Entretenimiento
Pensamiento al vuelo: ambiciones literarias
Sugestivamente el gobierno más eminente es la cultura del hombre, el desarrollo de su facultad crítica y el cultivo del temperamento.
Por: Juan Vicente Mendoza
Un serio interés en la literatura no puede ser meramente literario. De hecho no sólo implica la seriedad, probablemente derive de una percepción de que puede ser una preocupación respecto a los problemas del orden social y la sanidad cultural.
Probablemente en una época en donde el orden social es turbio y la sanidad cultural se aleja del sentido de proporción, el interés contemporáneo es en el mejor de los casos por las ciencias exactas, pero más comúnmente por la práctica inmediata hacia el lucro. Claramente se necesita un contrapeso de humanismo que eduque la sensibilidad y afine el gusto. Es patente la gran importancia que tiene el estudio literario principalmente cuando las semillas del pensamiento están cayendo en la juventud, la edad en la que se decide si seremos creativos o imitativos.
La ambición por una vida más noble ha sido el origen de todas las revoluciones, y en este tren de pensamiento nos referimos a una revolución de civilización contra el barbarismo. En el mundo contemporáneo todo es más que parte de una clase bajo la reducción de todo a tipos comunes, de cierta manera desaparece lo verdaderamente interesante, lo particular, lo exceptivo.
¿Acaso nuestra experiencia ya se estancó para llegar a esta igualdad constante que nos encara con sentidos sobrios? ¿Si quiera existe esta llamada igualdad? Sin embargo, como es con naturalezas de real capacidad, las situaciones semejantes, los momentos análogos o la similitud en sí son impropiedades por tosquedad de ojo, aspereza de temperamento.
La literatura es la destilación de la vida y se articula bajo agudos sistemas de pensamiento, de donde madura la visión, lo que hace grandes a las personas, y es, el principio de asociación. Así como la literatura más notable y significante es un producto de la imaginación, es decir, no ver las cosas como son, más bien ver las cosas como no son; aquí reside su fuerte sugestión, su universalidad, su encuentro entre el arte y la vida. Para el poeta existe un momento, el momento artístico, una ley, la ley de forma, una tierra, la tierra de la belleza, como diría aquel picudo irlandés. Del mundo poético, de las infinitamente variables impresiones, del reino de la imaginación, convertir esa seriedad de sentimiento en materia del intelecto. Bajo esta perspectiva, el mundo existe para el cultivo del hombre, y la vida es interesante por sus pulsaciones, no por su secreto.
Sugestivamente el gobierno más eminente es la cultura del hombre, el desarrollo de su facultad crítica y el cultivo del temperamento. La idea de disponerse a un escrupuloso sentido, a una diestra aplicación de la oportunidad para hacer de la voluntad un órgano del conocimiento, de la visión. La literatura engendra un ojo crítico en la retórica del pensamiento y en el ejercicio de elección mediante un intelecto constructivo – expresando la belleza, no en sus elementos, pero en su efecto-.
La expresión de la vida en palabras de verdad y belleza. Finalmente el impulso imaginativo puede que sea el más rico y puro de nuestros regalos intelectuales. Nos lleva por sensaciones desconocidas y paisajes extraños, nos muestra las miserias y las debilidades humanas, nos hace penetrar en otros corazones y sondear otras conciencias.
El artista literario comunica una sensibilidad estética que se abre a los sentimientos de admiración ante el espectáculo de la belleza. Encierra en símbolos y figuras, bellas ideas distinguiendo lo esencial de lo accidental. Con imaginación y fantasía, las facultades estéticas por excelencia, hace palpitar una experiencia universal. Dicha universalidad permite el desdoblamiento hacia los mas íntimos misterios humanos vaciando las ideas en los moldes del lenguaje.
¿Qué es el hombre sino la más noble expresión de la naturaleza? Y su lenguaje, su devoción a la belleza, su tan cuidadoso estudio a lo sofisticado, un triunfo más fino todavía. El mundo de las letras da y ha dado a la vida una dimensión sensorial de gran vigor que mata la frialdad de la vida mundana, cotidiana, para llevarnos a todos los lugares y todas las épocas. La literatura impulsa temas interdisciplinarios considerando la historia intelectual, la filosofía moral y una especie de profecía social. Sin embargo en nuestro país el espíritu literario es muy raro, es un acontecimiento cuando debería de ser una atmósfera.
