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Aniversario ¿tapatío?

Clásica

GUADALAJARA, JALISCO (18/FEB/2012).- Como es sabido por todos, el pasado 14 de febrero se conmemoró el 470 aniversario de la fundación de Guadalajara. En esta ocasión, la música clásica tuvo una pequeña participación en el programa de la Feria de la Fundación organizada por la Secretaría de Cultura del municipio tapatío,  con únicamente dos actividades.

Así, el ensamble PULSE (agrupación de cámara integrado por dos pianos y percusiones) interpretó el sába-do en el Teatro Degollado una versión de la suite Los Planetas, de Gustav Holst, y el domingo, en la Plaza Liberación, junto al Coro del Estado, la cantata Carmina Burana, de Carl Orff (que cabe recalcar que se pronuncia Cármina y que no es ópera), obra que probablemente no se ejecute con mayor frecuencia en otra ciudad del mundo como en la capital de Jalisco.

Debe reconocerse la calidad de los intérpretes, aunque haya que lamentar la pobre acústica de la presentación realizada al aire libre. Lo que no deja de ser reprochable es que la ocasión de conmemorar un año más la fundación de la ciudad no se aproveche para promover la música de compositores que nacieron o se desarrollaron aquí. Eso hubiera significado que el objetivo de la Feria de la Fundación de “llevar el orgullo de ser tapatíos a los rincones de la Perla Tapatía” efectivamente se cumpliera.

Es claro que por más que la famosa cantata de Orff atraiga al “gran público”, resultaría de un mayor interés y provecho dar a conocer obras de arte que deberían promoverse como elementos de identidad en una ciudad que cada vez más adolece de ellos.

Ojalá se rescataran y programaran obras de músicos que tuvieron que ver con la historia musical y cultural en general de la ciudad a la que se celebra, porque antes que Carmina Burana valdría la pena escuchar la música de José Mariano Elízaga, Benigno de la Torre, Ramón Serratos, Clemente Aguirre, Alfredo Carrasco, José Rolón, Arnulfo Miramontes, Gonzalo Curiel (quien compuso también música de concierto), Sebastián Márquez, Manuel Enríquez, José María Cornejo, Hermilio Hernández o Domingo Lobato, por mencionar sólo algunos nombres que pueden encabezar un listado que daría para trabajar ardua y seriamente.

Esta reflexión no pretende crear una perspectiva “localista” respecto a la programación artística, sino más bien pensar en aprovechar la oportunidad de enriquecer una identidad cultural auténtica y ser a la vez congruentes con los planteamientos bajo los que se definen estas actividades.

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