Cultura
Un paseo por las iglesias de Roma
Roma ha reunido peregrinos de todos los rincones del mundo y de todas las lenguas, lo que obligó a los países católicos a crear sus propias iglesias dentro de la Ciudad Eterna
ROMA, ITALIA.- La ciudad de Roma, como capital de la cristiandad, desde la Edad Media ha reunido peregrinos de todos los rincones del mundo y de todas las lenguas, lo que obligó a los países católicos a crear sus propias iglesias dentro de la Ciudad Eterna.
Estos templos, que se conocen hoy como iglesias nacionales, llevan en muchas ocasiones como apellido el gentilicio que las distingue -es el caso de San Luis de los Franceses o San Antonio de los Portugueses- y en otras santos o vírgenes del país, como la española de Santa María de Montserrat, la irlandesa de San Patricio y la mexicana de Nuestra Señora de Guadalupe.
Muchas de ellas contienen verdaderas joyas artísticas de la ciudad de los Papas, como Santa María de la Paz, iglesia nacional chilena, tras la cual se encuentra el famoso Claustro de Bramante, diseñado por este arquitecto.
La iglesia nacional portuguesa, decorada por el pintor y arquitecto Luigi Vanvitelli, que también construyó el famoso palacio de Caserta, presenta además una estatua del italiano Antonio Canova y un gran órgano moderno con el que se realizan conciertos.
Pero por encima de todas destaca San Luis de los Franceses, construida por los arquitectos renacentistas Domenico Fontana y Giacomo della Porta, su interior es un conjunto artístico de valor incalculable, en el que destacan sus tres cuadros de Caravaggio: "La vocación de San Mateo", "San Mateo y el ángel" y "El martirio de San Mateo".
Algunas comunidades linguísticas, como la germana, cuentan con una sola iglesia, la barroca Santa María del Alma, que las reúne a todas, ya sean austríacos o alemanes, mientras que otras como la inglesa y la española están divididas por países.
Así, los ingleses cuentan con la céntrica San Silvestre, los estadounidenses con Santa Susana en las Termas de Diocleciano y los canadienses con Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y de los Mártires Canadienses.
Entre las comunidades iberoamericanas, algunas de las iglesias nacionales fueron construidas por el propio país, como San María de los Dolores, levantada con motivo del centenario de la independencia de Argentina, en 1910.
Otras, como la chilena o la guatemalteca -San Ignacio de Loyola-, son muy anteriores a la existencia de estos países, y fueron asignadas como iglesias nacionales con posterioridad.
España es un caso particular, ya que tiene nada menos que tres iglesias nacionales: Santiago de los Españoles y Santa María de Montserrat (llamada comúnmente Santa María de Montserrat), Santísima Trinidad de Vía Condotti y San Carlino alle Quattro Fontane, las dos últimas por la presencia de monjes trinitarios españoles.
Una cuarta, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la plaza Navona, fue la primera iglesia nacional española de Roma en el siglo XII, con el nombre de Santiago de los Españoles, y hasta 1818, cuando fue abandonada.
Los cuatro continentes están representados en Roma a través de este tipo de iglesias, con lugares tan exóticos como Japón, Congo, Líbano, Armenia o Corea.
Estos templos, que se conocen hoy como iglesias nacionales, llevan en muchas ocasiones como apellido el gentilicio que las distingue -es el caso de San Luis de los Franceses o San Antonio de los Portugueses- y en otras santos o vírgenes del país, como la española de Santa María de Montserrat, la irlandesa de San Patricio y la mexicana de Nuestra Señora de Guadalupe.
Muchas de ellas contienen verdaderas joyas artísticas de la ciudad de los Papas, como Santa María de la Paz, iglesia nacional chilena, tras la cual se encuentra el famoso Claustro de Bramante, diseñado por este arquitecto.
La iglesia nacional portuguesa, decorada por el pintor y arquitecto Luigi Vanvitelli, que también construyó el famoso palacio de Caserta, presenta además una estatua del italiano Antonio Canova y un gran órgano moderno con el que se realizan conciertos.
Pero por encima de todas destaca San Luis de los Franceses, construida por los arquitectos renacentistas Domenico Fontana y Giacomo della Porta, su interior es un conjunto artístico de valor incalculable, en el que destacan sus tres cuadros de Caravaggio: "La vocación de San Mateo", "San Mateo y el ángel" y "El martirio de San Mateo".
Algunas comunidades linguísticas, como la germana, cuentan con una sola iglesia, la barroca Santa María del Alma, que las reúne a todas, ya sean austríacos o alemanes, mientras que otras como la inglesa y la española están divididas por países.
Así, los ingleses cuentan con la céntrica San Silvestre, los estadounidenses con Santa Susana en las Termas de Diocleciano y los canadienses con Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y de los Mártires Canadienses.
Entre las comunidades iberoamericanas, algunas de las iglesias nacionales fueron construidas por el propio país, como San María de los Dolores, levantada con motivo del centenario de la independencia de Argentina, en 1910.
Otras, como la chilena o la guatemalteca -San Ignacio de Loyola-, son muy anteriores a la existencia de estos países, y fueron asignadas como iglesias nacionales con posterioridad.
España es un caso particular, ya que tiene nada menos que tres iglesias nacionales: Santiago de los Españoles y Santa María de Montserrat (llamada comúnmente Santa María de Montserrat), Santísima Trinidad de Vía Condotti y San Carlino alle Quattro Fontane, las dos últimas por la presencia de monjes trinitarios españoles.
Una cuarta, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la plaza Navona, fue la primera iglesia nacional española de Roma en el siglo XII, con el nombre de Santiago de los Españoles, y hasta 1818, cuando fue abandonada.
Los cuatro continentes están representados en Roma a través de este tipo de iglesias, con lugares tan exóticos como Japón, Congo, Líbano, Armenia o Corea.