Internacional
Hoy eligen al candidato que hará frente a Hugo Chávez
Por primera vez la oposición competirá con abanderado único; las encuestas favorecen a Henrique Capriles
CARACAS, VENEZUELA (12/FEB/2012).- Pocos ataques y muchas sonrisas. Las elecciones primarias de la oposición venezolana se distinguen de otras competiciones políticas. Los cinco aspirantes, convocados por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) –una insólita coalición de más de 20 partidos que van desde el centro-derecha hasta la izquierda más radical–, comparten el mismo objetivo: impedir que el presidente venezolano, Hugo Chávez, sea reelegido por tercera vez consecutiva tras 13 años en el poder. Los partidos opositores, que ya han vencido matemáticamente a Chávez, han concluido que para derrotarle es necesario unirse.
El siguiente paso es vencer el miedo de los electores. Todos los venezolanos con derecho a voto –dentro y fuera del país– podrán participar. Pero se espera que sólo acudan a las urnas quienes no teman ser identificados con la oposición. El miedo no es infundado: desde 2004, el Gobierno ha utilizado la base de datos de electores que solicitaron un referendo revocatorio contra Chávez para purgar la Administración de “traidores”. El oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela también ha advertido a los suyos que quien se atreva a votar este domingo automáticamente dejará de ser uno de sus militantes.
La oposición insiste en que el secreto del voto está garantizado. “El Gobierno tiene miedo y por eso quiere asustarnos a todos los venezolanos con una especie de amenaza velada”, ha dicho Ramón Guillermo Aveledo, coordinador general de la MUD, una y otra vez en radio, prensa y televisión. Una encuesta realizada en enero apunta que estas elecciones interesan a menos de 25% de los electores del país. Tanto en los comicios regionales de 2008 como en las parlamentarias de 2009, la oposición ha demostrado que es capaz de obtener cerca de cuatro millones de votos. Pero se necesitan más para destronar a Chávez.
“Matemáticamente, Chávez ha sido derrotado varias veces. La oposición ha sacado más votos que él en las últimas elecciones. El problema es transformar esa posibilidad matemática en una posibilidad política”, sostiene Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual, ex dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS) y unos de los más férreos críticos del Gobierno. Petkoff calcula que para poder ganarle a Chávez es preciso arrancarle al menos 10% de sus votos. ¿Cómo debería ser el candidato? Un socialdemócrata, cree Petkoff, de lenguaje sencillo, combativo, que esté dispuesto a responder a los insultos de Chávez “con una palabrota” cuando sea necesario.
Cinco candidatos se han inscrito en la carrera para alcanzar esa meta. Ellos son: el gobernador del Estado capitalino de Miranda, Henrique Capriles Radonski; el gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez; la diputada independiente María Corina Machado; el ex embajador Diego Arria, y el ex parlamentario y disidente del chavismo Pablo Medina. El precandidato favorito, con 55.9% de intención de voto, es Capriles Radonski: abogado a punto de cumplir 40 años.
Capriles comenzó en la política casi a la par de Chávez. Fue presidente de la Cámara de Diputados en 1998. Fue dos veces alcalde del municipio capitalino de Baruta, entre 2000 y 2008, y luego fue electo gobernador de Miranda. Estuvo preso entre mayo y septiembre de 2004, luego de ser acusado por el Gobierno de participar en el asalto a la Embajada de Cuba en Caracas durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que derrocó a Chávez durante 48 horas. Fue juzgado y absuelto por este mismo delito en cuatro oportunidades. Él ha prometido ser el presidente de todos los venezolanos: “De los que piensan como yo y de los que piensen distinto a mí”, ha dicho a lo largo de su campaña, con la fe de que ese discurso de reconciliación se traduzca en votos este domingo.
SONDEOS PONEN AL POLÍTICO EN SEGUNDO LUGAR
Pablo Pérez, el ''delfín'' de los partidos tradicionales
CARACAS, VENEZUELA.- Si fuese cierto que los partidos tradicionales son el motor que mueve la maquinaria de los votos en Venezuela, el actual gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez, podría convertirse hoy en el candidato único de la oposición que se enfrentará a Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 7 de octubre.
Pérez, abogado, de 42 años, cuenta con el apoyo de los socialdemócratas de Acción Democrática y de los socialcristianos de Copei, los dos grupos políticos que entre 1958 y 1993 se alternaron en el poder en el país. También lo avala su partido, Un Nuevo Tiempo, y es el “delfín” de Manuel Rosales, gobernador de Zulia entre 2000 y 2008, que se enfrentó a Chávez, sin éxito, en los comicios de 2006 y que ahora está en el exilio.
Las encuestas sobre la intención de voto ubican a Pérez en el segundo lugar. El candidato dice saber cómo se vive “el dolor en un barrio” pobre de Venezuela. Habla con vehemencia, se regodea en los modismos. Procura enviar mensajes a cada bando de este país polarizado. El miércoles, en uno de sus actos de cierre de campaña, prometió ‘liberar a la patria de la invasión castrista y mantenerla fuera de la influencia de todo imperialismo o intento de colonización’. Ese discurso, descrito por quienes le apoyan como ‘llano’, ‘sencillo’ y ‘cercano’, es el que podría ayudarle a sumar votos de los sectores más populares del chavismo descontento. Sus adversarios creen que no basta con llamarse Pablo Pérez para lograr lo que Chávez consiguió: ser percibido por el pueblo como uno más de ellos.
