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RESEÑA: Optar por el vértigo de Doris Lessing

El hecho de que se le haya otorgado el premio Nobel en el año 2007 a Doris Lessing lo confirma; pero no sólo ese prestigio la avala sino la originalidad de su estructura

Esta mañana desperté porque alguien estaba haciendo ruido tres pisos abajo. Eran apenas las siete y media. La noche anterior me había dormido después de las 12, luego de decidir no continuar con la lectura, más por el cansancio de los ojos que por desinterés. El cuaderno dorado, no lo sabía, me resultó un libro apasionante. Es una de las novelas más importantes de nuestro tiempo. El hecho de que se le haya otorgado el premio Nobel en el año 2007 a Doris Lessing lo confirma; pero no sólo ese prestigio la avala sino la originalidad de su estructura: la rige el principio del caleidoscopio. Son diversas imágenes (novelas) formadas con los mismos elementos dispuestos de diferente modo, acomodados por el movimiento preciso de la inteligencia de su autora. Hay en ella un afán de claridad que deslumbra. No creo haber encontrado tanto la lucidez política como sexual (por decirlo de un modo convencional), tan perfectamente mostradas en ningún libro, con una honestidad tal como la que lleva a uno de los personajes más complejos en este universo cerrado y sin embargo polivalente, el cual cumple un papel fundamental en la historia, a decir: “Pues lo has escrito tú, ¿eh? Estupendo. Okey, ya no tendré que escribirlo”. Esta frase admite diferentes lecturas. Tome usted el libro y otórguele la más cercana a su vida.

De manera inteligente se explora también en este libro el proceso mental por el que atraviesa quien decide optar por el psicoanálisis como posibilidad de cura. De más está decir que vivimos en una sociedad no muy sana que, aunque no queramos, nos enferma.

No deja de ser inquietante el hecho de que Doris Lessing, escritora inglesa, escribiera en esta novela: “Soy una persona que continuamente destruye las posibilidades de un porvenir, a causa del número de puntos de vista alternativos que puedo ver en el presente”; inquietante, porque esta idea es la semilla cuyo árbol es ese otro libro que también reflexiona sobre la educación sentimental de las mujeres de nuestra época, La campana de cristal, escrito por una norteamericana notable: Sylvia Plath.

Ana Wulf (¿coincidencia el apellido?) al mostrar como es y lo que le pasa en este cuaderno ha funcionado como un espejo en el que las mujeres hemos decidido mirarnos sin mentiras, y aunque ella misma lo dice y todo escritor honesto lo sabe: “El hecho es que la experiencia auténtica no puede ser descrita”, desnudar de modo radical a sus personajes crea un dinamismo con el lector muy parecido al vértigo, a veces asombrosamente delicioso, a ratos aterrador, como si un yo nuestro nos hubiese enviado una carta para dejar en claro lo siempre intuido y nunca puesto en palabras.

Es no sólo una sensacional novela psicológica e interesante a todos los niveles: de experimentación narrativa y de contenido denso, sino un arma contra la indiferencia. Y no es precisamente que quienes se atrevan a penetrar en ella dejarán su individualismo tras la experiencia de su lectura, porque a la indiferencia a la que me refiero no es a ésa que nos impide “dar de comer al hambriento”, sino a la otra, la que nos obliga a dejarnos llevar por los acontecimientos acríticamente, sin la mínima reflexión sobre los hechos que ocurren en nuestras vidas.
Enloquecedoramente lúcida: así es esta novela. Es como toda mujer que ha encerrado bajo siete llaves lo que siente, y decide saber por sí misma, de pronto, por qué hace lo que hace.

La originalidad en este apunte, no es lo que me mueve a hacerlo sino la necesidad de crear la expectación necesaria (¿morbo?, ¿por qué no?) para que sea leída porque, si hay tanto sufrimiento alrededor, supongo que en buena medida se debe a la falta de reflexión por parte de quienes se dejan llevar o dejan pasar lo que les produce sufrimiento sin enfrentar las causas y combatirlas cara a cara.

Tal vez lo que da miedo es que al ver desnudos a los personajes, uno no puede evitar verse frente a la propia desnudez y quizá sea porque ellos dicen (a sí mismos casi siempre) cosas que nos diríamos a nosotros mismos si nos diéramos permiso de ser honestos hasta las últimas consecuencias.

Después del sueño de armonía universal que supuso la creación de ese algo hoy incómodo llamado comunismo, lo que la muerte de esa esperanza dejó en los que alguna vez en él creyeron, es también crónica que se relata en El cuaderno dorado, y si usted no es de los que puedan sentirse “tocados” por esta experiencia, al menos le quedará una comprensión profunda de lo que reflexionaron y sintieron los rojos después de la caída de su sueño.
No importan las razones que pudieran animarlo a leer este libro. Lo esencial es que lo empiece por la introducción indudablemente, saltándose tal vez el primer capítulo pero dejándose atraer hacia su centro, que está precisamente donde usted va a verse, sea hombre o mujer, se lo garantizo.

Feliz lectura.

Destacado: No deja de ser inquietante el hecho de que Doris Lessing, escritora inglesa, escribiera en esta novela: “Soy una persona que continuamente destruye las posibilidades de un porvenir, a causa del número de puntos de vista alternativos que puedo ver en el presente”

Destacado 2: Es como toda mujer que ha encerrado bajo siete llaves lo que siente, y decide saber por sí misma, de pronto, por qué hace lo que hace.

Recuadro: El cuaderno dorado de Doris Lessing se encuentra en todas las librerías de la ciudad publicado por la editorial Punto de Lectura.

por: Guadalupe Ángeles

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