Jalisco
Falsos migrantes aprovechan ayuda de la ciudadanía
Centroamericanos de paso por Guadalajara se hicieron visibles cuando comenzaron actividades de mendicidad, explica Jorge Durand, investigador de la UdeG
GUADALAJARA, JALISCO (24/DIC/2012).- Desde hace unos dos años habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) se cuelgan una mochila al hombro, cargan con cobijas y se sitúan en las zonas donde transitan los migrantes centroamericanos. Dicen que son de Honduras, Guatemala, El Salvador y piden alguna moneda para poder llegar a Estados Unidos.
Este fenómeno se dio cuando los migrantes que venían de otros países evidenciaron su presencia en Guadalajara y combinaron su tránsito en la ciudad con actividades de mendicidad; situación aprovechada por habitantes de aquí, explica Jorge Durand, investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y especialista en este tema.
La organización tapatía FM4 Paso Libre, que se dedica al apoyo a los transmigrantes, ha realizado trabajos de campo que arrojan que sí hay personas que se hacen pasar por centroamericanos que, a partir de que los ojos de la sociedad voltearon al tema, la ciudadanía los reconoció y algunos utilizaron la causa para conseguir dinero, asegura Mónica Salmón, coordinadora de la agrupación.
Una forma de colaborar con el fenómeno migratorio y su simulación es que en lugar de dar dinero se ofrezca comida u objetos que les ayudan en el viaje; además de brindar información del tema, pues en esta medida se podrá lograr mayor inclusión y entendimiento, explica Mónica Salmón.
“¿Qué estamos haciendo como sociedad para generar estas situaciones?”, es lo que le corresponde reflexionar a la ciudadanía, refiere Salmón, además de “no criminalizar, ni a las personas migrantes, ni a quienes piden dinero en las calles”.
La situación de migrantes falsos es indicador de que un hecho trasnacional ha pasado a un sector de la sociedad mexicana carente de empleo, el cual también aprovecha la solidaridad de los ciudadanos como una estrategia de supervivencia, comenta Rosa Rojas, coordinadora de investigación de Indeso Asociación Civil, quien trabaja con grupos vulnerables.
A la baja, deportaciones en Jalisco
Los migrantes centroamericanos llegan a Guadalajara porque es un punto de la ruta del Océano Pacífico que toma el tren por el que viajan hacia el noreste del país, pero es un camino secundario. La vía más rápida para llegar a la frontera y cruzar hacia Estados Unidos es por el Golfo de México, que pasa por Tamaulipas y llega al Río Bravo, sin embargo, tiene la desventaja de ser más insegura, puesto que ahí hay más presencia de organizaciones delictivas que ven a los viajeros como su blanco, comenta Jorge Durand.
Son tres tipos de migrantes que, procedentes de Centroamérica, pasan por el país, explica el experto: los que tienen contactos en Estados Unidos y viajan con apoyo monetario; los que conocen la ruta y van y vienen por el tren; y los que viajan a su suerte, en situación extrema con el objetivo de cruzar; estos últimos son los que más se hacen evidentes en los cruceros de la ciudad.
Aunque Guadalajara aparece como la ruta segura para los migrantes, el número de deportaciones en Jalisco va a la baja, como lo señalan las estadísticas del Instituto Nacional de Migración (INM), ya que hasta octubre sólo van 91 “devoluciones”, como califica la dependencia a las deportaciones, mientras que en 2011 el número llegó a 141 y en 2010, a 182.
¿GUADALAJARA?, NO
Ruta Las Juntas-Inglaterra
El tramo que va desde Las Juntas, en Tlaquepaque, hasta el comienzo de la Avenida Inglaterra, en Guadalajara, corresponde al camino en el que los migrantes no pueden viajar sobre el tren, de ahí que se les vea transitar por distintos puntos de la ciudad, incluso pedir dinero en los cruceros, lo cual “no significan integración a la vida social y económica, ya que son acciones de alcance para una supervivencia en su paso por aquí”, explicó Mónica Salmón, y comentó que en las entrevistas y observaciones que FM4 realiza a los migrantes atendidos, la mayoría responde que no quiere quedarse en Guadalajara.
CRÓNICA
Cruceros 'internacionales' en la Perla Tapatía
Viajan rumbo a Estados Unidos para trabajar “en lo que sea”, pues la ausencia de “papeles” en este país —y no en la Unión Americana, según se les comentó en su natal Nicaragua— les impide ser reconocidas como ciudadanas. Las oportunidades en Managua, capital del país centroamericano, se vieron frustradas para ambas cuando claudicaron en el estudio debido a un embarazo temprano y no deseado. Su padre abandonó a su progenitora hace años, y éste se desentendió de cuatro hijos: dos de ellos más pequeños que Alma y Berenice Noriega, quienes a sus 18 años decidieron dejar todo atrás y subir a “La Bestia”, el promisorio transporte que les llevaría a un lugar mejor…
Pero las erratas en una mole de acero que es aprovechada tanto por ciudadanos esperanzados, como por peligrosos pandilleros con más tinta en el cuerpo que humanidad, son la constante. Las jóvenes, que aparentan una menor edad a la que defienden tener, han visto brazos, piernas y sueños destruidos cuando las vías crujen y un lamento fuerte, pero cada vez más distante, llega a sus oídos.