EL PAÍS
El siguiente paso es vencer el miedo de los electores. Todos los venezolanos con derecho a voto –dentro y fuera del país– podrán participar. Pero se espera que sólo acudan a las urnas quienes no teman ser identificados con la oposición. El miedo no es infundado: desde 2004, el Gobierno ha utilizado la base de datos de electores que solicitaron un referendo revocatorio contra Chávez para purgar la Administración de “traidores”. El oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela también ha advertido a los suyos que quien se atreva a votar este domingo automáticamente dejará de ser uno de sus militantes.
La oposición insiste en que el secreto del voto está garantizado. “El Gobierno tiene miedo y por eso quiere asustarnos a todos los venezolanos con una especie de amenaza velada”, ha dicho Ramón Guillermo Aveledo, coordinador general de la MUD, una y otra vez en radio, prensa y televisión. Una encuesta realizada en enero apunta que estas elecciones interesan a menos de 25% de los electores del país. Tanto en los comicios regionales de 2008 como en las parlamentarias de 2009, la oposición ha demostrado que es capaz de obtener cerca de cuatro millones de votos. Pero se necesitan más para destronar a Chávez.
“Matemáticamente, Chávez ha sido derrotado varias veces. La oposición ha sacado más votos que él en las últimas elecciones. El problema es transformar esa posibilidad matemática en una posibilidad política”, sostiene Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual, ex dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS) y unos de los más férreos críticos del Gobierno. Petkoff calcula que para poder ganarle a Chávez es preciso arrancarle al menos 10% de sus votos. ¿Cómo debería ser el candidato? Un socialdemócrata, cree Petkoff, de lenguaje sencillo, combativo, que esté dispuesto a responder a los insultos de Chávez “con una palabrota” cuando sea necesario.
Cinco candidatos se han inscrito en la carrera para alcanzar esa meta. Ellos son: el gobernador del Estado capitalino de Miranda, Henrique Capriles Radonski; el gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez; la diputada independiente María Corina Machado; el ex embajador Diego Arria, y el ex parlamentario y disidente del chavismo Pablo Medina. El precandidato favorito, con 55.9% de intención de voto, es Capriles Radonski: abogado a punto de cumplir 40 años.
Capriles comenzó en la política casi a la par de Chávez. Fue presidente de la Cámara de Diputados en 1998. Fue dos veces alcalde del municipio capitalino de Baruta, entre 2000 y 2008, y luego fue electo gobernador de Miranda. Estuvo preso entre mayo y septiembre de 2004, luego de ser acusado por el Gobierno de participar en el asalto a la Embajada de Cuba en Caracas durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que derrocó a Chávez durante 48 horas. Fue juzgado y absuelto por este mismo delito en cuatro oportunidades. Él ha prometido ser el presidente de todos los venezolanos: “De los que piensan como yo y de los que piensen distinto a mí”, ha dicho a lo largo de su campaña, con la fe de que ese discurso de reconciliación se traduzca en votos este domingo.
SONDEOS PONEN AL POLÍTICO EN SEGUNDO LUGAR
Pablo Pérez, el ''delfín'' de los partidos tradicionales
CARACAS, VENEZUELA.- Si fuese cierto que los partidos tradicionales son el motor que mueve la maquinaria de los votos en Venezuela, el actual gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez, podría convertirse hoy en el candidato único de la oposición que se enfrentará a Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 7 de octubre.
Pérez, abogado, de 42 años, cuenta con el apoyo de los socialdemócratas de Acción Democrática y de los socialcristianos de Copei, los dos grupos políticos que entre 1958 y 1993 se alternaron en el poder en el país. También lo avala su partido, Un Nuevo Tiempo, y es el “delfín” de Manuel Rosales, gobernador de Zulia entre 2000 y 2008, que se enfrentó a Chávez, sin éxito, en los comicios de 2006 y que ahora está en el exilio.
Las encuestas sobre la intención de voto ubican a Pérez en el segundo lugar. El candidato dice saber cómo se vive “el dolor en un barrio” pobre de Venezuela. Habla con vehemencia, se regodea en los modismos. Procura enviar mensajes a cada bando de este país polarizado. El miércoles, en uno de sus actos de cierre de campaña, prometió ‘liberar a la patria de la invasión castrista y mantenerla fuera de la influencia de todo imperialismo o intento de colonización’. Ese discurso, descrito por quienes le apoyan como ‘llano’, ‘sencillo’ y ‘cercano’, es el que podría ayudarle a sumar votos de los sectores más populares del chavismo descontento. Sus adversarios creen que no basta con llamarse Pablo Pérez para lograr lo que Chávez consiguió: ser percibido por el pueblo como uno más de ellos.
EL PAÍS