Deportes
* Milagro
Por Jaime García Elías
Dios, por lo visto, decidió seguir siendo “Chiva”...
Cuando ya parecía consumada y aun asumida con relativa naturalidad por parte de sus devotos la derrota del Guadalajara; cuando ya parecía que se hacía efectiva una de las frases célebres de Homero Simpson (la que sostiene que “Las tradiciones son para romperse”, por aquello de los 29 años de hegemonía absoluta de los rayados, como locales, sobre los Pumas en ese largo ciclo), sucedió lo inesperado: una pifia garrafal de Palacios, arquero de los capitalinos, al tratar de agarrar el balón disparado por Arellano con la misma técnica grotesca de los malos aprendices de granjeros para atajar gallinas, regaló a los rojiblancos, en el último minuto --al más puro “estilo Atlas”, digamos-- el gol que los mantiene con vida en la lucha por el pase a la Final...
Con vida, sí... pero también, si van a llamarse a las cosas por su nombre, en terapia intensiva.
*
Y es que, independientemente de la valoración que pueda hacerse de los incidentes que menudearon (el aparente penal no señalado al “Cubo” Torres, la intemperancia que le ganó la expulsión a Reynoso, la anulación de un gol a los rayados, el handicap que significó para las “Chivas” quedarse sin su mejor atacante --Torres, obviamente-- desde el primer tiempo...), lo sustancial del encuentro de anoche fue que ya no se vio al Guadalajara garboso y solvente que una semana antes había dado su mejor partido de la campaña, para tomar una ventaja, que terminaría siendo definitiva, de dos goles ante los Tigres.
*
El de anoche --prueba de que la naturaleza no da saltos-- volvió a ser el Guadalajara de la mayor parte de la temporada regular. Ni por argumentos futbolísticos ni por aplicación (eso que llaman “actitud”) fue capaz de repetir un desempeño tan convincente como el del primer juego ante los “Tigres”.
Ahora, considerando que los “Pumas” tendrán el domingo la ventaja relativa --si así quiere verse-- de ser locales, y la absoluta de que al Guadalajara sólo la victoria le sirve para continuar con vida, la conclusión cae por su propio peso: las perspectivas de llegar a la final, para las “Chivas”, dependen de la esperanza indecisa de que se dé un milagro.
(Es decir, otro milagro, tomando en consideración que la chambonada mayúscula de Palacios, que ya no parecía estar en el “script”, fue uno).
Cuando ya parecía consumada y aun asumida con relativa naturalidad por parte de sus devotos la derrota del Guadalajara; cuando ya parecía que se hacía efectiva una de las frases célebres de Homero Simpson (la que sostiene que “Las tradiciones son para romperse”, por aquello de los 29 años de hegemonía absoluta de los rayados, como locales, sobre los Pumas en ese largo ciclo), sucedió lo inesperado: una pifia garrafal de Palacios, arquero de los capitalinos, al tratar de agarrar el balón disparado por Arellano con la misma técnica grotesca de los malos aprendices de granjeros para atajar gallinas, regaló a los rojiblancos, en el último minuto --al más puro “estilo Atlas”, digamos-- el gol que los mantiene con vida en la lucha por el pase a la Final...
Con vida, sí... pero también, si van a llamarse a las cosas por su nombre, en terapia intensiva.
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Y es que, independientemente de la valoración que pueda hacerse de los incidentes que menudearon (el aparente penal no señalado al “Cubo” Torres, la intemperancia que le ganó la expulsión a Reynoso, la anulación de un gol a los rayados, el handicap que significó para las “Chivas” quedarse sin su mejor atacante --Torres, obviamente-- desde el primer tiempo...), lo sustancial del encuentro de anoche fue que ya no se vio al Guadalajara garboso y solvente que una semana antes había dado su mejor partido de la campaña, para tomar una ventaja, que terminaría siendo definitiva, de dos goles ante los Tigres.
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El de anoche --prueba de que la naturaleza no da saltos-- volvió a ser el Guadalajara de la mayor parte de la temporada regular. Ni por argumentos futbolísticos ni por aplicación (eso que llaman “actitud”) fue capaz de repetir un desempeño tan convincente como el del primer juego ante los “Tigres”.
Ahora, considerando que los “Pumas” tendrán el domingo la ventaja relativa --si así quiere verse-- de ser locales, y la absoluta de que al Guadalajara sólo la victoria le sirve para continuar con vida, la conclusión cae por su propio peso: las perspectivas de llegar a la final, para las “Chivas”, dependen de la esperanza indecisa de que se dé un milagro.
(Es decir, otro milagro, tomando en consideración que la chambonada mayúscula de Palacios, que ya no parecía estar en el “script”, fue uno).