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Artes Plásticas: EI Bienal de Escultura Guadalajara 2008
Con todo, hay quienes afirman que dado la continua expansión de la mancha urbana, convendría que estas manifestaciones se siguiesen erigiendo o colocando en los abundantes espacios vacantes.
Por: José Luis Meza Inda
Fotos: A.C.
Sí es abundante la oferta en materia de escultura urbana que tenemos en Guadalajara, ya que por todos los rumbos de la ciudad se levantan tanto monumentos cívicos conmemorativos, como estatuas de próceres, así como una amplia variedad de estramancias y bultos de resonancias clásicas, academicistas o con adscripción a diferentes corrientes modernas.
Muchas de estas obras tridimensionales, que se erigen aquí y allá para estimular la memoria o el disfrute de los tapatíos, han llegado a adquirir el carácter de iconos referenciales o señales de identidad del entorno urbano, siendo bautizadas imaginativa e innovadoramente por el ingenio popular, aunque sean poco conocidas por lo que originalmente representan o simbolizan.
De la misma manera que existe ignorancia sobre la autoría de dichas obras, pues la mayoría no sabe o poco lo interesa si tal o cual escultura fue creada por Miguel Miramontes o Benito Castañeda, Mathias Goeritz o Olivier Seguin, Fernando González Gortázar o Estanislao Contreras, Juan Soriano o Lolita Ortíz, Alejandro Colunga o Juan Lanzagorta o Jorge de la Peña o Ignacio Garibay, Diego Martínez Negrete o equis o zeta cultivador de este complicado oficio.
Con todo, hay quienes afirman que dado la continua expansión de la mancha urbana, convendría que estas manifestaciones se siguiesen erigiendo o colocando en los abundantes espacios vacantes, y para ello, ¿qué mejor que convocar a viejos o nuevos escultores a realizar obras que viniesen a embellecer y dar identidad a dichos lugares?.
Esta idea y buena intención la ha recogido precisamente la Universidad de Guadalajara, la cual, tras haber organizado exitosamente cinco Simposios Internacionales de Escultores, decidió convocar este año a la I Bienal de Escultura Guadalajara, certamen al cual acudieron como moscas a la miel, un enjambre de escultores tanto de esta ciudad, como de nuestro país y del extranjero, presentando una maqueta y plano de lo que ellos piensan podría ser una novedosa y atrayente obra escultórica.
Una de estas obras, en caso de ser premiada por un H. Jurado Dictaminador, además de obtener un puñado de dólares, dicen que hasta podría, algún día, venir a enriquecer nuestro ámbito citadino; espléndida disposición, aunque a mi parecer bastante utópica, pues para ello habría que concertar (uhhh) a personalidades políticas, sociales, económicas y culturales en esta ciudad, para que llegasen a un acuerdo sobre su viabilidad, ubicación, financiamiento, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero mientras son peras o manzanas, hoy por hoy ha sido un gusto poder ver esos prospectos colocados en exhibición en las salas del MUSA (Juárez 975) donde, a excepción de dos que tres bosquejos que muestran resonancias figurativas o resabios étnicos, la mayoría están constituidos por volúmenes con vocación monumentalista, apegados a las principales corrientes del geometrismo constructivista, de dinámicos ensamblajes, del tótem ascencional, del agresivo brutalismo, y que, desde luego, no niegan el poderoso influjo formal de grandes maestros del género, como Calder, Arp, la Hepworth, Brancusi, Noguchi, Chadwick, Gabo, Pevsner, Newman, Le Witt y otros creadores de esculturas clásicas o imponentes monumentos urbanos del siglo XX.
Sin embargo, por encima de tan poderosos ascendientes, hay que reconocer que detrás de cada propuesta, existe un autor que posee una fluida imaginación y sólidos conocimientos, y aunque algunos proyectos rayan en fantasías demasiado jaladas de los pelos, en general, casi todos los diseños expuestos se encuentran dentro de lo realizable y digno de llegar a enriquecer el entorno de esta cada día más plomiza ciudad. (Aunque insisto, aquí eso va a llevar años y costaría sangre, sudor y lágrimas)
De ser verdad tanta belleza, a mí en lo personal, me gustaría ver, en un futuro, adquirir proporciones reales a propuestas como: Guardianes del Agua, Forma de vida, Puertas al Viento, Proyecto para Guadalajara, Madre Ceiba, tan sólo por mencionar algunas; mas ya dirán los jueces cuál de los proyectos pensados para cuajarse en acero, hierro, concreto armado, hormigón, mármol, o cualquier otro material, posee las virtudes estéticas y la viabilidad suficientes como para darle la preeminencia.
