Cultura

Vallejo presenta el ''mundo basura'' de La Chaparra

No tengo tiempo retrata la cotidianeidad de una adolescente sin aspiraciones y que se conforma con momentos vacíos

GUADALAJARA, JALISCO.-Un compendio de discursos vacíos, momentos perdidos y sueños innecesarios, en un “mundo basura”, donde el personaje principal La Chaparra trabaja en un restaurante de comida rápida o como el propio autor define: “comida basura”. Eso es No tengo tiempo, debut literario del capitalino Arturo Vallejo Novoa (1973).

Contento, inquieto y hasta atermorizado es como se describe en estos momentos Vallejo Novoa, aún después de mayo, fecha en que fue publicada su primera novela en Alfaguara.

Precisamente algo que llama la atención es que en éste y el próximo año, Arturo Vallejo será de los pocos nuevos valores literarios que Alfaguara publique, debido en gran parte a la crisis económica mundial.

Por lo anterior, Marisol Schulz, directora de la casa editorial señaló que para no correr riesgos y llevarse desventuras, solo publicarán el trabajo de escritores ya consagrados y nuevas plumas que tengan el respaldo de un premio.

A lo largo de la trama el lector va conociendo a La Chaparra a través de sus aspiraciones, inquietudes y la visión que tiene del mundo. “Ella tiene una visión entre cándida, mordaz, ácida y desencantada, pero a la vez tampoco se puede librar de esa pequeña aspiración que significa para ella ser, por ejemplo el empleado del mes o involucrarse con uno de sus compañeros de trabajo”, explica el autor.

La historia se desarrolla en un establecimiento de comida rápida ubicado en un “mundo basura”, como el mismo Arturo Vallejo califica al territorio del “discurso empresarial, del liderazgo, el éxito corporativista, el discurso religioso, cierto discurso político, que son estos discursos para sobrellevar nuestra vida: buscar el éxito, ser líder, aferrarse a una creencia”.

Parte del trabajo creativo de este primer trabajo literario tuvo desarrollarse en un taller impartido por el escritor Daniel Sada, con quien supo encontrar el camino correcto para llevar a La Chaparra por los sinuosos caminos de la adolescencia.

Desde el principio, el ganador del Premio Caza de Letras 2008 se planteo crear una historia a partir de la cotidianeidad construida por “momentos efímeros, de actos insignificantes. Porque no es una novela que no trate de grandes conflictos y que no lleva una gran progresión dramática, sino más bien está construida a través de un encadenamiento de pequeños momentos cotidianos y hasta aburridos, que es en realidad de lo que está compuesta nuestra vida, aunque claro también a todos nos suceden cosas importantes alguna vez, pero eso quizás sólo representa el 5% de nuestra vida, el resto está hecha a partir de momentos cotidianos y aburridos”.

El principal reto para Vallejo Novoa es que sea una novela que la gente quiera leer, por lo que temía caer en los clichés de utilizar las grandes frases a partir de las cuales lograra atrapar al lector.

Admite que el título de la novela se lo “voló” al músico desaparecido en el terremoto que sacudió a la Ciudad de México en 1985, Rockdrigo González, quien compuso una canción anónima que dice “a veces no quisiera ser yo, pero no tengo tiempo de no ser yo”, parafrasea el escritor. Y aclara que le gustaría ser otras personas para hacer su cotidineidad más divertida. Incluso no se descarta para ser en ocasiones la misma Chaparra de No tengo tiempo, porque “es una característica que tenemos los que nos dedicamos a las letras, ser un poco o un tanto esquisofrénicos, por tratar de desdoblarnos”.

Asegura que el antídoto para contrarestar los discursos vacíos es “pensar dos veces lo que nos dicen, no quedarse con la primera impresión de los discursos derivados de otros derivados”.

Encuentra inspiración en autores como Robert Louis Stevenson, autor escocés de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Richard Dawkins y Carl Sagan, escritores de libros de divulgación científica. Aunque, específicamente para la construcción su debut literario se basó en cintas como Berlín sinfonía de una ciudad, El hombre de la cámara y en movimientos pictóricos como el hiperrealismo y el fotorrealismo, “los cuales se centran en detalles de lo cotidiano, en motivos estéticos. Y que el motivo estético se da por el ritmo con el que nos orquestamos al caminar haciendo nuestra función de manera continua y constante”, concluye el autor.

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