Internacional

Yihadistas mutilan el pasado para destruir el futuro

Ataques contra el patrimonio cultural buscan acabar con la reconciliación en Iraq y Siria

MADRID, ESPAÑA (22/JUN/2015).- La guerra de los yihadistas del Estado Islámico (EI) contra los vestigios arqueológicos no tiene nada que ver con el pasado, sino con el presente. Los daños al patrimonio que padece Medio Oriente, sobre todo en Siria e Iraq, aunque también en Yemen, son para los historiadores los peores que ha sufrido el mundo desde la II Guerra Mundial. Nunca desde aquel cataclismo se había atacado de forma tan sistemática la historia.

“Cuando las matanzas se detengan, la sangre se seque y los sirios traten de construir algo desde los escombros, necesitarán símbolos. Mutilar el pasado del país destruye también su futuro. No sólo están amenazadas piedras milenarias”, señala el historiador Tom Holland en respuesta a una pregunta sobre por qué se concede tanta importancia a los daños que están sufriendo las piedras en un conflicto que ha costado la vida a 220 mil personas.

Este británico, autor de libros como "A la sombra de las espadas" o "Fuego persa", prosigue: “Es terrible, además, porque Medio Oriente es el lugar donde nació la cultura urbana y cuando esas antigüedades son destruidas, también lo es el patrimonio global de la humanidad”.

La destrucción que ha sufrido el patrimonio de Medio Oriente en los últimos años resulta difícil de evaluar en medio de la guerra, y los peores destrozos no se deben sólo a los yihadistas de Estado Islámico, sino a los combates y bombardeos del régimen de Damasco.

La semana antepasada un bombardeo en Yemen, atribuido a Arabia Saudí, aunque Riad lo niega, destruyó varios edificios del casco histórico de Saná. Después de la destrucción por el EI del museo de Mosul o las ruinas partas de Hatra, el hecho de que ondee sobre Palmira su bandera negra hace temer que lo peor esté todavía por llegar.

Un nuevo mapa de Oriente

Michael Danti, profesor asistente de arqueología en la Universidad de Boston que ha trabajado 20 años en Siria, es uno de los impulsores de la Syrian Heritage Initiative, un proyecto para tratar de proteger el patrimonio de este país. “Arrasar el patrimonio es una forma de ampliar el conflicto. Borrando el pasado pretenden trazar un nuevo mapa de Medio Oriente”, afirma Danti, quien cree que se trata “de la peor crisis cultural desde la II Guerra Mundial”.

Nada al Hassan, responsable de la unidad de países árabes del Centro para el Patrimonio Mundial de la Unesco, asegura: “Alepo se encuentra como Berlín o Varsovia en 1945. Cuando nos preguntan por qué concedemos tanta importancia al patrimonio, nuestra respuesta es que los seres humanos son más importantes que cualquier cosa. Pero la pérdida del patrimonio representa un trauma porque es una pérdida de su memoria, de su identidad histórica, de sus raíces”.

El País

Devastación histórica de su cultura

MADRID, ESPAÑA.-
La historia de la guerra ha estado siempre marcada por la aniquilación de la cultura del otro. Durante la II Guerra Mundial, muchas ciudades que forjaron la historia de Europa fueron borradas del mapa. Al final de las guerras púnicas, Roma sembró sal sobre las ruinas de Cartago. Y el Holocausto estuvo acompañado de la destrucción de cementerios y sinagogas: los nazis no sólo quisieron exterminar a los judíos europeos, sino también borrar sus huellas culturales.

La destrucción de la cúpula de la mezquita dorada de Samarra en 2006 desató la guerra civil entre chiíes y suníes en Iraq. Durante la guerra de Bosnia, el patrimonio musulmán fue un objetivo militar constante de los serbios, con atrocidades culturales como la voladura en 1993 de la mezquita de Ferhadija en Banja Luka, del siglo XVI, uno de los edificios islámicos más importantes de Europa. El más inmediato precedente es la voladura por los talibanes afganos de los budas de Bamiyán.

En todos los casos, la violencia contra la cultura representaba sólo una parte de la destrucción de un pueblo. Para James Gelvin, profesor de historia de Medio Oriente en la Universidad de California (Los Ángeles) y experto en Siria, “el vandalismo del Estado Islámico es una metáfora de los horrores que está perpetrando”.

Stephennie Mulder, profesora de arte y arquitectura islámica en la Universidad de Austin (Texas), que ha trabajado en la ciudad medieval siria de Balis, asegura: “No hay nada tan importante como las vidas de los seres humanos. Pero la cultura es una parte esencial de nosotros. El patrimonio es una de las formas más poderosas para entender quiénes somos”.

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