“Cuando escuchas que ‘La Mara’ o ‘La Migra’ se subió, hay que bajarse y correr. Pero como el tren va bien rápido, a muchos ‘los jala’ (…) Hay que darle la vuelta, perderte para que no te agarren, y luego volver a subirse. Así, como va de rápido, porque si no te quedas”.
Se les observa a ambas en la intersección de las avenidas Los Arcos y Mariano Otero. Ahí solicitan el apoyo de gente solidaria que igual les ofrece dinero, comida o un “aventón” para llevarlas a comer. Pero menos de dos décadas en este plano agudizaron su instinto, y las ofertas por un paseo cómodo en vehículos lujosos no son aceptadas. Según Berenice, “ni aunque sean familias enteras les aceptamos. No sabemos luego dónde podemos parar”.
El diálogo con ellas inicia lento y monosílabo. “Sí… No… Managua…”. Se alejan del lente del fotógrafo y piden anonimato, aunque después de un rato ambas se relajan y las palabras comienzan a fluir, ventilando el característico acento del país que las vio nacer. “No pudimos terminar los estudios, por falta de economía. Como también tenemos hijos nosotros, pues ocupan. Está difícil, mucha gente se preocupa porque viene Navidad y no apoyan”.
“No apoyan”, sentencia Berenice, y acto seguido un vehículo se detiene por el rojo en el semáforo. Su conductora toma dos sándwiches y una bolsa de plástico llena de plátanos, y lo entrega a ambas. “Gracias”, mencionan en coro. Rato más tarde, una nueva pausa a la circulación y el sonar de un claxon atrae a Alma. Se acerca con cautela y regresa con un billete de 50 pesos en la mano. En 15 minutos de diálogo frente a la grabadora esa cifra creció en cantidad, y más de 100 pesos entraron a sus bolsillos.
Una bocanada de humo de tabaco y el clamor de igualdad y no discriminación salen al mismo tiempo de su boca. Piden que la comunidad entienda que hay una vida atrás de su presencia en aquel crucero “internacional”. Y aunque la belleza de la ciudad es pretexto para considerar una estadía permanente en la Perla Tapatía, hay personas y autoridades que les recuerdan su estatus errante con gran constancia, pero aguantar sin responder y seguir recibiendo el apoyo resulta imperativo: Guadalajara aún no es su destino final, y dos niñas en Managua que apenas balbucean “mamá” cuentan con que ellas gocen de una buena suerte.
Este fenómeno se dio cuando los migrantes que venían de otros países evidenciaron su presencia en Guadalajara y combinaron su tránsito en la ciudad con actividades de mendicidad; situación aprovechada por habitantes de aquí, explica Jorge Durand, investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y especialista en este tema.
La organización tapatía FM4 Paso Libre, que se dedica al apoyo a los transmigrantes, ha realizado trabajos de campo que arrojan que sí hay personas que se hacen pasar por centroamericanos que, a partir de que los ojos de la sociedad voltearon al tema, la ciudadanía los reconoció y algunos utilizaron la causa para conseguir dinero, asegura Mónica Salmón, coordinadora de la agrupación.
Una forma de colaborar con el fenómeno migratorio y su simulación es que en lugar de dar dinero se ofrezca comida u objetos que les ayudan en el viaje; además de brindar información del tema, pues en esta medida se podrá lograr mayor inclusión y entendimiento, explica Mónica Salmón.
“¿Qué estamos haciendo como sociedad para generar estas situaciones?”, es lo que le corresponde reflexionar a la ciudadanía, refiere Salmón, además de “no criminalizar, ni a las personas migrantes, ni a quienes piden dinero en las calles”.
La situación de migrantes falsos es indicador de que un hecho trasnacional ha pasado a un sector de la sociedad mexicana carente de empleo, el cual también aprovecha la solidaridad de los ciudadanos como una estrategia de supervivencia, comenta Rosa Rojas, coordinadora de investigación de Indeso Asociación Civil, quien trabaja con grupos vulnerables.
A la baja, deportaciones en Jalisco
Los migrantes centroamericanos llegan a Guadalajara porque es un punto de la ruta del Océano Pacífico que toma el tren por el que viajan hacia el noreste del país, pero es un camino secundario. La vía más rápida para llegar a la frontera y cruzar hacia Estados Unidos es por el Golfo de México, que pasa por Tamaulipas y llega al Río Bravo, sin embargo, tiene la desventaja de ser más insegura, puesto que ahí hay más presencia de organizaciones delictivas que ven a los viajeros como su blanco, comenta Jorge Durand.
