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A propósito

Por Jaime García Elías

* Esperanzas

Sin motivos, por esta vez, para hacerse demasiadas ilusiones acerca de las perspectivas de los equipos mexicanos en la edición 2011 de la prestigiosa Copa Libertadores, porque todos, hasta ahora, han exhibido impúdicamente los huaraches de llanta, sólo queda refugiarse en la competencia doméstica, y, particularmente, en un par de esperanzas indecisas: una, que lo que enseñó el Guadalajara hace una semana, al dar su mejor partido del actual Torneo de Clausura, no haya sido mero espejismo; otra, que termine, ya, el vía crucis del Atlas.

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Las “Chivas”, el sábado, fueron un ciclón: pusieron en la lona, desde el primer minuto, y zarandearon a la postre, con un rotundo 4-1, a un Pachuca lamentable: triste caricatura del equipo sólido y eficiente que solía ser en los tiempos de Enrique Meza en la banca y del “Chaco” Giménez en la cancha.
La incógnita quedó planteada desde el silbatazo final de ese encuentro: el tiempo, a partir del partido de esta tarde ante Jaguares, se encargará de aclarar en qué medida el categórico 4-1 con que se escribió ese capítulo de la historia, retrata a un equipo en vías de recuperar su grandeza pretérita, merced a la incorporación de sangre nueva (por los debutantes Jorge Mora y Antonio Gallardo) en su alineación... o si retrata, como ya se apuntó, a un Pachuca que podría hacer suyos los versos consabidos: “Ayer maravilla fui, Llorona..., y ahora ni sombra soy”.

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El Atlas, en tanto, cierra esta noche, en su cancha, un ciclo de cuatro partidos en los cuales, según se había advertido, era muy difícil arrendarle las ganancias. El empate ante el Toluca burló, en cierta medida, los pronósticos; las derrotas ante Santos Laguna, en el Jalisco, y Cruz Azul, en la capital, en cambio, por más que hayan dejado amplios resquicios para los consabidos pretextos (el arbitraje, el gran desempeño de Corona en el marco rival, la distracción de los zagueros atlistas en el gol decisivo...), hicieron honor a la lógica.
El Monterrey, campeón defensor, sería un rival propicio para que los rojinegros hicieran honor a su fama de “gitanos” --verdugos de los grandes, “pichones”deloschicos--si no hubiera, como hay, tantos argumentos para suponer que todavía hasta hoy se prolongará el vaticinio de que el Atlas tendría una etapa de sombras, después de la de luces con que abrió la marcha en este torneo.

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