Jalisco
Restauranteros se ven afectados por ecocidio en Presa Valencia
Tras la contingencia de 2013 el turismo ha caído de manera drástica
GUADALAJARA, JALISCO (26/DIC/2014).- Antes de que miles de litros de melaza almacenados en un potrero improvisado como fábrica, en
Tlajomulco de Zúñiga, cayeran a un arroyo; antes de que la lluvia nutriera ese cauce y ayudara a que la miel de caña avanzara sin tropiezos a la Presa de Valencia, en Acatlán de Juárez; antes de que los pescados -más de 655 toneladas- comenzaran a flotar en el agua, tiesos, muertos. Antes, a Juan Carlos López Peña, dueño del restaurante La Chole, alzado al filo de la presa, le iba bien. Él se acuerda.
"La verdad ahorita estamos algo apagadones en las ventas", dice Juan Carlos. Comenta que el 25 de diciembre esperaban la llegada de muchas personas, pero en su restaurante sólo se ocuparon 10 mesas de las 46 disponibles. Victoria pírrica: después del ecocidio los clientes siguen visitando la zona, pero son tan pocos que los restauranteros tienen que bregar con esa situación.
Juan Carlos cuenta que antes del 27 de junio de 2013, fecha en que se consumó el ecocidio, la gente se amontonaba en La Chole. Había música en vivo. Había bufet. Se servía ceviche, pescado y caldo a montones.
A pesar de las exiguas ventas, espera que la zona vuelva a la normalidad: "Los domingos sigue habiendo más gente. Antes vendía hasta 45 mil pesos los domingos, ahorita no estoy sacando ni cinco mil".
Martín, cocinero del restaurante familiar Valencia desde hace 12 años, resalta que el 25 de diciembre llegaron al establecimiento 50 personas. Recuerda que en otros años allí se reunían más de 350 comensales.
"En estos días de vacaciones se esperaba una ocupación del 70 por ciento, porque un cien por ciento es imposible a raíz del ecocidio. No se vio buena respuesta. Se puede decir que sólo vino un 40 por ciento de la gente que se esperaba".
EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI
"La verdad ahorita estamos algo apagadones en las ventas", dice Juan Carlos. Comenta que el 25 de diciembre esperaban la llegada de muchas personas, pero en su restaurante sólo se ocuparon 10 mesas de las 46 disponibles. Victoria pírrica: después del ecocidio los clientes siguen visitando la zona, pero son tan pocos que los restauranteros tienen que bregar con esa situación.
Juan Carlos cuenta que antes del 27 de junio de 2013, fecha en que se consumó el ecocidio, la gente se amontonaba en La Chole. Había música en vivo. Había bufet. Se servía ceviche, pescado y caldo a montones.
A pesar de las exiguas ventas, espera que la zona vuelva a la normalidad: "Los domingos sigue habiendo más gente. Antes vendía hasta 45 mil pesos los domingos, ahorita no estoy sacando ni cinco mil".
Martín, cocinero del restaurante familiar Valencia desde hace 12 años, resalta que el 25 de diciembre llegaron al establecimiento 50 personas. Recuerda que en otros años allí se reunían más de 350 comensales.
"En estos días de vacaciones se esperaba una ocupación del 70 por ciento, porque un cien por ciento es imposible a raíz del ecocidio. No se vio buena respuesta. Se puede decir que sólo vino un 40 por ciento de la gente que se esperaba".
EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI