Suplementos
¿Adéu España?
Cataluña vive hoy una elección clave para su futuro; Artur Mas quien habla de un ''nuevo estado de Europa'', busca la reelección
GUADALAJARA, JALISCO (25/NOV/2012).- La Sexta, televisión pública española, graba al “hombre del momento”: sin grandes tumultos, entra a un bar del norte de Barcelona. En la televisión, como por coincidencia, el desfile de la hispanidad reúne a lo más sagrado del nacionalismo peninsular: un rey rebosante adornado de arriba a abajo; los príncipes de Asturias con la elegancia que amerita la ocasión, y un Mariano Rajoy silencioso y solemne. El solitario televidente los ve con extrañeza y medita “¿estarán hablando de mí?”. Minutos después voltea y admira una bandera de rayas amarillas y rojas acompañadas por una estrella roja, que cuelga de inmensas torres de departamentos. La pregunta es: ¿hay retorno?
Artur Mas i Gavarró es el presidente de la generalitat catalana que ha roto el viejo juego federal y autonómico, también denominado como el circo “de la puta y la ramoneta”. Ese estilo de negociar de los catalanes y los vascos con Madrid, una especie de doble discurso que ensalzaba la retórica identitaria en casa y se sentaba ávidamente a negociar en la capital. De un plumazo, y ante la cerrazón del Gobierno de Mariano Rajoy, Mas ha estirado la cuerda independentista hasta rincones donde nunca había estado jamás en la era posfranquista. La vieja reivindicación de Cataluña, la búsqueda de un pacto fiscal más comprensivo que permita que la comunidad autónoma administre más recursos, ha quedado en el olvido ante la avalancha nacionalista.
Los puntos medios se difuminan, el histórico federalismo del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) se ha hundido en una retórica que no admite moderaciones. Las elecciones de Cataluña abren un compás: el partido de Mas, Convergencia i Unió (CiU) puede lograr la mayoría absoluta en el parlamento catalán y llevar al PSC y al PP de Cataluña a una insignificante minoría anti-referéndum soberanista.
Un liberal
La trayectoria política de Artur Mas es un espejo de la transformación del discurso nacionalista catalán. Su discurso no es propio de un líder nacionalista tradicional. Lejos de despreciar a las instituciones, denunciar su opresión y denostar a la otra parte, Mas hace del respeto al entramado constitucional y la prudencia verbal, sus mejores aliados. Mas es profundamente europeísta, cree en el liberalismo e incluso pide mayor integración supranacional. Evita caer en las tentaciones populistas, aunque muchas veces la polarización le juega una mala pasada. Revaloriza la importancia de la lengua y la identidad catalanas, sin denostar al españolismo y sus aportaciones.
“Las independencias clásicas han terminado”, no se cansa de señalar Artur Mas. Los ejércitos, las fronteras rígidas y el aislamiento cultural se han ido. Ahora, la independencia política implica trazar un rumbo compartido, un sendero donde la libertad absoluta es una fantasía. Aquí es donde el discurso de Mas comienza a enfrentar terrenos sinuosos, el grito de CiU es uno sólo: “No queremos más España, pero si queremos más Europa”. En su cabeza, Mas logra trazar esta nueva Cataluña independiente. Un estado con un sistema de salud desarrollado, educación en catalán y segunda lengua el inglés; un presidente civil y nada de monarquías. Hasta el Fútbol Club Barcelona cabe en el imaginario de este economista de 57 años que habla fluidamente catalán, español, francés e inglés.
No ha sido fácil el ascenso político de Artur Mas. Sus primeros pasos se dan en la administración del legendario presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Como un funcionario pragmático, Mas aprende rápidamente las formas de hacer política de su coalición el CiU, y comienza su desenvolvimiento público pasando por puestos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, su imposibilidad de construir una mayoría en el Parlament, le frustran ocho años de victorias electorales. El PSC logra, tanto en 2003 como en 2006, los votos necesarios para construir una coalición en el Poder Legislativo, lo que obliga a Mas a convertirse en el líder de la oposición, a pesar de ser el abanderado de la opción política más votada. “Fueron años difíciles, a uno le toca aceptar realidades que están fuera de sus manos”, declaró Artur Mas en un programa sobre las elecciones catalanas.
