Cultura

Las glorias de la danza se apagan

Hace casi cuatro décadas, en los años 70, Pina Bausch sorprendió al mundo con una nueva forma de abordar la danza

BERLÍN, ALEMANIA.- Hace casi cuatro décadas, en los años 70, Pina Bausch sorprendió al mundo con una nueva forma de abordar la danza, incorporando a ella elementos teatrales y haciendo del movimiento un lenguaje mucho más intenso visual y expresivamente, explotando al máximo las emociones de los intérpretes.
 
Hoy es la noticia de su muerte la que sorprende y conmociona al mundo, a sus seguidores, desde espectadores lejanos -incluso más allá de los escenarios en que se presentó a lo largo de su trayectoria- hasta sus alumnos, los que lo fueron de primera mano o a través de la distancia.

"Pina Bausch falleció el martes de mañana en el hospital de una muerte repentina y rápida, cinco días después de que se le diagnosticara un cáncer", indicó el Tanztheater de Wuppertal por medio de un comunicado de prensa. "El domingo pasado todavía estuvo en el escenario, junto con su compañía, en la ópera".

La coreógrafa y bailarina, nacida en Solingen (al oeste de Alemania) el 27 de julio de 1940, se consagró como una de las figuras fundamentales de la danza contemporánea del siglo XX. Su influencia sobre más de tres generaciones de coreógrafos de todo el mundo atestiguan la singularidad de su talento. De hecho, se le considera como eje de la cristalización de la llamada danza-teatro (o teatro-danza, según otras definiciones), una manera de concebir el espectáculo desde una óptica compleja, abierta y no lineal.

Además, se incorporó a la danza otros elementos con los cuales provocó un cambio en el rol de los bailarines. Algunos la consideraban una coreógrafa única y sin igual en la dirección de sus temas predilectos, como el miedo o la guerra de los sexos.

Pina (Philipine) Bausch inició su formación a los 14 años de edad, cuando ingresó a la escuela de Folkwang de Essen, bajo la dirección del coreógrafo Kurt Joss. Posteriormente, entre 1959 y 1962, continuó sus estudios en la Julliard School of Music, en Nueva York, teniendo como maestros a otros grandes de la danza como Anthony Tudor, José Limón (de origen mexicano) y Mary Hinkson.

Su trabajo profesional lo desarrolló en compañías como el New American Ballet, el Metropolitan Opera de Nueva York, el Ballet Folkwang y la Compañía de Ballet del Tanztheater de Wuppertal.

Entre sus obras coreográficas se encuentran Fragmento (1968), Ifigenia en Táuride (1974), Limpiador de ventanas (1997), Bamboo Blues (2006) y Velada danzante (2009), ésta última presentada a mediados de junio en su teatro en Wuppertal.

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