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La vida leve de Jason Reitman

El realizador no se preocupa por la gloria del cine, y prefiere seguir encontrando nuevas historias para contar

La vida leve de Jason Reitman
CIUDAD DE MÉXICO.- El director de cine Jason Reitman recordó cuando hace dos años, minutos después de enterarse que estaba postulado al Oscar por su trabajo en la película Juno: “Cuando tenía 12 años le pregunté a mi padre (el realizador Ivan Reitman) por qué no había ido nunca a los Oscar. Me respondió que iría cuando fuera candidato. Le pregunté que si me acompañaría cuando yo lo estuviera y él sonrió. Por alguna razón, a esa edad, tuve las agallas de preguntar”.

Ahora Jason está a unos días de saber si volverá a contar la anécdota. Su trabajo en Up in the air (que a México llegará con el título Amor sin escalas) con George Clooney, lo pone en primer lugar. El filme suena, además, entre las grandes favoritas para arrasar en los premios.
¿Quién es este hombre que a sus 32 años es uno de los más reconocidos en el orbe?, ¿que en su momento fue mencionado para dirigir la tercera entrega de Los cazafantasmas?, ¿el que es cuestionado lo mismo por las más expertos periodistas en Estados Unidos, que por un adolescente de 14 años y a todos los cautiva con sus respuestas?
Jason nació en Montreal, Canadá, en 1977. Es hijo de dos grandes: el director Ivan Reitman (que dirigió la saga original de Los cazafantasmas) y de la actriz Geneviève Robert (cuya cinta más celebre es Drácula contra Frankenstein). Desde pequeño, entonces, estuvo en contacto directo con los foros.

A los 10 años ya se encontraba haciendo los típicos cortos con la cámara de video casero de su padre, quien además lo alentaba, sin adivinar qué tan lejos llegaría.

Impulsado por sus sueños
La carrera de Reitman está llena de giros afortunados. En la Universidad (estudió en Harvard Westlake School y en la Southern California School of Cinema) manifestó su sagacidad para los negocios, al crear una pequeña empresa de calendarios colegiales de mesa que le reportó el dinero suficiente como para hacer su primer cortometraje, con un título sugestivo y corto: Operation.

El corto trataba del robo de riñones y se presentó en el Festival de Cine de Sundance en 1998 donde pasó sin pena ni gloria, pero finalmente el certamen de cine independiente más importante del mundo, le permitió conocer a mucha gente.

En 2004 dirigió Consent, que le valió un premio en la categoría de Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Cine de Seattle y en los Aspen Shortsfest. Su suerte ya estaba echada.

Para el siguiente año filmó su opera prima Gracias por fumar, una comedia dramática, que fue postulada a los Globos de Oro en las categorías de Mejor película de comedia o musical y Mejor actor de comedia o musical para el protagonista, Aaron Eckhart. En el filme, Reitman mostraba la industria del fraude, de la mentira, del disfraz, el éxito del interminable sistema de apelaciones que hace que lo ilegal y fraudulento tenga tintes de normalidad jurídica. Ahí fue donde trazó sus intenciones como creativo, de difundir temas que eran poco tocados en el cine mundial.

A diferencia de otros colegas, Jason casi siempre viste de playera de algodón y pantalón de mezclilla. Trae el cabello largo, por lo regular anda despeinado y con la barba crecida. Se diría que hasta es “fachoso”, como cualquier adolescente despreocupado. Y ese es el sello que imprime a sus filmes. “No quiero hacer películas que le den una respuesta a la gente. Si hay un mensaje en las historias, y espero que no lo sea, es a que todos tengamos la mentalidad abierta”.

Y añade en reciente entrevista, con motivo del estreno comercial de Amor sin escalas. “Hice tres películas y en cada una empecé con una pregunta que me había hecho a mí mismo. La primera película era una pregunta acerca de mis opiniones políticas. La segunda tenía que ver con ser padre y madurar. Y ésta tiene que ver con la mayor pregunta de todas: cómo pasar la vida, si pasarla junto a la gente o si no, si escapar o no hacerlo. Y a medida que iba haciendo esta película confirmaba las ideas que bullían en mi interior, es decir: que la vida es mejor en compañía, aunque creas que no necesitas a nadie”. 

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