Economía

Las ranas de Jalisco dan 'el salto' en la economía rural

La proyección para este 2016 es incrementar la producción de estos anfibios en por lo menos 12 toneladas más

GUADALAJARA, JALISCO (07/FEB/2016).- A la diabla, con mantequilla, al vino blanco, con ajo o empanizadas. Con carnita y sin grasa. En el paladar las ranas tienen una consistencia semiblanda, como si fuera pollo aunque no lo sea, tampoco son mariscos, aunque se preparen como camarones: son ranas y tienen su sabor característico.

Por lo menos así son los anfibios que se venden en el restaurante La Violeta, ubicado en la comunidad de San Francisco de Asís, en Atotonilco El Alto.

Las ranas son uno de alimentos que mayor crecimiento han tenido en la venta y exportación en la Entidad, aunque se producen en Jalisco menos de lo que se requiere. El Estado tiene una demanda de 60 toneladas pero apenas se producen 15 —la mayoría son tipo toro: su peso individual promedia el medio kilo—, el resto se importa de granjas del Estado de México y Michoacán, por lo que la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) ha impulsado cooperativas familiares para que los productores lo hagan a gran escala.

En el rancho La Violeta, ubicado a dos horas de Guadalajara, se producen anualmente 25 mil renacuajos.

Durante el proceso, que puede tardar entre seis y nueve meses, los renacuajos son madurados hasta que se convierten en pequeñas ranitas de menos de dos centímetros. Se les enseña a comer en cautiverio, se les tiene a 24 grados de temperatura y en estanques con agua purificada.

Cada que cambian de talla, dos veces por mes, son cambiados de estanque porque su instinto les hace comerse entre sí. Los ejemplares más bonitos y grandes son separados para tratarlos como “ponedoras”, y el resto se va a engorda: comen una especie de croqueta con sabor a trucha.

Cuando llegan al peso ideal, son seleccionados para llevarlos al sacrificio y de ahí al consumo humano en el restaurante familiar. En La Violeta llegan a trabajar entre 25 y 30 personas los fines de semana y no hay domingo que no hagan falta mesas para los comensales.

De acuerdo con el coordinador regional de la Seder en Los Altos de Jalisco, Rubén Ruíz Medina, el cultivo de este anfibio en esta zona empezó hace 15 años. Este año, el proceso de incubación de cooperativas ha iniciado una etapa de maduración. La proyección para este 2016 es incrementar la producción en por lo menos 12 toneladas más, que ayuden a paliar la demanda de los comensales y las empresas que las exportan a Texas, principal comprador de las ranas jaliscienses.

El santuario de las ranas

En el restaurante La Violeta desde hace ocho años, la familia de Lucía Navarro y Evangelina Contreras han construido una reserva ecológica donde mantienen una granja de ranas, y producen más de 12 mil ejemplares por año, mismas que después son vendidas en platillos que cuestan 130 pesos.

“Aquí estamos, en medio de la nada, con el río Sula como espectáculo en una postal de los Altos de Jalisco. En un lugar que bien podría ser bautizado como el santuario de la rana, y nadie podría tener empacho en decir lo contrario” señala Lucía Navarro.

Evangelina es la encargada de la granja. Es estricta con las personas que quieren conocer los estanques de cría y engorda, para que no pasen sin antes desinfectarse pies y manos. Una vez adentro, “Eva” que sabe la historia de cada una de las ranas: identifica cuál fue atacada por pequeña, cuál es la hembra más efectiva y confiesa que le gusta ponerle nombre a los machos más activos. Con el resto no se encariña.

Este invierno han separado a 15 machos para fertilizar a 60 hembras. Y en un proceso que parece más de “niñera” que de productora, tiene en un par de cubetas a las ranas más chiquitas, porque a esas les enseña a comer de una por una. “Hay que aventarles la comida, porque les gusta que se mueva. La que come a la primera, es la que sobrevive”.

Un total de 26 mil renacuajos salen de un área de la granja llamada metamorfosis, y tras nueve meses sólo 13 mil lograrán sobrevivir. Tras meses de cuidados, llegarán a pesar casi medio kilo y estarán listas para ser llevadas a un cuarto, donde son sacrificadas para después ser congeladas.