Son tres tipos de migrantes que, procedentes de Centroamérica, pasan por el país, explica el experto: los que tienen contactos en Estados Unidos y viajan con apoyo monetario; los que conocen la ruta y van y vienen por el tren; y los que viajan a su suerte, en situación extrema con el objetivo de cruzar; estos últimos son los que más se hacen evidentes en los cruceros de la ciudad.
Aunque Guadalajara aparece como la ruta segura para los migrantes, el número de deportaciones en Jalisco va a la baja, como lo señalan las estadísticas del Instituto Nacional de Migración (INM), ya que hasta octubre sólo van 91 “devoluciones”, como califica la dependencia a las deportaciones, mientras que en 2011 el número llegó a 141 y en 2010, a 182.
¿GUADALAJARA?, NO
Ruta Las Juntas-Inglaterra
El tramo que va desde Las Juntas, en Tlaquepaque, hasta el comienzo de la Avenida Inglaterra, en Guadalajara, corresponde al camino en el que los migrantes no pueden viajar sobre el tren, de ahí que se les vea transitar por distintos puntos de la ciudad, incluso pedir dinero en los cruceros, lo cual “no significan integración a la vida social y económica, ya que son acciones de alcance para una supervivencia en su paso por aquí”, explicó Mónica Salmón, y comentó que en las entrevistas y observaciones que FM4 realiza a los migrantes atendidos, la mayoría responde que no quiere quedarse en Guadalajara.
CRÓNICA
Cruceros 'internacionales' en la Perla Tapatía
Viajan rumbo a Estados Unidos para trabajar “en lo que sea”, pues la ausencia de “papeles” en este país —y no en la Unión Americana, según se les comentó en su natal Nicaragua— les impide ser reconocidas como ciudadanas. Las oportunidades en Managua, capital del país centroamericano, se vieron frustradas para ambas cuando claudicaron en el estudio debido a un embarazo temprano y no deseado. Su padre abandonó a su progenitora hace años, y éste se desentendió de cuatro hijos: dos de ellos más pequeños que Alma y Berenice Noriega, quienes a sus 18 años decidieron dejar todo atrás y subir a “La Bestia”, el promisorio transporte que les llevaría a un lugar mejor…
Pero las erratas en una mole de acero que es aprovechada tanto por ciudadanos esperanzados, como por peligrosos pandilleros con más tinta en el cuerpo que humanidad, son la constante. Las jóvenes, que aparentan una menor edad a la que defienden tener, han visto brazos, piernas y sueños destruidos cuando las vías crujen y un lamento fuerte, pero cada vez más distante, llega a sus oídos.
“Cuando escuchas que ‘La Mara’ o ‘La Migra’ se subió, hay que bajarse y correr. Pero como el tren va bien rápido, a muchos ‘los jala’ (…) Hay que darle la vuelta, perderte para que no te agarren, y luego volver a subirse. Así, como va de rápido, porque si no te quedas”.
Se les observa a ambas en la intersección de las avenidas Los Arcos y Mariano Otero. Ahí solicitan el apoyo de gente solidaria que igual les ofrece dinero, comida o un “aventón” para llevarlas a comer. Pero menos de dos décadas en este plano agudizaron su instinto, y las ofertas por un paseo cómodo en vehículos lujosos no son aceptadas. Según Berenice, “ni aunque sean familias enteras les aceptamos. No sabemos luego dónde podemos parar”.
El diálogo con ellas inicia lento y monosílabo. “Sí… No… Managua…”. Se alejan del lente del fotógrafo y piden anonimato, aunque después de un rato ambas se relajan y las palabras comienzan a fluir, ventilando el característico acento del país que las vio nacer. “No pudimos terminar los estudios, por falta de economía. Como también tenemos hijos nosotros, pues ocupan. Está difícil, mucha gente se preocupa porque viene Navidad y no apoyan”.
“No apoyan”, sentencia Berenice, y acto seguido un vehículo se detiene por el rojo en el semáforo. Su conductora toma dos sándwiches y una bolsa de plástico llena de plátanos, y lo entrega a ambas. “Gracias”, mencionan en coro. Rato más tarde, una nueva pausa a la circulación y el sonar de un claxon atrae a Alma. Se acerca con cautela y regresa con un billete de 50 pesos en la mano. En 15 minutos de diálogo frente a la grabadora esa cifra creció en cantidad, y más de 100 pesos entraron a sus bolsillos.
Una bocanada de humo de tabaco y el clamor de igualdad y no discriminación salen al mismo tiempo de su boca. Piden que la comunidad entienda que hay una vida atrás de su presencia en aquel crucero “internacional”. Y aunque la belleza de la ciudad es pretexto para considerar una estadía permanente en la Perla Tapatía, hay personas y autoridades que les recuerdan su estatus errante con gran constancia, pero aguantar sin responder y seguir recibiendo el apoyo resulta imperativo: Guadalajara aún no es su destino final, y dos niñas en Managua que apenas balbucean “mamá” cuentan con que ellas gocen de una buena suerte.