Cultura
Salvador Elizondo, a seis años de su muerte
La fotógrafa y viuda de Elizondo, Paulina Lavista, prepara la publicación de los 83 diarios del escritor
CIUDAD DE MÉXICO (29/MAR/2012).- Como un escritor que influyó en la juventud de su época, principalmente con la obra "Farabeuf", fue recordado hoy Salvador Elizondo, a seis años de su muerte, por su viuda, la fotógrafa Paulina Lavista.
En un comunicado difundido por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Lavista comentó que fue hasta la muerte de Elizondo, el 29 de marzo de 2006, que leyó los 83 diarios que Elizondo escribió desde los nueve años de edad. Entonces descubrió nuevas facetas de quien fuera su esposo durante 37 años.
Apuntó que los escritos de Elizondo son el reflejo de la búsqueda de vocación que llevó durante su juventud, pues fue cineasta, torero, físico nuclear y pintor, profesión que abandonó, aunque no por completo, pues en las páginas de sus diarios se pueden ver un sinnúmero de dibujos.
Destacó que su entorno familiar (fue sobrino del escultor Fidias Elizondo, hijo del cineasta Salvador Elizondo Pani y sobrino-nieto del poeta modernista Enrique González Martínez), contribuyó a marcar la curiosidad artística del autor de "El grafógrafo" y "El hipogeo secreto".
A decir de Lavista, Salvador Elizondo fue un joven muy sufrido, y a pesar de su condición económica acomodada, siempre buscó conseguir méritos propios.
Los diarios de Elizondo, que finalizan tres días antes de su muerte, contienen un dialogo consigo mismo, son como "un amigo, un confesor, un delator, un momento en el que manifiesta todo lo que siente", señaló la fotógrafa mexicana.
Añadió que contienen dibujos, cartas y fotografías, pero lo que destaca, es su caligrafía meticulosa, tanto en español, como en inglés y francés.
Entre las más de 30 mil cuartillas que dejó destacan los "noctuarios", textos que hacía Elizondo de noche, ya que la atmósfera nocturna le daba otra visión, así como un dibujo al iniciar cada mes, pues para él "era un placer el paso de los días", agregó Lavista.
"Salvador leyó en todos los idiomas todos los libros que pudo. Lo vi devorar libros, realmente era una admiración por la literatura. Para escribir como él escribió, y no caer en lo ya dicho, necesitó haber leído demasiado", expresó.
Consideró que un escritor pasa por muchas etapas, en el caso de los diarios de Elizondo, las etapas y evolución, fracasos y triunfos, se reflejan en su diario. "Están documentados", detalló Lavista, quien planea la publicación de estos materiales.
"Los diarios de muerte", dijo, son una crónica del proceso de enfermedad que Salvador Elizondo vivió, desde que le diagnosticaron cáncer; en ellos describe y dibuja lo que le devino con la terrible enfermedad.
Salvador Elizondo nació en la Ciudad de México, el 19 de diciembre de 1932, también fue crítico literario y traductor; en 1990 recibió el Premio Nacional de Literatura y desde 1976 fue miembro de la academia Mexicana de la Lengua.
En un comunicado difundido por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Lavista comentó que fue hasta la muerte de Elizondo, el 29 de marzo de 2006, que leyó los 83 diarios que Elizondo escribió desde los nueve años de edad. Entonces descubrió nuevas facetas de quien fuera su esposo durante 37 años.
Apuntó que los escritos de Elizondo son el reflejo de la búsqueda de vocación que llevó durante su juventud, pues fue cineasta, torero, físico nuclear y pintor, profesión que abandonó, aunque no por completo, pues en las páginas de sus diarios se pueden ver un sinnúmero de dibujos.
Destacó que su entorno familiar (fue sobrino del escultor Fidias Elizondo, hijo del cineasta Salvador Elizondo Pani y sobrino-nieto del poeta modernista Enrique González Martínez), contribuyó a marcar la curiosidad artística del autor de "El grafógrafo" y "El hipogeo secreto".
A decir de Lavista, Salvador Elizondo fue un joven muy sufrido, y a pesar de su condición económica acomodada, siempre buscó conseguir méritos propios.
Los diarios de Elizondo, que finalizan tres días antes de su muerte, contienen un dialogo consigo mismo, son como "un amigo, un confesor, un delator, un momento en el que manifiesta todo lo que siente", señaló la fotógrafa mexicana.
Añadió que contienen dibujos, cartas y fotografías, pero lo que destaca, es su caligrafía meticulosa, tanto en español, como en inglés y francés.
Entre las más de 30 mil cuartillas que dejó destacan los "noctuarios", textos que hacía Elizondo de noche, ya que la atmósfera nocturna le daba otra visión, así como un dibujo al iniciar cada mes, pues para él "era un placer el paso de los días", agregó Lavista.
"Salvador leyó en todos los idiomas todos los libros que pudo. Lo vi devorar libros, realmente era una admiración por la literatura. Para escribir como él escribió, y no caer en lo ya dicho, necesitó haber leído demasiado", expresó.
Consideró que un escritor pasa por muchas etapas, en el caso de los diarios de Elizondo, las etapas y evolución, fracasos y triunfos, se reflejan en su diario. "Están documentados", detalló Lavista, quien planea la publicación de estos materiales.
"Los diarios de muerte", dijo, son una crónica del proceso de enfermedad que Salvador Elizondo vivió, desde que le diagnosticaron cáncer; en ellos describe y dibuja lo que le devino con la terrible enfermedad.
Salvador Elizondo nació en la Ciudad de México, el 19 de diciembre de 1932, también fue crítico literario y traductor; en 1990 recibió el Premio Nacional de Literatura y desde 1976 fue miembro de la academia Mexicana de la Lengua.