SOCIEDADES DE INVERSIÓN
La organización genera más dividendos


Uno de los agroproductos que mayor crecimiento ha tenido en los últimos años en Jalisco es la rana.

De acuerdo con Gustavo Jiménez Aguayo, director general de Planeación de Desarrollo Rural, esto es resultado de generar sociedades de inversión y cooperativas de productores que aseguran tener un mercado antes de colocar su producto, y no a la inversa.

El representante de los granjeros de ranas en Jalisco, Pedro David Plascencia Romo, es el vivo ejemplo de que la organización entre productores genera mayores dividendos.

Este empresario cuenta que su granja apenas produce para sacar los costos. Pero ya consiguió apoyo gubernamental y de la banca privada para invertir cerca de dos millones de pesos en su negocio. Espera vender 12 toneladas de su producto al finalizar el año, y con esto duplicar la producción estatal.

Plascencia Romo motiva a sus compañeros para que se asocien entre ellos o para que busquen nuevos canales de distribución.

“Sí hay buenas utilidades (en el negocio), pero el problema es que no alcanzamos a cubrir la demanda, que son cerca de 60 toneladas. Porque la mayoría del producto se va a Estados Unidos, para investigación”.

El productor, instalado en el municipio de Yahualica, comenta que en las zonas de Los Altos, la Ciénega y el Sur de Jalisco empiezan a ver un crecimiento de granjas interesadas en la producción de estos anfibios que son ricos en proteínas y hierro, y que se pueden cocinar como pescado o como pollo, donde las ancas de rana son las que mejor sabor tienen.

Una historia de 15 años

El coordinador regional de la Secretaría de Desarrollo Rural en Los Altos de Jalisco, Rubén Ruiz Medina, fue uno de los precursores del desarrollo de esta industria agroalimentaria que comienza a despegar, tras 15 años de trabajo.

Cuenta que al terminarse el agua en las cuencas de la zona, tuvieron que migrar de la crianza de pescado hacia un animal que requiriera menos agua y que tuviera una gran capacidad de acondicionamiento. Por eso exploraron las ranas toro.

Con el tiempo descubrieron que el negocio se iría a pique si no existía crianza local, porque importar las especies del Estado de México o Michoacán no era redituable. En 2007, los primeros embriones de rana toro se desarrollaron en granjas de Zapotlanejo.

Yahualica se ha convertido como uno de los municipios con mayor producción de este animal, y una vez que aseguraron que se garantizaba la producción para el autoconsumo, tomaron cursos de incubación de empresas para empezar a exportar.

Hoy, siete de cada 10 kilos de rana son exportados a una intermediaria en Querétaro, donde las envían a Texas, principal comprador de estos animales criados en Jalisco. Las escuelas estadounidenses las emplean para investigación.

Ahora, el problema es criar más porque una de las limitantes es que todo el proceso de producción tarda 10 meses en tener una camada de ranas listas para ser llevadas al laboratorio o al fogón.

PARA SABER
El costo


En Jalisco, la principal raza que se vende es la rana toro, que comúnmente llega a pesar entre 350 y 400 gramos por pieza.

Al mayoreo, un kilo de ancas de rana cuesta en el mercado 220 pesos, mientras que las demás partes pueden costar entre los 100 y 150 pesos por kilogramo.

En el rancho La Violeta se producen anualmente 25 mil renacuajos, de los cuales sólo sobreviven la mitad.

Producción de anfibios para la cocina

¿Se imagina pedir una tanda de ancas de rana, aderezadas con salsa búfalo o teriyaki, como si fueran alitas de pollo? En los municipios de Atotonilco El Alto y La Barca no se lo imaginan, lo viven.

En el rancho La Violeta se producen anualmente 25 mil renacuajos, de estos, una parte se emplea para el consumo de los clientes del restaurante.

Para llegar a este sitio hay que viajar media hora del centro de Atotonilco hacia el Norte, al poblado más conocido llamado San José de Gracia. Una vez que se llega a la comunidad de San Francisco de Asís, cualquier persona sabe darle “norte” con el restaurante. Son 20 minutos por terracería para conocer el principal activo turístico del pueblo.

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