Espacios reservados de Yoel Díaz Gálvez
Visitar una exposición como la que ha sido puesta a la consideración del público en el Espacio de Arte GDL de Televisa, representa para mí un alivio, pues me da la oportunidad de reafirmar mis convicciones de que, pese a lo que se diga en contra, en este siglo XXI siguen surgiendo aquí, allá y en todo lugar, cultivadores del arte, que como lo han hecho miles de sus congéneres a través de milenios, continúan tratando de captar, transformar o interpretar las infinitas posibilidades de la figura humana, y a través de ello, satisfacer sus ambiciones estéticas.
Este es el caso del joven Yoel Díaz Gálvez, quien se inscribe, dentro de la corrientes del arte representativo, en una de sus vertientes contemporáneas: la nueva figuración hiperrealista; perspectiva desde la cual, aborda el cuerpo desnudo, con una fidelidad apegada y dependiente de lo fotográfico sí, pero haciendo gala de su particular firmeza dibujística y logrando así recrear una atrayente docena de óleos sobre tela de generosas proporciones, donde tal imagen es el elemento esencial.
Díaz Gálvez capta la morfología de sus modelos desde difíciles ángulos visuales y retorcidos escorzos, haciendo resaltar en cada caso, los detalles anatómicos que desarrolla siempre con esmero, iluminándolos con un contrastante claroscuro para dar mayor solidez y volumen a su musculatura, que adquiere ribetes escultóricos; y coloreándolos, por otra parte, a veces con un cromatismo preciso, a veces con una paleta más libre o restringida, pero siempre equilibrada y armónica.
Todas estas lecciones de anatomía las proyecta sobre fondos de diferente contenido: desde aquéllos que retratan ambientes cotidianos, hasta los integrados por manchas, texturas, goteaduras, veladuras, o collages que incluyen insólitos objetos, logrando en ambos casos, composiciones que en mi opinión, están exentas de expresivos contenidos conceptuales o emotivos, pero sí poseen, aparte de su dosis de sugestibilidad, elegancia, belleza, la evidente calidad formal de la obra bien compuesta y elaborada por un pintor de probada destreza natural y envidiable virtuosismo.
Fotos: A.C.
Sí es abundante la oferta en materia de escultura urbana que tenemos en Guadalajara, ya que por todos los rumbos de la ciudad se levantan tanto monumentos cívicos conmemorativos, como estatuas de próceres, así como una amplia variedad de estramancias y bultos de resonancias clásicas, academicistas o con adscripción a diferentes corrientes modernas.
Muchas de estas obras tridimensionales, que se erigen aquí y allá para estimular la memoria o el disfrute de los tapatíos, han llegado a adquirir el carácter de iconos referenciales o señales de identidad del entorno urbano, siendo bautizadas imaginativa e innovadoramente por el ingenio popular, aunque sean poco conocidas por lo que originalmente representan o simbolizan.
De la misma manera que existe ignorancia sobre la autoría de dichas obras, pues la mayoría no sabe o poco lo interesa si tal o cual escultura fue creada por Miguel Miramontes o Benito Castañeda, Mathias Goeritz o Olivier Seguin, Fernando González Gortázar o Estanislao Contreras, Juan Soriano o Lolita Ortíz, Alejandro Colunga o Juan Lanzagorta o Jorge de la Peña o Ignacio Garibay, Diego Martínez Negrete o equis o zeta cultivador de este complicado oficio.
Con todo, hay quienes afirman que dado la continua expansión de la mancha urbana, convendría que estas manifestaciones se siguiesen erigiendo o colocando en los abundantes espacios vacantes, y para ello, ¿qué mejor que convocar a viejos o nuevos escultores a realizar obras que viniesen a embellecer y dar identidad a dichos lugares?.
Esta idea y buena intención la ha recogido precisamente la Universidad de Guadalajara, la cual, tras haber organizado exitosamente cinco Simposios Internacionales de Escultores, decidió convocar este año a la I Bienal de Escultura Guadalajara, certamen al cual acudieron como moscas a la miel, un enjambre de escultores tanto de esta ciudad, como de nuestro país y del extranjero, presentando una maqueta y plano de lo que ellos piensan podría ser una novedosa y atrayente obra escultórica.
