Cultura

Per Petterson retrata el derrumbe de las ilusiones

El aclamado autor de Salir a robar caballos reincide en su “mundo triste y romántico” en su nueva novela

GUADALAJARA, JALISCO. Al escritor noruego Per Petterson (Oslo, 1952) nunca se le olvidarán las palabras con las que su madre despachó su primera novela. No en vano, serían también las últimas que la oiría pronunciar antes de morir. “Espero que la próxima sea menos infantil”, le dijo. Y a los pocos días se murió. Había superado con éxito un cáncer, pero nada pudo hacer cuando el “ferry” que cubría el trayecto entre Oslo y la localidad danesa de Frederikshavn sufrió un aparatoso accidente en 1990 y se llevó por delante la vida de 159 personas.

Dos décadas después, Petterson vuelve a embarcarse -metafóricamente hablando- en un “ferry” para construir su nueva novela, Yo maldigo el río del tiempo (Mondadori), en torno a la compleja relación entre una madre y un hijo. Es 1989, ella se muere de cáncer y él, el mismo Arvid Jansen que ya había protagonizado algunas de las anteriores novelas del autor noruego, contempla cómo todas sus ilusiones se van por el desagüe.

“Al principio pensaba en escribir algo sobre mi propia madre, algo que fuese verdad, pero me di cuenta de que en cuanto escribes algo que es verdad lo transformas inevitablemente en falso, ya que estás haciendo literatura”, explica Petterson.

Semidesconocido fuera de su país hasta que publicó Salir a robar caballos y ganó el IMPAC Dublin Literary Award en 2007, veciendo a autores como Cormac McCarthy, Salman Rushdie y J. M. Coetzee, Petterson es ahora uno de los autores escandinavos más reconocidos y laureados. Y eso que ni escribe novela negra ni planea una sola de sus obras. “Conozco escritores que antes de hacer una novela apuntan en una gran pizarra todos los giros y detalles de la trama y para mí es algo rídiculo -explica-. Yo necesito empezar una página sin saber lo que ocurrirá en la siguiente y dejar que el libro me vaya sorprendiendo poco a poco”.

- ¿Tras el aplastante éxito de “Salir a robar caballos” no se sintió intimidado a la hora de abordar “Yo maldigo el río del tiempo”?
- El éxito me dispersó. Tuve que atender a demasiadas entrevistas y presentaciones, y me provocó tal estrés que tuve que acudir a terapia.

- ¿Cree en el poder terapéutico de la escritura?
- He pensado mucho sobre eso. Mi conclusión es que si tienes un problema es mejor que vayas al psicólogo. Es más, escribir un libro es como una antiterapia, porque el médico te pone parches ahí donde lo necesitas y la novela se ensaña en tus heridas para que el resultado, literariamente hablando, sea lo más verdadero posible. Coetzee, que hace las novelas más desoladoras del mundo, decía que tienes que avanzar hacia el dolor y que cuando has llegado al fondo, ya tienes la clave.

- ¿Y aquí ha llegado al fondo?
- Sí. Cuando oí la frase de Coetzee la hice mía y me dije: ‘voy por buen camino y estoy tan convencido de ello que me da igual lo que piensen los demás’. El arte tiene que ver con el dolor; el resto es ocio. Eso no quiere decir que el entretenimiento no sea necesario, pero no es arte.

- ¿La pérdida de su padre, madre, hermano y sobrina en el incendio de un “ferry” en 1990 supone un antes y un después en su obra?
- Lo es más en mi vida personal, porque la muerte siempre ha estado presente en mis libros. En 1983, siete años antes del accidente del “ferry”, falleció mi hermano mayor y la familia se quedó sin palabras. Nos era imposible hablar de él. Cuando sucedió el accidente y se reunió el resto de la familia, lo primero que afloró fue aquella antigua muerte.

- La muerte del hermano también gravita en “Yo maldigo el río del tiempo”.
- Ahí he colocado una escena tal como sucedió en la que se muestra al padre frente al cadáver del hijo sin saber cómo enfrentarse a ello. Yo vi a mi padre en esa situación y no comprendí su colapso hasta que empecé a escribir sobre ello.

- ¿Las relaciones con su madre también fueron tan difíciles como se muestran en la novela?
- Fueron mucho mejores y ella era más cariñosa, pero sí, en líneas generales, el libro ilustra la debilidad de mi padre y la fortaleza de mi madre. Entre una madre y una hija puede darse un vínculo problemático, pero es fácil detectar dónde radica el problema. Entre una madre y un hijo las cosas son bastante más complejas. De eso va la novela.

- La crítica ha dicho de usted que escribe como un norteamericano. ¿Lo asume?
- Ahora me dedico a los clásicos europeos: Proust, Tolstoi, Dostoievski. En mi juventud leí mucha literatura norteamericana, pero acabaron con mi paciencia. Demasiada verborrea.


“Necesito empezar una página sin saber lo que ocurrirá en la siguiente y dejar que el libro me vaya sorprendiendo poco a poco”


Trayectoria ascendente
Entre libros


Antes de empezar a escribir, Per Petterson ya desempeñaba distintos trabajos relacionados con los libros y la literatura. Trabajó durante varios años como librero, traductor e incluso crítico.

En 1987 hizo su debut como escritor con un libro de relatos, Aske I munnen, sand I skoa, al que siguieron Ekkoland (1989), Det er greit for meg (1992), Til Sibir (1996), I kjolvannet (2000), Salir a robar caballos (2003), Mannen over porten (2004) y finalmente Yo maldigo el río del tiempo.

Petterson es uno de los autores nórdicos más importantes del panorama narrativo contemporáneo y ha sido premiado con una larga lista de galardones, entre los que destacan el Nordic Council’s 2009, The Brage Prize 2008, el International IMPAC Dublin 2007, el Critic’s 2007, Le Prix Mille Pages 2007 y The Independent Foreign Fiction.

Su novela Salir a robar caballos fue seleccionada como uno de los cinco mejores libros de 2007 por The New York Times, del que se vendieron más de 140 mil ejemplares en Noruega. Además, ha sido traducido a más de 40 idiomas, destacando la exitosa acogida que ha tenido en Estados Unidos e Inglaterra, países en los que se ha convertido en uno de los autores más aclamados por la crítica.

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