Hoy nadie se puede quejar —aunque algunos estén inconformes— de que el Poder Legislativo no ha actuado de acuerdo a las necesidades del país para hacer frente a la problemática que representa el fenómeno de la globalización; ahora sí, diputados y senadores están trabajando para sacar adelante las reformas estructurales que se requieren, no obstante las voces opositoras que no ven más allá de sus propios intereses; así, han aprobado ya las reformas fiscal, electoral, judicial y está en vías de hacerlo con la energética, cuyo primer paso ya lo dio el Senado de la República.
Los siete dictámenes que contienen la reforma energética fueron aprobados el jueves en la Cámara alta, y ahora son analizados en la Cámara de Diputados. La primera etapa ha sido superada, gracias al diálogo y el consenso, mediante los cuales finalmente se llegó a acuerdos entre las diversas fracciones en el Senado, imponiéndose la fuerza de la razón sobre la obstinación de unos cuantos.
Sin embargo, aún no puede cantarse victoria, pues será en San Lázaro en donde la discusión de dicha reforma se tornará más ríspida; en ese recinto legislativo es en donde pueden tener más fuerza las voces opositoras, pero aún así México puede esperar que en el transcurso de la próxima semana —el martes podría ser— finalmente queden aprobados los dictámenes, sellando así una etapa que debe ser trascendental para el futuro del país.
La aprobación de la reforma en el Senado ha recibido la felicitación de prácticamente todos los sectores políticos y sociales del país; hay quienes consideran que no se trata de la reforma estructural que se esperaba; los hay que señalan que nada tiene que ver con la iniciativa presentada por el Gobierno federal, y quienes se adjudican la paternidad de la misma. Y, desde luego, una minoría continúa empecinada en impedir que sea aprobada en la Cámara de Diputados.
Como sea, la labor del Poder Legislativo, en este caso, ha sido importante, y es de esperarse que entre los diputados impere el mismo espíritu que reinó entre los senadores. México necesita de la reforma energética, y sería lamentable que por la oposición de unos cuantos se perdiera el terreno que ya se ha ganado.
Los siete dictámenes que contienen la reforma energética fueron aprobados el jueves en la Cámara alta, y ahora son analizados en la Cámara de Diputados. La primera etapa ha sido superada, gracias al diálogo y el consenso, mediante los cuales finalmente se llegó a acuerdos entre las diversas fracciones en el Senado, imponiéndose la fuerza de la razón sobre la obstinación de unos cuantos.
Sin embargo, aún no puede cantarse victoria, pues será en San Lázaro en donde la discusión de dicha reforma se tornará más ríspida; en ese recinto legislativo es en donde pueden tener más fuerza las voces opositoras, pero aún así México puede esperar que en el transcurso de la próxima semana —el martes podría ser— finalmente queden aprobados los dictámenes, sellando así una etapa que debe ser trascendental para el futuro del país.
La aprobación de la reforma en el Senado ha recibido la felicitación de prácticamente todos los sectores políticos y sociales del país; hay quienes consideran que no se trata de la reforma estructural que se esperaba; los hay que señalan que nada tiene que ver con la iniciativa presentada por el Gobierno federal, y quienes se adjudican la paternidad de la misma. Y, desde luego, una minoría continúa empecinada en impedir que sea aprobada en la Cámara de Diputados.
Como sea, la labor del Poder Legislativo, en este caso, ha sido importante, y es de esperarse que entre los diputados impere el mismo espíritu que reinó entre los senadores. México necesita de la reforma energética, y sería lamentable que por la oposición de unos cuantos se perdiera el terreno que ya se ha ganado.