Un serio interés en la literatura no puede ser meramente literario. De hecho no sólo implica la seriedad, probablemente derive de una percepción de que puede ser una preocupación respecto a los problemas del orden social y la sanidad cultural.
Probablemente en una época en donde el orden social es turbio y la sanidad cultural se aleja del sentido de proporción, el interés contemporáneo es en el mejor de los casos por las ciencias exactas, pero más comúnmente por la práctica inmediata hacia el lucro. Claramente se necesita un contrapeso de humanismo que eduque la sensibilidad y afine el gusto. Es patente la gran importancia que tiene el estudio literario principalmente cuando las semillas del pensamiento están cayendo en la juventud, la edad en la que se decide si seremos creativos o imitativos.
La ambición por una vida más noble ha sido el origen de todas las revoluciones, y en este tren de pensamiento nos referimos a una revolución de civilización contra el barbarismo. En el mundo contemporáneo todo es más que parte de una clase bajo la reducción de todo a tipos comunes, de cierta manera desaparece lo verdaderamente interesante, lo particular, lo exceptivo.
¿Acaso nuestra experiencia ya se estancó para llegar a esta igualdad constante que nos encara con sentidos sobrios? ¿Si quiera existe esta llamada igualdad? Sin embargo, como es con naturalezas de real capacidad, las situaciones semejantes, los momentos análogos o la similitud en sí son impropiedades por tosquedad de ojo, aspereza de temperamento.
La literatura es la destilación de la vida y se articula bajo agudos sistemas de pensamiento, de donde madura la visión, lo que hace grandes a las personas, y es, el principio de asociación. Así como la literatura más notable y significante es un producto de la imaginación, es decir, no ver las cosas como son, más bien ver las cosas como no son; aquí reside su fuerte sugestión, su universalidad, su encuentro entre el arte y la vida. Para el poeta existe un momento, el momento artístico, una ley, la ley de forma, una tierra, la tierra de la belleza, como diría aquel picudo irlandés. Del mundo poético, de las infinitamente variables impresiones, del reino de la imaginación, convertir esa seriedad de sentimiento en materia del intelecto. Bajo esta perspectiva, el mundo existe para el cultivo del hombre, y la vida es interesante por sus pulsaciones, no por su secreto.
Sugestivamente el gobierno más eminente es la cultura del hombre, el desarrollo de su facultad crítica y el cultivo del temperamento. La idea de disponerse a un escrupuloso sentido, a una diestra aplicación de la oportunidad para hacer de la voluntad un órgano del conocimiento, de la visión. La literatura engendra un ojo crítico en la retórica del pensamiento y en el ejercicio de elección mediante un intelecto constructivo – expresando la belleza, no en sus elementos, pero en su efecto-.
La expresión de la vida en palabras de verdad y belleza. Finalmente el impulso imaginativo puede que sea el más rico y puro de nuestros regalos intelectuales. Nos lleva por sensaciones desconocidas y paisajes extraños, nos muestra las miserias y las debilidades humanas, nos hace penetrar en otros corazones y sondear otras conciencias.
El artista literario comunica una sensibilidad estética que se abre a los sentimientos de admiración ante el espectáculo de la belleza. Encierra en símbolos y figuras, bellas ideas distinguiendo lo esencial de lo accidental. Con imaginación y fantasía, las facultades estéticas por excelencia, hace palpitar una experiencia universal. Dicha universalidad permite el desdoblamiento hacia los mas íntimos misterios humanos vaciando las ideas en los moldes del lenguaje.
¿Qué es el hombre sino la más noble expresión de la naturaleza? Y su lenguaje, su devoción a la belleza, su tan cuidadoso estudio a lo sofisticado, un triunfo más fino todavía. El mundo de las letras da y ha dado a la vida una dimensión sensorial de gran vigor que mata la frialdad de la vida mundana, cotidiana, para llevarnos a todos los lugares y todas las épocas. La literatura impulsa temas interdisciplinarios considerando la historia intelectual, la filosofía moral y una especie de profecía social. Sin embargo en nuestro país el espíritu literario es muy raro, es un acontecimiento cuando debería de ser una atmósfera.