Deportes
* Antes... y ahora
A Propósito, por Jaime García Elías
Una cosa es que la reedición sistemática forme parte de la naturaleza de los Clásicos (de hecho, la regla dice que “No se repiten porque sean Clásicos: son Clásicos porque se repiten”), y otra muy diferente que los Clásicos estén condenados al inmovilismo...
En otras palabras: los Clásicos --como casi todo en esta vida-- también cambian.
*
En el caso de los duelos --como el de mañana-- entre Guadalajara y América, cualquiera capta que hay en ellos al menos una metamorfosis sustancial. Independientemente de que algunas encuestas y sondeos apuntan una modificación en las preferencias de los aficionados al futbol, en detrimento de la popularidad de las “Chivas” y a favor del América, es evidente el viraje histórico que dio el equipo rojiblanco al dejar de ser parte de un club propiamente dicho, propiedad de un grupo de accionistas, para transformarse en un negocio de un empresario audaz e imaginativo, capaz de ponerlo a flote en el aspecto financiero --lo que no supieron hacer los accionistas del club, demasiado amateurs en ese aspecto-- y de explotar el potencial económico latente en su tremenda popularidad.
*
Ahora bien: lo que ganó el Guadalajara en el aspecto económico, lo perdió, probablemente, en prestigio y en arraigo.
El fenómeno se explica por los caprichos y las extravagancias de su dueño, por una parte. Se explica, por otra, por su excesiva comercialización, acentuada a raíz de su mudanza --ahora sí que con todo y “Chivas”-- a su nuevo estadio... (Hay quien afirma que el Guadalajara, convertido en “nuevo rico”, se desnaturalizó al cancelar la posibilidad de que sus legiones de seguidores siguieran viendo como propias las banderas de “Nosotros los pobres” y “Ustedes los ricos”).
Y se explica, sobre todo, por la mediocridad del equipo en el aspecto futbolístico. El fracaso --más o menos estrepitoso-- de la generalidad de sus contrataciones, y la insuficiencia de la producción de su cantera para aportar la materia prima que lo ponga a tono con su historial y con las exigencias de sus simpatizantes, se han traducido en que el Guadalajara de las últimas temporadas haya quedado a deber a quienes quisieran verlo siempre en las alturas: siempre en plan de protagonista, y no, como ha sucedido de un tiempo a esta parte, en plan de simple actor de reparto en la película de los campeonatos nacionales.
En otras palabras: los Clásicos --como casi todo en esta vida-- también cambian.
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En el caso de los duelos --como el de mañana-- entre Guadalajara y América, cualquiera capta que hay en ellos al menos una metamorfosis sustancial. Independientemente de que algunas encuestas y sondeos apuntan una modificación en las preferencias de los aficionados al futbol, en detrimento de la popularidad de las “Chivas” y a favor del América, es evidente el viraje histórico que dio el equipo rojiblanco al dejar de ser parte de un club propiamente dicho, propiedad de un grupo de accionistas, para transformarse en un negocio de un empresario audaz e imaginativo, capaz de ponerlo a flote en el aspecto financiero --lo que no supieron hacer los accionistas del club, demasiado amateurs en ese aspecto-- y de explotar el potencial económico latente en su tremenda popularidad.
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Ahora bien: lo que ganó el Guadalajara en el aspecto económico, lo perdió, probablemente, en prestigio y en arraigo.
El fenómeno se explica por los caprichos y las extravagancias de su dueño, por una parte. Se explica, por otra, por su excesiva comercialización, acentuada a raíz de su mudanza --ahora sí que con todo y “Chivas”-- a su nuevo estadio... (Hay quien afirma que el Guadalajara, convertido en “nuevo rico”, se desnaturalizó al cancelar la posibilidad de que sus legiones de seguidores siguieran viendo como propias las banderas de “Nosotros los pobres” y “Ustedes los ricos”).
Y se explica, sobre todo, por la mediocridad del equipo en el aspecto futbolístico. El fracaso --más o menos estrepitoso-- de la generalidad de sus contrataciones, y la insuficiencia de la producción de su cantera para aportar la materia prima que lo ponga a tono con su historial y con las exigencias de sus simpatizantes, se han traducido en que el Guadalajara de las últimas temporadas haya quedado a deber a quienes quisieran verlo siempre en las alturas: siempre en plan de protagonista, y no, como ha sucedido de un tiempo a esta parte, en plan de simple actor de reparto en la película de los campeonatos nacionales.