Deportes

* Novias de pueblo

A propósito por Jaime García Elías

Se comprenden las dos cosas: por una parte, el interés de los dirigentes de la Concacaf porque los equipos mexicanos tomen en serio las competencias reglamentarias (la socarronamente denominada “Concachampions”, por ejemplo), obligatorias, con los vecinos de la zona geográfica y no los desairen por tener puestas sus preferencias en torneos que eventualmente los enfrentan con equipos sudamericanos (la Copa Libertadores y la Sudamericana, concretamente); por la otra, la rabieta de los dirigentes de Monterrey y Puebla, que al decidirse el retiro de los equipos norte, centroamericanos y del Caribe de la Copa Sudamericana, se quedaron, literalmente, “como las novias de pueblo”.

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Los dirigentes del futbol mexicano, en efecto, porfiaron durante muchos años para encontrar la manera de colarse por la puerta de atrás, primero, y para que se les abrieran las puertas, después, de los prestigiosos torneos sudamericanos. Los equipos han competido más que decorosamente en ellos.

Cruz Azul, Atlas, Guadalajara y América, entre otros, han tenido desempeños sobresalientes, e incluso estimabilísimas aproximaciones al título, en varias ediciones de la Copa Libertadores. El Pachuca conquistó, con todos los merecimientos posibles, la edición 2006 de la Sudamericana...

En esas condiciones, que la propia Concacaf cierre las puertas, después que se consiguió zanjar el conflicto surgido a raíz de la reciente contingencia sanitaria y que marginó a Guadalajara y San Luis de la Copa Libertadores de este año, resulta frustrante. Como resulta frustrante, también, la condena a conformarse con torneos en que los rivales de los equipos mexicanos son sus modestos homólogos centroamericanos, totalmente desprovistos --dicho sea con todo respeto-- del “pedigrée” de los grandes clubes sudamericanos (argentinos y brasileños, sobre todo), habituales protagonistas, particularmente, de la Copa Libertadores.

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Ante la imposibilidad de trepar los muebles en un camión de mudanzas e irnos con todo y cerros a otras latitudes más acordes con nuestros moños (“Aquí nos tocó vivir”, dice, entre presuntuosa y resignada, Cristina Pacheco...), al futbol mexicano sólo le queda, en el corto y mediano plazo, un recurso: honrar el compromiso de volver a ser “el gigante de la Concacaf”...

(Algo que, según las estadísticas de la FIFA difundidas ayer mismo, en las que México, que alguna vez llegó a ocupar el cuarto lugar, aparece en el modestísimo peldaño número 33 --debajo de Estados Unidos y Costa Rica... y hasta de Australia, Israel, Turquía y Gabón--, ya es historia antigua).

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