El presidente de la Generalitat se ha deleitado con una estrategia que ha desarmado a los partidos tradicionales y al poder central desde Madrid. Mas ha delineado su campaña en torno a un dilema, no precisamente la independencia, ni la soberanía, ni el pacto fiscal, sino el derecho a decidir. La libertad de los catalanes de decidir sobre su futuro. No es una apuesta por el rompimiento, incluso Mas asegura que seguirán los mandatos constitucionales para promover un referéndum con una pregunta: ¿Usted quiere que Cataluña sea el nuevo Estado de la Unión Europea? La palabra independencia no se encuentra por ningún lado, está implícita en la pregunta. La guerra de spots de uno y otro bando, inundan los medios de comunicación en Cataluña. Cada quien defiende su dicotomía: el CiU plantea un dilema entre decidir o no decidir; el PP, hola España o adiós España; los socialistas, federalismo vs centralismo/separación; Esquerra Republicana y Solidaritat Catalana, independencia o subyugación. Es una campaña de blancos y negros, el matiz es frívolo, incluso cínico.
Por ahí dicen que al nacionalismo catalán “le va mejor cuando cierra los libros de historia y abre los libros de contabilidad”. Cuando deja atrás la retórica identitaria y busca a través del debate una mejor posición fiscal dentro del entramado político del Estado español. Esta fue la apuesta de partidos regionales autonomistas como el propio CiU en Cataluña; el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en Euskadi, y hasta el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) en Galicia. Tratar de avanzar en una agenda de autonomía fiscal, educativa y de gestión, sin romper con la autoridad central. Y aunque las fluctuaciones eran considerables (los decibeles del discurso subían y bajaban según la coyuntura), tanto los gobierno del PSOE como del PP a nivel nacional, sabían que con la billetera y la voluntad política, podrían contar con aliados nacionalistas en estas comunidades autonómicas.
Es incierto el resultado que podría tener un referéndum o plebiscito soberanista en Cataluña. Estos instrumentos son presa del “capricho de la coyuntura”, la formulación exacta de la pregunta y el nivel de participación pública. Las encuestas comienzan a manifestar una ligera tendencia a favor de la independencia, sobre todo en este tiempo electoral donde la definición es necesaria. Ante esto, el CiU se comprometió a realizar la consulta en los cuatro años de legislatura que tiene por delante si los ciudadanos le conceden la posibilidad de retener su mayoría e incluso aumentarla hasta la mayoría absoluta necesaria para que CiU controle enteramente la agenda sobre este tema. Mas ha sido muy claro: si el Estado español se niega a concederle a Cataluña la posibilidad de realizar un referéndum constitucional y vinculatorio, como marcan las normas nacionales al respecto, buscará una consulta pública que, aunque no cuente con vinculatoriedad legal, si refleje políticamente el sentir de los catalanes. Tal vez, el mejor camino de los nacionalistas catalanes que quieren mandar un fuerte mensaje al Gobierno central, pero que tienen sus dudas de la factibilidad de la independencia.
En una España dividida con inercias centralistas que reivindica la derecha que se niega a conceder nuevas atribuciones a las comunidades y el discurso nacionalista que domina a la comunidad autonómica más rica y con mejor calidad de vida de España, se abre campo un personaje que no encaja con el viejo líder nacionalista de mediados del siglo XX. Un hombre tranquilo, firme, con un discurso que raya en la tecnocracia y que incluso alaba a la globalización y sus efectos positivos. Mas ha querido modular su discurso sobre la independencia, sabiendo que la idea del referéndum ya está instalado en el imaginario de los catalanes. Las elecciones del día de hoy definirán mucho del futuro político catalán. Y la pregunta de la Sexta española sigue siendo vigente: el de Mas es ¿un viaje sin retorno?
