Internacional
Policía brasileña ''barre'' la favela más grande de Río
Los agentes de seguridad efectúan una limpia entre las pandillas, previo al Mundial de futbol y las Olimpiadas
RÍO DE JANEIRO (14/NOV/2011).- Más de tres mil policías y soldados respaldados por vehículos blindados y helicópteros militares irrumpieron antes del amanecer del domingo en la favela más grande de Río de Janeiro, y tomaron rápidamente el control de un barrio dominado durante décadas por una pandilla armada.
La toma de Rocinha fue la operación más vasta hasta ahora en los esfuerzos del Gobierno para aumentar la seguridad antes de que Río de Janeiro sea la sede de partidos de la Copa Mundial de futbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016. Las autoridades cuentan con que esos acontecimientos resalten el ascenso de Brasil como potencia económica, política y cultural en el mundo.
El jefe de seguridad estatal y principal arquitecto del programa de pacificación de las barriadas pobres de Río, José Mariano Beltrame, calificó la operación como un éxito y un gran paso para romper el dominio de los traficantes en zonas clave de Río.
“Hemos tomado áreas que durante 30 o 40 años estuvieron en manos de un poder paralelo”. Agregó: “Ésta es un área muy grande. Es una de las barriadas pobres más grandes de América Latina, si no del mundo. Estamos devolviendo la dignidad y el territorio a la gente”.
La acción en Rocinha es parte de una campaña para expulsar a las pandillas de narcotraficantes de las favelas de la ciudad, donde esos grupos a menudo imperan sin que nadie se los impida. La ciudad de Rio de Janeiro tiene más de mil, en las que vive aproximadamente una tercera parte de sus seis millones de habitantes.
Las autoridades dijeron que les tomó apenas 90 minutos apoderarse de Rocinha. Simultáneamente, la Policía ocupó la favela vecina de Vidigal, dominada previamente por la pandilla Amigos de Amigos.
Ambas favelas están ubicadas entre dos de los barrios más acaudalados de Rio, y las casuchas de Rocinha trepan una ladera cubierta de selva tropical. Ayer, la Policía barrió metódicamente calles y callejones en su ascenso por la empinada favela.
Los helicópteros continuaban volando sobre la favela y la selva colindante horas después, mientras la Policía perseguía a sospechosos que pudieron haber huido a la selva. Al atardecer, la Policía dijo que sólo había hecho cuatro arrestos.
En un asta improvisada, rodeada por una maraña de cables eléctricos, los oficiales del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) enarbolaron entre vítores el pabellón nacional y la bandera de Rio de Janeiro. “Rocinha, Rocinha, Rocinha”, repetían los moradores emocionados.
A la ceremonia asistieron representantes de las otras fuerzas del orden que participaron de la toma policial de esta populosa favela de 120 mil habitantes, ubicada en el corazón de los barrios ricos de la ciudad.
AP/AFP
Ficha Técnica
Violencia en barrios
La toma de Rocinha se produce al final de un año decisivo en la lucha contra las bandas de narcotraficantes. El programa de Río para instalar “unidades de pacificación policial” permanentes en los barrios pobres se inició en 2008.
En noviembre del año pasado, las pandillas contraatacaron con una ofensiva de una semana de ataques, con quema de autobuses y asaltos a conductores en las autopistas que sembraron terror y caos.
Al menos 36 personas murieron en la ola de violencia, en su mayoría presuntos traficantes de droga que combatían a la policía.
La toma de Rocinha fue la operación más vasta hasta ahora en los esfuerzos del Gobierno para aumentar la seguridad antes de que Río de Janeiro sea la sede de partidos de la Copa Mundial de futbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016. Las autoridades cuentan con que esos acontecimientos resalten el ascenso de Brasil como potencia económica, política y cultural en el mundo.
El jefe de seguridad estatal y principal arquitecto del programa de pacificación de las barriadas pobres de Río, José Mariano Beltrame, calificó la operación como un éxito y un gran paso para romper el dominio de los traficantes en zonas clave de Río.
“Hemos tomado áreas que durante 30 o 40 años estuvieron en manos de un poder paralelo”. Agregó: “Ésta es un área muy grande. Es una de las barriadas pobres más grandes de América Latina, si no del mundo. Estamos devolviendo la dignidad y el territorio a la gente”.
La acción en Rocinha es parte de una campaña para expulsar a las pandillas de narcotraficantes de las favelas de la ciudad, donde esos grupos a menudo imperan sin que nadie se los impida. La ciudad de Rio de Janeiro tiene más de mil, en las que vive aproximadamente una tercera parte de sus seis millones de habitantes.
Las autoridades dijeron que les tomó apenas 90 minutos apoderarse de Rocinha. Simultáneamente, la Policía ocupó la favela vecina de Vidigal, dominada previamente por la pandilla Amigos de Amigos.
Ambas favelas están ubicadas entre dos de los barrios más acaudalados de Rio, y las casuchas de Rocinha trepan una ladera cubierta de selva tropical. Ayer, la Policía barrió metódicamente calles y callejones en su ascenso por la empinada favela.
Los helicópteros continuaban volando sobre la favela y la selva colindante horas después, mientras la Policía perseguía a sospechosos que pudieron haber huido a la selva. Al atardecer, la Policía dijo que sólo había hecho cuatro arrestos.
En un asta improvisada, rodeada por una maraña de cables eléctricos, los oficiales del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) enarbolaron entre vítores el pabellón nacional y la bandera de Rio de Janeiro. “Rocinha, Rocinha, Rocinha”, repetían los moradores emocionados.
A la ceremonia asistieron representantes de las otras fuerzas del orden que participaron de la toma policial de esta populosa favela de 120 mil habitantes, ubicada en el corazón de los barrios ricos de la ciudad.
AP/AFP
Ficha Técnica
Violencia en barrios
La toma de Rocinha se produce al final de un año decisivo en la lucha contra las bandas de narcotraficantes. El programa de Río para instalar “unidades de pacificación policial” permanentes en los barrios pobres se inició en 2008.
En noviembre del año pasado, las pandillas contraatacaron con una ofensiva de una semana de ataques, con quema de autobuses y asaltos a conductores en las autopistas que sembraron terror y caos.
Al menos 36 personas murieron en la ola de violencia, en su mayoría presuntos traficantes de droga que combatían a la policía.