Una de estas obras, en caso de ser premiada por un H. Jurado Dictaminador, además de obtener un puñado de dólares, dicen que hasta podría, algún día, venir a enriquecer nuestro ámbito citadino; espléndida disposición, aunque a mi parecer bastante utópica, pues para ello habría que concertar (uhhh) a personalidades políticas, sociales, económicas y culturales en esta ciudad, para que llegasen a un acuerdo sobre su viabilidad, ubicación, financiamiento, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero mientras son peras o manzanas, hoy por hoy ha sido un gusto poder ver esos prospectos colocados en exhibición en las salas del MUSA (Juárez 975) donde, a excepción de dos que tres bosquejos que muestran resonancias figurativas o resabios étnicos, la mayoría están constituidos por volúmenes con vocación monumentalista, apegados a las principales corrientes del geometrismo constructivista, de dinámicos ensamblajes, del tótem ascencional, del agresivo brutalismo, y que, desde luego, no niegan el poderoso influjo formal de grandes maestros del género, como Calder, Arp, la Hepworth, Brancusi, Noguchi, Chadwick, Gabo, Pevsner, Newman, Le Witt y otros creadores de esculturas clásicas o imponentes monumentos urbanos del siglo XX.
Sin embargo, por encima de tan poderosos ascendientes, hay que reconocer que detrás de cada propuesta, existe un autor que posee una fluida imaginación y sólidos conocimientos, y aunque algunos proyectos rayan en fantasías demasiado jaladas de los pelos, en general, casi todos los diseños expuestos se encuentran dentro de lo realizable y digno de llegar a enriquecer el entorno de esta cada día más plomiza ciudad. (Aunque insisto, aquí eso va a llevar años y costaría sangre, sudor y lágrimas)
De ser verdad tanta belleza, a mí en lo personal, me gustaría ver, en un futuro, adquirir proporciones reales a propuestas como: Guardianes del Agua, Forma de vida, Puertas al Viento, Proyecto para Guadalajara, Madre Ceiba, tan sólo por mencionar algunas; mas ya dirán los jueces cuál de los proyectos pensados para cuajarse en acero, hierro, concreto armado, hormigón, mármol, o cualquier otro material, posee las virtudes estéticas y la viabilidad suficientes como para darle la preeminencia.
Espacios reservados de Yoel Díaz Gálvez
Visitar una exposición como la que ha sido puesta a la consideración del público en el Espacio de Arte GDL de Televisa, representa para mí un alivio, pues me da la oportunidad de reafirmar mis convicciones de que, pese a lo que se diga en contra, en este siglo XXI siguen surgiendo aquí, allá y en todo lugar, cultivadores del arte, que como lo han hecho miles de sus congéneres a través de milenios, continúan tratando de captar, transformar o interpretar las infinitas posibilidades de la figura humana, y a través de ello, satisfacer sus ambiciones estéticas.
Este es el caso del joven Yoel Díaz Gálvez, quien se inscribe, dentro de la corrientes del arte representativo, en una de sus vertientes contemporáneas: la nueva figuración hiperrealista; perspectiva desde la cual, aborda el cuerpo desnudo, con una fidelidad apegada y dependiente de lo fotográfico sí, pero haciendo gala de su particular firmeza dibujística y logrando así recrear una atrayente docena de óleos sobre tela de generosas proporciones, donde tal imagen es el elemento esencial.
Díaz Gálvez capta la morfología de sus modelos desde difíciles ángulos visuales y retorcidos escorzos, haciendo resaltar en cada caso, los detalles anatómicos que desarrolla siempre con esmero, iluminándolos con un contrastante claroscuro para dar mayor solidez y volumen a su musculatura, que adquiere ribetes escultóricos; y coloreándolos, por otra parte, a veces con un cromatismo preciso, a veces con una paleta más libre o restringida, pero siempre equilibrada y armónica.
Todas estas lecciones de anatomía las proyecta sobre fondos de diferente contenido: desde aquéllos que retratan ambientes cotidianos, hasta los integrados por manchas, texturas, goteaduras, veladuras, o collages que incluyen insólitos objetos, logrando en ambos casos, composiciones que en mi opinión, están exentas de expresivos contenidos conceptuales o emotivos, pero sí poseen, aparte de su dosis de sugestibilidad, elegancia, belleza, la evidente calidad formal de la obra bien compuesta y elaborada por un pintor de probada destreza natural y envidiable virtuosismo.