Jalisco

Día 3: y los ambulantes siguen en el Centro Histórico tapatío

Tras el anuncio del Ayuntamiento de hacer cumplir la ley, los comerciantes ilegales continúan con la venta de sus productos

GUADALAJARA, JALISCO (09/AGO/2013).- Mientras que artesanos indígenas protestan frente a Palacio Municipal de Guadalajara por su desalojo de la Plaza Tapatía, quienes son custodiados por varios policías, a dos cuadras de distancia comerciantes ambulantes continúan su venta, frente a los ojos de decenas de inspectores de la Dirección de Inspección y Vigilancia del Ayuntamiento.

En un recorrido realizado por EL INFORMADOR —a las 15:00 horas de ayer— se constató la presencia de comerciantes ambulantes en el Centro Histórico. En los andadores de Pedro Loza, Galeana, Pedro Moreno y Santa Mónica el ambiente es más agobiante. En Galeana-Santa Mónica, inspectores y ambulantes conviven en una tensa calma. Uno de los representantes del Ayuntamiento camina por el andador, mientras un hombre de tez morena, camisa sin mangas y pantalones cortos, espera a que se vaya para poner el suelo un indiscreto bulto que intenta esconder en su espalda. Apenas lo rebasa el enviado del Gobierno, y se instala. De hecho, los mismos inspectores son chocados por decenas de burbujas que producen los juguetes que venden los ambulantes, con la diferencia de que estos últimos ya no gritan “Llévele, llévele. A diez, a diez”.

Señalan que los inspectores sancionan a algunos ambulantes, y a otros los dejan vender, explican que los mismos inspectores tienen miedo a los grupos de vendedores informales. “Porque si levantas a uno se te echan todos encima”.

Un incidente interrumpe la conversación. Cuatro policías rodean a un ambulante, lo orillan a una esquina de Plaza Guadalajara. “¡Se lo quieren llevar!”, gritaban varias mujeres. “Agustín” estaba cabizbajo, explicaba que un inspector se le acercó, él le quiso entregar sus productos (como marca el proceso legal), pero el <strong>trabajador</strong> de Inspección y Vigilancia llamó a los policías. El incidente duró diez minutos. Y tras escuchar al vendedor, sólo le levantaron un folio de amonestación.

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