Deportes

* Reyna

A propósito



Es un consuelo que el campeón de goleo del Torneo de Clausura, sea --ahora sí que “para variar”--... un mexicano.

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Sin perjuicio de que varios delanteros mexicanos justificaran de manera reiterativa su etiqueta de goleadores, haciendo aportaciones significativas a los resultados de sus equipos, la regla, a lo largo de la historia, ha sido que en ese departamento truenen mejor los chicharrones de los atacantes extranjeros.
Es cierto que la “raza de bronce” ha producido especímenes de solvencia nada despreciable para aportar la “suerte suprema” del futbol en beneficio de sus equipos. Serían los casos de Horacio Casarín, Enrique Borja, Horacio López Salgado, Jared Borgetti, Luis García, Carlos Hermosillo y más recientemente Javier “Chicharito” Hernández. Sin embargo...

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Sin embargo, además de que la regla, como ya se apuntó, establece que es más común que el título de máximo artillero en las competencias domésticas corresponda a un extranjero, y las conquistas de los atacantes mexicanos serían las excepciones que, en todo caso, la confirman, la producción nacional aún no genera ningún “Cabinho” o ningún Saturnino Cardozo, para mencionar a los que han sido, en las canchas mexicanas, los acaparadores, durante varias temporadas, de los títulos de goleo.

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Ángel Reyna, flamante campeón de goleo con el América, es un caso atípico. Aunque es un atacante neto, en el sentido de que trabaja casi exclusivamente del medio campo hacia el frente, en funciones creativas, no es, ni por su físico ni por la posición en que se desempeña, el clásico centro delantero. En su propio equipo, por ejemplo, de ordinario son Vuoso y Vicente Sánchez --argentino nacionalizado mexicano el uno, uruguayo el otro-- los atacantes netos.
Reyna, en el esquema táctico de Carlos Reynoso, es un poco al América --valga la comparación, salvadas las evidentes, abismales distancias-- lo que Messi es al Barcelona: un jugador pícaro, habilidoso, intencionado en sus movimientos; un jugador que tiene, por una parte, intuición para moverse en la zona en que puede hacer más daño a la defensiva rival, y, por la otra,  frialdad para resolver las oportunidades de gol que se le presentan.

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Un atacante mexicano que sabe moverse en el frente de ataque y al que no le tiemblan las piernas cuando se planta frente al marco enemigo: eso es, casi al pie de la letra, lo que científicamente se conoce como un mirlo blanco.

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