ELECCIONES
Independencia
Más de cinco millones de personas están llamadas a las urnas hoy en Cataluña, en unas elecciones dominadas por las pretensiones de las fuerzas nacionalistas, que quieren la separación de ese territorio del resto de España. El presidente catalán, Artur Mas, ratificó u decisión de convocar una consulta para llevar a esa comunidad autónoma, otrora motor económico de este país ibérico, hacia un Estado propio dentro de Europa.
Artur Mas i Gavarró es el presidente de la generalitat catalana que ha roto el viejo juego federal y autonómico, también denominado como el circo “de la puta y la ramoneta”. Ese estilo de negociar de los catalanes y los vascos con Madrid, una especie de doble discurso que ensalzaba la retórica identitaria en casa y se sentaba ávidamente a negociar en la capital. De un plumazo, y ante la cerrazón del Gobierno de Mariano Rajoy, Mas ha estirado la cuerda independentista hasta rincones donde nunca había estado jamás en la era posfranquista. La vieja reivindicación de Cataluña, la búsqueda de un pacto fiscal más comprensivo que permita que la comunidad autónoma administre más recursos, ha quedado en el olvido ante la avalancha nacionalista.
Los puntos medios se difuminan, el histórico federalismo del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) se ha hundido en una retórica que no admite moderaciones. Las elecciones de Cataluña abren un compás: el partido de Mas, Convergencia i Unió (CiU) puede lograr la mayoría absoluta en el parlamento catalán y llevar al PSC y al PP de Cataluña a una insignificante minoría anti-referéndum soberanista.
Un liberal
La trayectoria política de Artur Mas es un espejo de la transformación del discurso nacionalista catalán. Su discurso no es propio de un líder nacionalista tradicional. Lejos de despreciar a las instituciones, denunciar su opresión y denostar a la otra parte, Mas hace del respeto al entramado constitucional y la prudencia verbal, sus mejores aliados. Mas es profundamente europeísta, cree en el liberalismo e incluso pide mayor integración supranacional. Evita caer en las tentaciones populistas, aunque muchas veces la polarización le juega una mala pasada. Revaloriza la importancia de la lengua y la identidad catalanas, sin denostar al españolismo y sus aportaciones.
“Las independencias clásicas han terminado”, no se cansa de señalar Artur Mas. Los ejércitos, las fronteras rígidas y el aislamiento cultural se han ido. Ahora, la independencia política implica trazar un rumbo compartido, un sendero donde la libertad absoluta es una fantasía. Aquí es donde el discurso de Mas comienza a enfrentar terrenos sinuosos, el grito de CiU es uno sólo: “No queremos más España, pero si queremos más Europa”. En su cabeza, Mas logra trazar esta nueva Cataluña independiente. Un estado con un sistema de salud desarrollado, educación en catalán y segunda lengua el inglés; un presidente civil y nada de monarquías. Hasta el Fútbol Club Barcelona cabe en el imaginario de este economista de 57 años que habla fluidamente catalán, español, francés e inglés.
No ha sido fácil el ascenso político de Artur Mas. Sus primeros pasos se dan en la administración del legendario presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Como un funcionario pragmático, Mas aprende rápidamente las formas de hacer política de su coalición el CiU, y comienza su desenvolvimiento público pasando por puestos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, su imposibilidad de construir una mayoría en el Parlament, le frustran ocho años de victorias electorales. El PSC logra, tanto en 2003 como en 2006, los votos necesarios para construir una coalición en el Poder Legislativo, lo que obliga a Mas a convertirse en el líder de la oposición, a pesar de ser el abanderado de la opción política más votada. “Fueron años difíciles, a uno le toca aceptar realidades que están fuera de sus manos”, declaró Artur Mas en un programa sobre las elecciones catalanas.
