México
Oportunidades puede y debe mejorar: Especialista
El Dr. Guillermo de la Peña Topete de CIESAS - Occidente analiza los programas de apoyo gubernamental
GUADALAJARA, JALISCO (02/SEP/2010).- El Presidente Calderón hace muy bien en resaltar la importancia del Programa Oportunidades, del cual los mexicanos podemos sentirnos orgullosos. Comenzó en el sexenio del Presidente Zedillo, con el nombre PROGRESA; a partir de 2001, el Presidente Fox lo amplió y rebautizó como Oportunidades. En este sexenio ha conservado el nombre y ha ampliado considerablemente su cobertura, hasta incluir a casi seis millones de familias. Ha servido como modelo a programas sociales de varios países latinoamericanos. Desde sus inicios fue sujeto a evaluaciones independientes que le han ayudado a mejorar y crecer en transparencia.
El Programa transfiere dinero en efectivo a familias en situación de pobreza, principalmente por concepto de ayuda alimenticia y becas escolares. Las familias beneficiarias son seleccionadas mediante un estudio socioeconómico. Quien recibe directamente la ayuda es la madre de familia, y se apoya con becas más generosas a las niñas. No se trata de subsidios incondicionales: las familias se convierten en co-responsables de su bienestar. Los niños y jóvenes becados deben asistir a clases y pasar de año; las familias deben acudir periódicamente a una clínica a revisar su estado de salud, y las madres tienen la obligación de acudir a pláticas periódicas sobre temas de bienestar familiar y reproductivo. Por otra parte, el gasto que hace el Programa en burocracia es mínimo; sus funcionarios, en su mayoría jóvenes entusiastas, no regatean esfuerzos.
Oportunidades puede y debe mejorar. No es la panacea: por ejemplo, su impacto a corto plazo en la sustentabilidad de las familias es muy pequeño; se notará, si acaso, en las siguientes generaciones. Pero logra bastante. Merece nuestro aplauso.
El Programa transfiere dinero en efectivo a familias en situación de pobreza, principalmente por concepto de ayuda alimenticia y becas escolares. Las familias beneficiarias son seleccionadas mediante un estudio socioeconómico. Quien recibe directamente la ayuda es la madre de familia, y se apoya con becas más generosas a las niñas. No se trata de subsidios incondicionales: las familias se convierten en co-responsables de su bienestar. Los niños y jóvenes becados deben asistir a clases y pasar de año; las familias deben acudir periódicamente a una clínica a revisar su estado de salud, y las madres tienen la obligación de acudir a pláticas periódicas sobre temas de bienestar familiar y reproductivo. Por otra parte, el gasto que hace el Programa en burocracia es mínimo; sus funcionarios, en su mayoría jóvenes entusiastas, no regatean esfuerzos.
Oportunidades puede y debe mejorar. No es la panacea: por ejemplo, su impacto a corto plazo en la sustentabilidad de las familias es muy pequeño; se notará, si acaso, en las siguientes generaciones. Pero logra bastante. Merece nuestro aplauso.