograndilocuencia propia de los inventores del agua tibia; extravíos extremos que han conducido a este quehacer, que consistía originalmente a trazar imágenes con luz, a un grado cero de escritura.
Por eso es que, al menos a mí, no me han entusiasmado en cuanto a sus contenidos, las fotografías de la exposición que ha sido montada en la Sala “Juan Soriano” del Museo de Arte de Zapopan (20 de Noviembre 166) donde se puede apreciar una antología, de lo que en esta materia han venido realizando fotógrafos de diferentes generaciones en ese país neutral; fotografías que sabemos son de origen helvético porque así nos lo indican quienes las patrocinaron y trajeron aquí, pero que actualmente, han quedado borradas, sobre todo en el terreno del arte, las fronteras nacionalistas, bien podrían haber sido tomadas por fotógrafos de China, Uruguay, Burundi, México o de cualquier otro país de nuestro globalizado planeta.
Y es que quien visite esta muestra, creyendo poder encontrar alguna notable característica propia de ese paraíso europeo, no hallará distintiva alguna, sino variaciones sobre los mismos lugares comunes del paisaje, del retrato de ancianos, adultos, jóvenes o niños, de imaginería relacionada con la “nueva objetividad”, de documentales sobre algún acontecimiento importante en su momento, de testimonios étnicos de lugares y gentes, fruto del vagabundeo fotográfico; o bien, de experimentos efectistas o manipulaciones de diferente grado, realizados, como digo, aprovechando las maravillas tecnológicas.
Una diferenciación notable, que no siempre se puede encontrar en muchas otras exposiciones regularmente puestas aquí, es que el oficio fotográfico ha sido tomado en serio por estos expositores; hay en todos ellos, un impecable profesionalismo, pues ya sean sus obras de amplísimo formato o de reducidas dimensiones, ya sean en blanco y negro o en color, siempre denotan conocimiento, experiencia y pulcritud; siempre han sido cuidadosamente elaboradas, compuestas e iluminadas siguiendo las reglas canónicas del arte o haciendo uso de licencias bien empleadas.
No habrá pues espectacularidad, ni novedad en dicha muestra, pero sí este río de imágenes, suena, puesto que traen algo que las valida y les otorga legitimidad: están muy bien hechas, y eso, cualquiera que visite la exposición, podrá apreciarlo.
Mantos eólicos. Configuración de redes
Bajo este poético nombre, se puede observar en la sala “Luis Barragán” de este mismo espacio museístico, la exposición de obras originales de Francisco Morales; que en mi opinión, retoma conceptos y procedimientos de corrientes sesenteras del siglo pasado, como conceptualismo, reduccionismo, geometrismo y un cosntructivismo estructural basado en efectismos ópticos, para recrear así una colección de cuadros y objetos que rechazan formas y formatos acostumbrados, así como el carácter representativo y toda voluntad expresiva o ideológica tradicional.
Mediante una extrema economía de medios y recursos, con un cromatismo reducido a lo esencial, pero con una peculiar riqueza imaginativa y destreza artesanal de paciente minuciosidad, el autor trazó con grafito o tinta, sobre diversos soportes, complicados arabescos lineales y espaciales, rítmicamente estructurados, que crecen a partir de sí mismos en un continuo que elimina la percepción normal de los espacios y que dan como resultado, tras una aparente sencillez, rigurosos, complicados y dinámicos juegos formales, impregnados de elegancia, limpieza y sugestiva potencia visual, aunque como digo, dada su ausencia de contenidos subjetivos y valores expresivos, son estas obras, a mi parecer, de esas que contribuyen a que siga manteniéndose en pie y sin respuesta, la traída, llevada y difícil pregunta: ¿Qué es hoy el arte?.
Las flechas de San Sebastián
Prescindiendo de la abundante retórica y explicaciones circunstanciales que se arremolinaron en torno a la exposición del maestro tapatío Roberto Márquez, quien visite esta otra exposición instalada en la “Sala Manuel Álvarez Bravo” también del MAZ, se encontrará con la grata sorpresa de una colorida, intimista e imaginativa colección de ilustraciones.
Entrelazando la idea de celebrar el nacimiento de un hijo suyo llamado Sebastián, con la leyenda piadosa del Santo del siglo III que también llevaba ese nombre y cuyo martirio, el ser asaeteado, diera origen a innumerables y apolíneas interpretaciones de parte de grandes maestros del Renacimiento y Barroco, este pintor creó una colección de imágenes en pequeño formato que ofrecen sus propias variaciones sobre dicho tema sebastianesco, en las cuales pone en juego sus dotes de dibujante nato y talentoso colorista.
Desplegando un rico vocabulario formal y su caudalosa vena imaginativa, Márquez realiza un constante jugueteo entre ambos conceptos- hijo/mártir- representando la figura infantil en diferente escenarios contrapuesta con una amplia variedad de elementos, objetos y animales, reproducidos con cuidadosa espontaneidad y balanceados entre el objetivismo y la subjetividad, y bautizados con intencionalidad simbólica, alegórica, poética, lírica, irónica, humorística, crítica o con cualquier otra calidad interpretativa que cada espectador pueda y quiera darles.
Photo suisse
Por una parte, tanto esa evolución tecnológica, que con la velocidad del rayo, ha puesto el arte fotográfico al alcance de cualquier hijo de vecino, como por otra, la catarata de impactantes cuan efímeras imágenes que a toda hora están anegando nuestro espacio visual cotidianamente, todo eso ha contribuido a la vulgarización de este oficio, y ha dificultado el poder encontrar en este campo, algo que pudiéramos considerar una obra de valor estético, o cuando menos, una imagen deveras original, sorprendente, capaz de conmovernos o de comunicarnos algo trascendente.
