Deportes
A Propósito
Por Jaime García Elías, 9 de septiembre de 2008
“A falta de pan...”.
El receso del fin de semana, con motivo del “compromiso internacional” de la Selección Mexicana --la batalla contra su similar de Jamaica, correspondiente a la guerra por los boletos para el Mundial de 2010--, dejó a los comunicadores escasos de materia prima para sus programaciones habituales.
La victoria, plausible y todo, fue insuficiente para darse vuelo con el discurso grandilocuente de que “Las armas nacionales se cubrieron de gloria”. Los excelentes goles de Guardado y Magallón, no obstante que tuvieron el valor de uso de inclinar desde muy temprano la balanza a favor del “Tri”, el primero, y de dar la puntilla al adversario, el otro, tampoco resistían las repeticiones hasta la saciedad, ni, mucho menos, ameritaban, a manera de corolario, la moraleja de la añeja fabulilla de “El Naturalista y las Lagartijas” (en voz de las lagartijas, por cierto): “Valemos mucho, por más que digan”.
*
En esas circunstancias, la desgracia devino en la noticia de la semana...
En partido de la Primera División A, celebrado en el Estadio Azteca, un encontronazo entre el uruguayo Ignacio Schneider, del Querétaro, y el brasileño Izaías Ramos, del Socio Águila, causó estragos al primero: doble fractura, en el pómulo y en el arco ocular; desprendimiento de retina; pérdida de masa cristalina, y un pronóstico --pendiente de los exámenes que ayer se le practicarían-- por demás sombrío no sólo para su carrera sino para su vida ordinaria: la pérdida definitiva del ojo izquierdo.
En el entendido de que, aun cuando hubiera querido lastimar al adversario, difícilmente Izaías pudo haber tenido la deliberada intención de causarle una lesión tan severa a un colega, compañero de profesión, lo más probable es que sean profundamente injustos los calificativos que por ahí se le dedican. Eso queda en la conciencia de Ramos.
Lo que debe quedar como enseñanza de todo esto, es la llamada de atención para la Comisión Disciplinaria, por la investigación que realice y la sanción que aplique en el caso específico... Y, sobre todo, para la de Arbitraje, para que exija más rigor a los silbantes al penalizar dos de las faltas que más riesgo representan en la cancha y que más reiterativamente se siguen cometiendo, a pesar de que el International Board estipula que deben castigarse con falta técnica (tiro libre directo) y disciplinaria (tarjeta): las barridas por detrás... y (precisamente) los codazos.
El receso del fin de semana, con motivo del “compromiso internacional” de la Selección Mexicana --la batalla contra su similar de Jamaica, correspondiente a la guerra por los boletos para el Mundial de 2010--, dejó a los comunicadores escasos de materia prima para sus programaciones habituales.
La victoria, plausible y todo, fue insuficiente para darse vuelo con el discurso grandilocuente de que “Las armas nacionales se cubrieron de gloria”. Los excelentes goles de Guardado y Magallón, no obstante que tuvieron el valor de uso de inclinar desde muy temprano la balanza a favor del “Tri”, el primero, y de dar la puntilla al adversario, el otro, tampoco resistían las repeticiones hasta la saciedad, ni, mucho menos, ameritaban, a manera de corolario, la moraleja de la añeja fabulilla de “El Naturalista y las Lagartijas” (en voz de las lagartijas, por cierto): “Valemos mucho, por más que digan”.
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En esas circunstancias, la desgracia devino en la noticia de la semana...
En partido de la Primera División A, celebrado en el Estadio Azteca, un encontronazo entre el uruguayo Ignacio Schneider, del Querétaro, y el brasileño Izaías Ramos, del Socio Águila, causó estragos al primero: doble fractura, en el pómulo y en el arco ocular; desprendimiento de retina; pérdida de masa cristalina, y un pronóstico --pendiente de los exámenes que ayer se le practicarían-- por demás sombrío no sólo para su carrera sino para su vida ordinaria: la pérdida definitiva del ojo izquierdo.
En el entendido de que, aun cuando hubiera querido lastimar al adversario, difícilmente Izaías pudo haber tenido la deliberada intención de causarle una lesión tan severa a un colega, compañero de profesión, lo más probable es que sean profundamente injustos los calificativos que por ahí se le dedican. Eso queda en la conciencia de Ramos.
Lo que debe quedar como enseñanza de todo esto, es la llamada de atención para la Comisión Disciplinaria, por la investigación que realice y la sanción que aplique en el caso específico... Y, sobre todo, para la de Arbitraje, para que exija más rigor a los silbantes al penalizar dos de las faltas que más riesgo representan en la cancha y que más reiterativamente se siguen cometiendo, a pesar de que el International Board estipula que deben castigarse con falta técnica (tiro libre directo) y disciplinaria (tarjeta): las barridas por detrás... y (precisamente) los codazos.