Internacional

Hugo Moyano toma el lugar de la oposición al kirchnerismo

Tras romper con Cristina Fernández, el camionero lidera la burocracia sindical peronista, que siempre parece abierta a negociar con el Gobierno

BUENOS AIRES, ARGENTINA (16/JUL/2012).- Más de una vez, a Hugo Moyano, el líder sindical que viene de erigirse en una suerte de jefe de la oposición al gobierno kirchnerista, lo apodaron el “Hoffa” argentino. A decir por el poder que supo acumular en más de 23 años al frente del Sindicato de Camioneros y otros ocho al frente de la Confederación General del Trabajo (CGT), ese apodo, que lo emparenta con Jimmy Hoffa, el líder sindicalista estadounidense desaparecido en 1975, le calza a la medida.

En Argentina, Moyano aparece como la expresión acabada del sindicalista peronista. Es el representante de una estructura poderosa y coercitiva desde que surgiera como se lo conoce hoy, en la primera etapa peronista (1945-1955). “La columna vertebral del Movimiento”, había bautizado Juan Domingo Perón a la hora de describir su creación más perfecta, la estructura sindical tal cual se la conoce hoy. Una maquinaria de acumulación política que a pesar de la destrucción económica de los años 90 y comienzos del Siglo XXI, goza de buena salud.

En el sindicalismo, justamente, se había apoyado el fundador del peronismo para construir su poder y fue el sindicalismo el que encabezó la resistencia durante los años de la proscripción y el que supo fungir de vanguardia peronista, cuando tras la recuperación de la democracia, no existía el partido y el gobierno era el de Raúl Ricardo Alfonsín.

La lucha por entonces fue tan encarnizada que al líder radical le realizaron 13 huelgas generales en cinco años y hasta lograron, por el carácter coercitivo y por las fantasías de los hombres que rodeaban a Alfonsín, colocar a uno de sus dirigentes en el Ministerio de Trabajo. En eso siempre los ayudó esa dualidad constante que caracterizó al sindicalismo. Siempre cohabitaron un sector dialoguista y otro combativo.

Cada vez que un gobierno peronista necesita encarar una etapa de ajuste económico, como ocurre actualmente con la administración de Cristina Kirchner, desde el sindicalismo surgen los más cercanos al Gobierno de turno y los más combativos.

El nuevo mapa sindical quedó plasmado el pasado jueves tras la reelección de Moyano al frente de la CGT. El camionero encarna la oposición al kirchnerismo y el metalúrgico Antonio Caló, quien dice merecer el cargo, no es otro que “el hombre del Gobierno” entre los representantes de los trabajadores. Al menos hasta que la tormenta escampe y el sindicalismo peronista vuelva a ser uno solo, unido, para buscar más y más poder, en honor a su esencia burocrática. Así ha funcionado desde 1945.

“Lo que Moyano y Caló representan es lo que en Argentina se conoce como burocracia sindical, la antítesis del movimiento obrero clasista de los años 60 y 70. Siempre abiertos a la negociación con las patronales y los gobiernos y con un gran poder económico que no siempre es fácil justificar”, según explica el sociólogo Flavio Guberman.

De hecho, Moyano tiene varias causas abiertas en la Justicia mientras que otros de sus colegas, como el líder de los bancarios, Juan José Zanola, o el ferroviario José Pedraza, se encuentran en prisión, uno por la adulteración de medicamentos, el otro por el crimen del militante troskista Mariano Ferreira, hace dos años. A los tres los une una particularidad: son hombres que administran una sólida fortuna personal.

“Con Moyano y con otros dirigentes de su sector mantenemos profundas diferencias, pero en los años 90, cuando gran parte de la burocracia sindical estaba acompañando la destrucción de la industria y de los trenes, Moyano al igual que nosotros estaba en la calle peleando contra todo eso”, explica Rubén el Pollo Sobrero, delegado del ferrocarril Sarmiento, quien no está encuadrado en ninguna de las facciones sindicales.

A diferencia del más carismático de sus antecesores, el fallecido Saúl Ubaldini —el sindicalista de ese sector que mejor llegó a mediar en las encuestas—, Moyano tiene un proyecto político. Ya lo advirtió el jueves, cuando dijo que “los trabajadores vamos a repensar el voto en 2013”.

Su ruptura con la presidenta Cristina Kirchner se justificó en parte porque “no fueron incluidos suficientes representantes de los trabajadores en las listas de diputados”, tal como lo advirtió en su momento su mano derecha, el líder de los trabajadores de la Justicia, Julio Piumato. Y es que Moyano siente, como dijo en marzo último, “que ya es el momento que un trabajador llegue a la presidencia”.

Ambicioso y conocedor de los códigos del peronismo y de los resortes del poder, Moyano leyó que no existe la oposición y fue a ocupar su lugar. Desde ese peldaño, mientras recibe múltiples ataques del Gobierno, y tal como lo afirmó uno de sus hombres de confianza, “el próximo presidente deberá contar con el visto bueno del movimiento obrero”. Y el movimiento obrero hoy se llama Hugo Moyano.


TELÓN DE FONDO

Ubaldini, la típica forma de “hacer” sindicalismo


La crisis sindical que vive estos días en Argentina, no es nueva. La historia es rica en ejemplos.

Una referencia obligada la encarna la figura del hoy fallecido Saúl Ubaldini.

Durante la dictadura militar, Ubaldini fue parte del proceso que llevó a la unidad de varias corrientes gremiales contra el autodenominado Proceso de Reorganización Sindical, una obra de arquitectura política que terminó por reunir en un mismo ámbito a sindicalistas que colaboraban con los militares como aquellos que se oponían.

Ubaldini, dirigente del pequeño sindicato de los trabajadores de la carne, participó de la Comisión de los 25 (sindicatos de perfil combativo) que convocaría al primer paro general contra la dictadura.

Este proceso de consolidación sindical derivó en la fundación de la CGT Brasil, en noviembre de 1980, la que fue su secretario general, apadrinado por la combativa Comisión de los 25, las derechistas 62 Organizaciones Peronistas y la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que en ese entonces coqueteaba con el régimen militar, inspirada por su líder, Lorenzo Miguel.

Ya con el advenimiento de la democracia, y con el radical Raúl Ricardo Alfonsín en el Gobierno, la CGT de Saúl Ubaldini organizó 13 paros generales contra el entonces inquilino de la Casa Rosada; la sucesión de medidas de fuerza en el contexto de la naciente democracia argentina, debilitaron de alguna forma la gestión alfonsinista.

Ya con Carlos Saúl Menem en el Gobierno, Ubaldini, de extracción peronista, perdió peso, y las relaciones de poder entre sindicatos y Gobierno tuvieron un nuevo actor: Luis Barrionuevo.

El mérito de Ubaldini fue reorganizar el movimiento obrero en un contexto de opresión militar y su debilidad fue anteponer su ideología a los intereses de los trabajadores, durante la presidencia de Alfonsín.

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