Así pues, hoy, en que todo mundo puede ser fotógrafo y creerse artista, solemos ver. en la mayoría de las exposiciones dedicadas a este género, imágenes vulgares, de un autismo evidente (que no dicen nada), captadas al azar, o bien, cargadas de efectismos y manipulaciones de una seudograndilocuencia propia de los inventores del agua tibia; extravíos extremos que han conducido a este quehacer, que consistía originalmente a trazar imágenes con luz, a un grado cero de escritura.
Por eso es que, al menos a mí, no me han entusiasmado en cuanto a sus contenidos, las fotografías de la exposición que ha sido montada en la Sala “Juan Soriano” del Museo de Arte de Zapopan (20 de Noviembre 166) donde se puede apreciar una antología, de lo que en esta materia han venido realizando fotógrafos de diferentes generaciones en ese país neutral; fotografías que sabemos son de origen helvético porque así nos lo indican quienes las patrocinaron y trajeron aquí, pero que actualmente, han quedado borradas, sobre todo en el terreno del arte, las fronteras nacionalistas, bien podrían haber sido tomadas por fotógrafos de China, Uruguay, Burundi, México o de cualquier otro país de nuestro globalizado planeta.
Y es que quien visite esta muestra, creyendo poder encontrar alguna notable característica propia de ese paraíso europeo, no hallará distintiva alguna, sino variaciones sobre los mismos lugares comunes del paisaje, del retrato de ancianos, adultos, jóvenes o niños, de imaginería relacionada con la “nueva objetividad”, de documentales sobre algún acontecimiento importante en su momento, de testimonios étnicos de lugares y gentes, fruto del vagabundeo fotográfico; o bien, de experimentos efectistas o manipulaciones de diferente grado, realizados, como digo, aprovechando las maravillas tecnológicas.
Una diferenciación notable, que no siempre se puede encontrar en muchas otras exposiciones regularmente puestas aquí, es que el oficio fotográfico ha sido tomado en serio por estos expositores; hay en todos ellos, un impecable profesionalismo, pues ya sean sus obras de amplísimo formato o de reducidas dimensiones, ya sean en blanco y negro o en color, siempre denotan conocimiento, experiencia y pulcritud; siempre han sido cuidadosamente elaboradas, compuestas e iluminadas siguiendo las reglas canónicas del arte o haciendo uso de licencias bien empleadas.
No habrá pues espectacularidad, ni novedad en dicha muestra, pero sí este río de imágenes, suena, puesto que traen algo que las valida y les otorga legitimidad: están muy bien hechas, y eso, cualquiera que visite la exposición, podrá apreciarlo.
Mantos eólicos. Configuración de redes
Bajo este poético nombre, se puede observar en la sala “Luis Barragán” de este mismo espacio museístico, la exposición de obras originales de Francisco Morales; que en mi opinión, retoma conceptos y procedimientos de corrientes sesenteras del siglo pasado, como conceptualismo, reduccionismo, geometrismo y un cosntructivismo estructural basado en efectismos ópticos, para recrear así una colección de cuadros y objetos que rechazan formas y formatos acostumbrados, así como el carácter representativo y toda voluntad expresiva o ideológica tradicional.
Mediante una extrema economía de medios y recursos, con un cromatismo reducido a lo esencial, pero con una peculiar riqueza imaginativa y destreza artesanal de paciente minuciosidad, el autor trazó con grafito o tinta, sobre diversos soportes, complicados arabescos lineales y espaciales, rítmicamente estructurados, que crecen a partir de sí mismos en un continuo que elimina la percepción normal de los espacios y que dan como resultado, tras una aparente sencillez, rigurosos, complicados y dinámicos juegos formales, impregnados de elegancia, limpieza y sugestiva potencia visual, aunque como digo, dada su ausencia de contenidos subjetivos y valores expresivos, son estas obras, a mi parecer, de esas que contribuyen a que siga manteniéndose en pie y sin respuesta, la traída, llevada y difícil pregunta: ¿Qué es hoy el arte?.
Las flechas de San Sebastián
Prescindiendo de la abundante retórica y explicaciones circunstanciales que se arremolinaron en torno a la exposición del maestro tapatío Roberto Márquez, quien visite esta otra exposición instalada en la “Sala Manuel Álvarez Bravo” también del MAZ, se encontrará con la grata sorpresa de una colorida, intimista e imaginativa colección de ilustraciones.
Entrelazando la idea de celebrar el nacimiento de un hijo suyo llamado Sebastián, con la leyenda piadosa del Santo del siglo III que también llevaba ese nombre y cuyo martirio, el ser asaeteado, diera origen a innumerables y apolíneas interpretaciones de parte de grandes maestros del Renacimiento y Barroco, este pintor creó una colección de imágenes en pequeño formato que ofrecen sus propias variaciones sobre dicho tema sebastianesco, en las cuales pone en juego sus dotes de dibujante nato y talentoso colorista.
Desplegando un rico vocabulario formal y su caudalosa vena imaginativa, Márquez realiza un constante jugueteo entre ambos conceptos- hijo/mártir- representando la figura infantil en diferente escenarios contrapuesta con una amplia variedad de elementos, objetos y animales, reproducidos con cuidadosa espontaneidad y balanceados entre el objetivismo y la subjetividad, y bautizados con intencionalidad simbólica, alegórica, poética, lírica, irónica, humorística, crítica o con cualquier otra calidad interpretativa que cada espectador pueda y quiera darles.