Internacional

Los griegos ya no confían en su Gobierno

Aunque la muerte del joven Alexander Grigorópulos desató la violencia en el país, los ciudadanos ya mostraban su descontento con el sistema

ATENAS.- La política, en Grecia, se lleva en el ADN, y no sólo entre la población, voraz consumidora de tertulias televisivas, sino especialmente entre los líderes. Apellidos como Karamanlis, Papandreu y Venizelos demuestran que el poder tiene algo de hereditario en la reciente historia de Grecia. El actual primer ministro, Kostas Karamanlis, repite el cargo que ya desempeñó su tío. Yorgos Papandreu, líder de los socialistas, es el tercer representante de la dinastía tras su abuelo, Georges, y su padre, Andreas, en labores tanto de Gobierno como de oposición. Y el apellido Venizelos, el del primer presidente de la Grecia independiente, se sienta más de un siglo después en el Parlamento.

Pero este sistema, basado en los clanes y las dinastías y, sobre todo, en un marcado bipartidismo, puede tener las horas contadas. La violencia desatada estos días ha puesto de manifiesto la crisis institucional, política y de concepto que arrastra el país. En las tertulias políticas que proliferan en todas las cadenas de televisión, se advertía a los políticos que el sistema está en crisis.

“Debemos preguntarnos qué Policía queremos, qué Policía necesitamos y para qué. Los ciudadanos han perdido la confianza en el Gobierno. ¿Qué crisis tenemos? ¿Es acaso una novedad? No, esto no es nuevo”, comentaba una persona.

El rector de la Universidad de Atenas, con 38 años de experiencia docente, no podía decirlo más claro en otro programa de opinión: “Los jóvenes ya no nos creen. Nos respetan, o nos toleran, pero ya no nos creen. Les hemos hecho perder la esperanza en el sistema”.

A la alternancia de derecha e izquierda en el poder contribuye mucho la desunión de la izquierda. Hasta hace no mucho, había dos partidos comunistas, el del Exterior y el del Interior. El Partido Comunista de Grecia, heredero del tradicional prosoviético, y Sinaspismos, una reciente coalición de partidos de izquierda —incluido otro comunista con distinta filiación—, siguen enzarzados en una lucha sin cuartel, hasta el punto de que el diario “To Vima” titulaba el miércoles “Guerra civil en la izquierda” en alusión a sus desencuentros y sus andanadas casi diarias. Los secretarios generales de ambas formaciones, enemigos irreconciliables, fueron recibidos el martes pasado por el primer ministro, pero ninguno le brindó su apoyo para una concertación nacional que permitiera al país salir de la crisis.

Alekos Alabanos, líder del Sinaspismos, se encaró incluso con los periodistas a la salida de Megaro Maximu, la residencia de Karamanlis. “¿Dicen que celebro la violencia?”, les espetó. El diario “To Vima” le recordaba el miércoles que, de momento, es lo único que aún no ha hecho.

Para atizar más los ánimos, una encuesta de opinión del instituto demoscópico BMR —realizada días antes de la crisis— ponía un caramelo en la boca a Yorgos Papandreu. Si se celebraran ahora elecciones, como reclama, su partido, el Pasok, aventajaría con 32.2% de la intención de voto al gubernamental Nueva Democracia, que obtendría 27.4 por ciento. La tercera fuerza sería la coalición Sinaspismos (8.8%), seguida por el Partido Comunista de Grecia (7.6%), Laos (derecha populista, 4.3%) y los Verdes (3.2 por ciento).

Papandreu aprovechó la bonanza de los datos para sumarse a una manifestación silenciosa, con velas, en el centro de Atenas, mientras el resto de la ciudad se sumía en nuevos episodios de violencia, puede que recrudecidos por la falta de respuesta institucional al profundo malestar del país.
(El País)

• Un joven patea a un policía antidisturbios en Atenas. Los disturbios en la capital y en otras ciudades griegas iniciaron cuando un policía mató de un disparo al joven de 16 años, Alexander Grigorópulos. En la imagen inferior, una joven deja una flor en el lugar donde el adolescente fue asesinado.
EFE

El rector de la Universidad de Atenas acepta que los jóvenes ya no les creen, “les hemos hecho perder la esperanza en el sistema”

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