Cultura

Restauran y entregan lábaro de la intervención de EU en 1914

La insignia que cubrió el cuerpo sin vida del teniente José Azueta, fue devuelta por el INAH

CIUDAD DE MÉXICO (27/ABR/2010).- La bandera que cubrió el cuerpo sin vida del teniente José Azueta Abad, herido durante la Intervención de Estados Unidos de 1914 en el Puerto de Veracruz, fue entregada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a la Heróica Escuela Naval Militar.  

La devolución se hizo luego de medio año de intenso trabajo de restauración, con el que se logró la reintegración del escudo, casi deshecho por las acciones del tiempo y la luz.  

El 14 de abril de 1914 el puerto de Veracruz fue tomado por los estadounidenses en la Segunda Intervención de Washington en México.  

La Escuela Naval Militar entró en defensa del país y el teniente José Azueta, "sólo con una ametralladora", enfrentó a un grupo de soldados estadounidenses, acción en la que resultó gravemente herido.  

Fue internado en un hospital donde murió el 3 de mayo, al negarse a ser atendido por un médico de Estados Unidos. Esta acción fue motivo para que la escuela militar recibiera el título de Heróica.  

Narran algunos historiadores que Azueta, cuando se enteró que un médico del ejército invasor lo iba a atender, dijo: "De los asesinos no quiero ni la vida".  

Los funerales de Azueta se llevaron a cabo en ausencia de militares, debido al caos por el que atravesaba el país; sin embargo, el pueblo veracruzano apreció tanto aquel acto que le rindió honores durante el sepelio, y de un edificio público la gente tomó la bandera de México para colocarla en su féretro, y una más pequeña, llamada "coronela" o "principal", se usó para cubrir su cuerpo.  

La atención de esta última insignia es la que se llevó a cabo durante seis meses en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), dependiente del INAH.  

En días pasados la pieza histórica de 87 por 57.5 centímetros fue recibida por el secretario de Marina, almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, quien expresó su felicitación a la especialista Lorena Román y a los estudiantes Fanny Magaña Nieto y David Estrada Barrientos, por su labor en la conservación del lábaro.  

Los alumnos Magaña Nieto y Estrada Barrientos informaron que la insignia es de seda verde, blanca y roja, con un escudo nacional pintado al centro directamente sobre la tela. Al momento de llegar a la ENCRyM, la insignia estaba severamente dañada, principalmente por la acción directa de los rayos ultravioleta de la luz.  

"El campo de color blanco estaba prácticamente hecho polvo y con él, la pintura que integraba el escudo, cuya imagen se perdió en 90 por ciento, por lo cual la reintegración del emblema fue un reto", añadieron.  

La intervención inició con la limpieza de los campos tricolores, no obstante, ante la carencia de documentación de la pieza, se tuvo que recurrir a la investigación histórica para tener elementos para su adecuada atención.  

La bandera fue conservada por la familia de Azueta hasta mediados de los años 60, luego pasó a manos de un militar sobreviviente de la batalla y finalmente se entregó a la Escuela Naval Militar.  

"La reintegración del escudo fue la parte más difícil de todo el proceso, en los restos de seda seguimos los trazos de pintura que se conservaron, tenues, pero evidentes, para recuperar algunas de las características físicas.  

'Asimismo, determinamos los emblemas que se empleaban entre 1880 y 1898, y los comparamos con la iconografía que se conservó del escudo de la bandera que cubrió el cuerpo de Azueta", abundaron los alumnos.  

"Probamos varias imágenes, basándonos en materiales históricos y logramos hacer una hipótesis de lo que fue el escudo; siguiendo tal idea armamos los pedazos sobre un soporte de tela nueva: una popelina de seda extremadamente traslúcida de color blanco".  

La insignia además presentaba manchas y desteñido en sus colores verde y rojo. Para retirar las primeras se limpió con una solución especial; luego se envolvió en popelina (tela liviana) transparente, verde y roja, respectivamente, de tal suerte que por encima pareciera que estos campos se volvieron a teñir, pero que a la vista puede distinguir el tejido original.  

Cabe destacar que para la restauración de banderas los especialistas experimentan con diferentes tipos de tejidos, lienzos y teñidos, como si fueran pintores que mezclan pigmentos para obtener cierto color, sólo que en este trabajo lo que se combina es la tela.  

También se creó un soporte sobre el cual descansa la bandera, que además de proteger se iguala el color y la clase de tela, para no alterar la pieza original, en este caso se eligieron popelinas verde, blanca y roja, que ayudan a que el lábaro se vea menos desteñido, al tiempo que filtra las condiciones ambientales que deterioran la seda.  

Los restauradores explicaron que se trata de una técnica similar al rigattino en la pintura, con el cual se pintan los faltantes con rayas muy finas que a simple vista completan la obra, pero de cerca se puede diferenciar de lo que fue repintado.  

Magaña y Estrada explicaron que previamente a la intervención hicieron una identificación de los materiales con los que se elaboró la bandera coronela de Azueta.  

Es decir, las fibras, cargas, colorantes y se hizo un análisis de su factura, cuyos resultados sirvieron para escoger los materiales con los que se restauró.  

A decir de David Estrada, restaurar esta bandera fue una gran responsabilidad y reiteró que el mayor reto fue el escudo, "tuvimos que poner mucho énfasis en la información sobre él para no falsearlo y cumplir con el reto de recuperar la dignidad de la pieza.  

"En un principio costó mucho trabajo su manipulación, porque con el menor aire, incluso al respirar, se esparcían los fragmentos, por lo que tuvimos que trabajar con tapaboca", concluyó.  

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