Entretenimiento
Un polémico pedazo de Hollywood en la vieja Transilvania
Desde hace tres años, seis letras blancas en lo alto de la montaña llaman la atención del visitante
BRASOV, RUMANÍA.-Desde hace tres años, seis letras blancas en lo alto de la montaña llaman la atención del visitante cuando sube al centro de Brasov desde las estaciones de tren y de "maxi-taxi" (así llaman los rumanos a los minibuses).
"Mira, ¡como en Hollywood!", exclaman señalando a las blancas letras un grupo de misioneros norteamericanos de los Testigos de Jehová, en una calle del centro de la ciudad, y estallan a reír en sonoras carcajadas que parecen muy poco piadosas.
"BRASOV", se lee entre los últimos árboles y rocas antes del cielo.
Abajo, a los pies de la célebre montaña Tampa, coronada por un "kitsch hollywoodiano", tejados rojos de germánicas casas de diversos colores y torres medievales acabadas en punta se despliegan armoniosas dibujando el bucólico centro histórico.
Representan el letrero y el viejo burgo austro-húngaro mundos irreconciliables y opuestos, un violento contraste más simbólico que estético, que despierta la curiosidad de los turistas y provoca en los vecinos de esta ciudad transilvana de 300 mil habitantes animadas polémicas.
El taxista Lucian Girdu es, además de un ávido negociante, un gran defensor de la inscripción inspirada en la Meca del Cine. Ofrece a sus clientes forasteros visitas guiadas por los tesoros escondidos e inaccesibles de Brasov, y celebra con entusiasmo el letrero que convierte a la ciudad en "el Hollywood de Europa", algo "único" en todo el Viejo Continente.
De distinta opinión es el profesor universitario de la Facultad de Silvicultura Ovidiu Ionescu.
"Es una cosa muy kitsch que no me gusta. Ya puestos, podrían hacer otro en letras góticas, germánicas", dice con ironía a EFE Ionescu, aludiendo al origen y la impronta germánica de Brasov, a cuya fundación en el siglo XIII contribuyeron los colonos germanos traídos por los reyes húngaros propietarios del territorio.
La periodista Oltita Stiuj, del diario de "Brasov Monitorul Express", recuerda que cuando el Consejo Provincial aprobó poner las letras en la representativa montaña Tampa muchos compararon la iniciativa con "escribirse el propio nombre en la frente".
"Les parecía una manipulación innecesaria de algo bello y verdadero dado por Dios", explica Stiuj, y cuenta que el letrero fue objeto de debates partidistas entre los políticos, criticado también por los gastos de dinero y energía que supone su iluminación nocturna.
Cornel es un viejo hablador y borrachín que acecha a los visitantes en las calles buenas de la ciudad.
Pregunta a los peatones dubitativos adónde se dirigen, les indica el camino más corto y les acompaña algunos metros antes de pedirles unos "lei" para "un vasito de spritz" -el muy popular vino blanco con agua con gas.
"Brasov es el lugar más bonito del mundo, calles limpias, gente amable, edificios bonitos y mucha historia. En ningún lugar estará usted tan bien como en Brasov", recita mecánicamente, como si hablara para sí mismo.
"Y dígame en qué otra ciudad tienen algo como eso, ¡como los americanos!", exclama señalando el letrero en lo alto de la montaña, con convicción de publicista oficial.
Menos apasionada se muestra Andreea Liana Blendea, una licenciada en Economía de Brasov de 27 años.
"No me encanta, pero tampoco me molesta. Me gusta cómo se ve por la noche, iluminado en medio de la montaña oscura", explica Andreea.
"Mira, ¡como en Hollywood!", exclaman señalando a las blancas letras un grupo de misioneros norteamericanos de los Testigos de Jehová, en una calle del centro de la ciudad, y estallan a reír en sonoras carcajadas que parecen muy poco piadosas.
"BRASOV", se lee entre los últimos árboles y rocas antes del cielo.
Abajo, a los pies de la célebre montaña Tampa, coronada por un "kitsch hollywoodiano", tejados rojos de germánicas casas de diversos colores y torres medievales acabadas en punta se despliegan armoniosas dibujando el bucólico centro histórico.
Representan el letrero y el viejo burgo austro-húngaro mundos irreconciliables y opuestos, un violento contraste más simbólico que estético, que despierta la curiosidad de los turistas y provoca en los vecinos de esta ciudad transilvana de 300 mil habitantes animadas polémicas.
El taxista Lucian Girdu es, además de un ávido negociante, un gran defensor de la inscripción inspirada en la Meca del Cine. Ofrece a sus clientes forasteros visitas guiadas por los tesoros escondidos e inaccesibles de Brasov, y celebra con entusiasmo el letrero que convierte a la ciudad en "el Hollywood de Europa", algo "único" en todo el Viejo Continente.
De distinta opinión es el profesor universitario de la Facultad de Silvicultura Ovidiu Ionescu.
"Es una cosa muy kitsch que no me gusta. Ya puestos, podrían hacer otro en letras góticas, germánicas", dice con ironía a EFE Ionescu, aludiendo al origen y la impronta germánica de Brasov, a cuya fundación en el siglo XIII contribuyeron los colonos germanos traídos por los reyes húngaros propietarios del territorio.
La periodista Oltita Stiuj, del diario de "Brasov Monitorul Express", recuerda que cuando el Consejo Provincial aprobó poner las letras en la representativa montaña Tampa muchos compararon la iniciativa con "escribirse el propio nombre en la frente".
"Les parecía una manipulación innecesaria de algo bello y verdadero dado por Dios", explica Stiuj, y cuenta que el letrero fue objeto de debates partidistas entre los políticos, criticado también por los gastos de dinero y energía que supone su iluminación nocturna.
Cornel es un viejo hablador y borrachín que acecha a los visitantes en las calles buenas de la ciudad.
Pregunta a los peatones dubitativos adónde se dirigen, les indica el camino más corto y les acompaña algunos metros antes de pedirles unos "lei" para "un vasito de spritz" -el muy popular vino blanco con agua con gas.
"Brasov es el lugar más bonito del mundo, calles limpias, gente amable, edificios bonitos y mucha historia. En ningún lugar estará usted tan bien como en Brasov", recita mecánicamente, como si hablara para sí mismo.
"Y dígame en qué otra ciudad tienen algo como eso, ¡como los americanos!", exclama señalando el letrero en lo alto de la montaña, con convicción de publicista oficial.
Menos apasionada se muestra Andreea Liana Blendea, una licenciada en Economía de Brasov de 27 años.
"No me encanta, pero tampoco me molesta. Me gusta cómo se ve por la noche, iluminado en medio de la montaña oscura", explica Andreea.