El presidente de la Generalitat se ha deleitado con una estrategia que ha desarmado a los partidos tradicionales y al poder central desde Madrid. Mas ha delineado su campaña en torno a un dilema, no precisamente la independencia, ni la soberanía, ni el pacto fiscal, sino el derecho a decidir. La libertad de los catalanes de decidir sobre su futuro. No es una apuesta por el rompimiento, incluso Mas asegura que seguirán los mandatos constitucionales para promover un referéndum con una pregunta: ¿Usted quiere que Cataluña sea el nuevo Estado de la Unión Europea? La palabra independencia no se encuentra por ningún lado, está implícita en la pregunta. La guerra de spots de uno y otro bando, inundan los medios de comunicación en Cataluña. Cada quien defiende su dicotomía: el CiU plantea un dilema entre decidir o no decidir; el PP, hola España o adiós España; los socialistas, federalismo vs centralismo/separación; Esquerra Republicana y Solidaritat Catalana, independencia o subyugación. Es una campaña de blancos y negros, el matiz es frívolo, incluso cínico.
Por ahí dicen que al nacionalismo catalán “le va mejor cuando cierra los libros de historia y abre los libros de contabilidad”. Cuando deja atrás la retórica identitaria y busca a través del debate una mejor posición fiscal dentro del entramado político del Estado español. Esta fue la apuesta de partidos regionales autonomistas como el propio CiU en Cataluña; el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en Euskadi, y hasta el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) en Galicia. Tratar de avanzar en una agenda de autonomía fiscal, educativa y de gestión, sin romper con la autoridad central. Y aunque las fluctuaciones eran considerables (los decibeles del discurso subían y bajaban según la coyuntura), tanto los gobierno del PSOE como del PP a nivel nacional, sabían que con la billetera y la voluntad política, podrían contar con aliados nacionalistas en estas comunidades autonómicas.
Es incierto el resultado que podría tener un referéndum o plebiscito soberanista en Cataluña. Estos instrumentos son presa del “capricho de la coyuntura”, la formulación exacta de la pregunta y el nivel de participación pública. Las encuestas comienzan a manifestar una ligera tendencia a favor de la independencia, sobre todo en este tiempo electoral donde la definición es necesaria. Ante esto, el CiU se comprometió a realizar la consulta en los cuatro años de legislatura que tiene por delante si los ciudadanos le conceden la posibilidad de retener su mayoría e incluso aumentarla hasta la mayoría absoluta necesaria para que CiU controle enteramente la agenda sobre este tema. Mas ha sido muy claro: si el Estado español se niega a concederle a Cataluña la posibilidad de realizar un referéndum constitucional y vinculatorio, como marcan las normas nacionales al respecto, buscará una consulta pública que, aunque no cuente con vinculatoriedad legal, si refleje políticamente el sentir de los catalanes. Tal vez, el mejor camino de los nacionalistas catalanes que quieren mandar un fuerte mensaje al Gobierno central, pero que tienen sus dudas de la factibilidad de la independencia.
En una España dividida con inercias centralistas que reivindica la derecha que se niega a conceder nuevas atribuciones a las comunidades y el discurso nacionalista que domina a la comunidad autonómica más rica y con mejor calidad de vida de España, se abre campo un personaje que no encaja con el viejo líder nacionalista de mediados del siglo XX. Un hombre tranquilo, firme, con un discurso que raya en la tecnocracia y que incluso alaba a la globalización y sus efectos positivos. Mas ha querido modular su discurso sobre la independencia, sabiendo que la idea del referéndum ya está instalado en el imaginario de los catalanes. Las elecciones del día de hoy definirán mucho del futuro político catalán. Y la pregunta de la Sexta española sigue siendo vigente: el de Mas es ¿un viaje sin retorno?
ELECCIONES
Independencia
Más de cinco millones de personas están llamadas a las urnas hoy en Cataluña, en unas elecciones dominadas por las pretensiones de las fuerzas nacionalistas, que quieren la separación de ese territorio del resto de España. El presidente catalán, Artur Mas, ratificó u decisión de convocar una consulta para llevar a esa comunidad autónoma, otrora motor económico de este país ibérico, hacia un Estado propio dentro de Europa.