Cultura

La Tate Britain dedica retrospectiva al provocador Chris Ofili

Los excrementos de elefante eran un elemento recurrente en las provocadoras pinturas con las que Chris Ofili se dio a conocer

LONDRES, INGLATERRA.- Los excrementos de elefante eran un elemento recurrente en las provocadoras pinturas con las que Chris Ofili se dio a conocer, pero al que parece haber renunciado definitivamente en la nueva etapa que comenzó con su traslado a la isla caribeña de Trinidad hace cuatro años.

La galería Tate Britain, de Londres, dedica ahora una retrospectiva a ese artista de origen nigeriano aunque nacido en Manchester en 1968, a quien el coleccionista Charles Saatchi incluyó en la primera exposición colectiva de esa generación de artistas iconoclastas conocidas como los Young British Artists (1997).

Fue aquella la exposición en la que Damien Hirst presentó su tiburón conservado en formol; Tracey Emin, su tienda de campaña con los nombres de todos sus amantes hasta el momento; y los hermanos Chapman, su recreación en tres dimensiones de algunos grabados de la famosa serie de "Los Desastres de la Guerra", de Goya.

El entonces totalmente desconocido Ofili participó con una imagen de una Virgen negra, que se apoyaba en boñigas de elefante: parecía un icono muy decorativo hasta que uno se acercaba a él y veía que el artista había utilizado pequeños recortes de revistas pornográficas en los que aparecían culos y genitales femeninos.

Cuando la exposición viajó a Nueva York, la obra de Ofili escandalizó a los católicos, entre ellos, el arzobispo de esa ciudad y cardenal John O'Connor, que vio en ella un ataque en toda la regla a la religión.

Al año siguiente, en 1998, Ofili ganaría el premio Turner con, entre otras, una obra titulada "No Woman, No Cry", delicado retrato de mujer que el artista pintó como reacción al asesinato, cinco años antes, de un adolescente británico negro: vistas de cerca, las lágrimas de la mujer resultaban ser minúsculas imágenes de su hijo.

Su creación más famosa, también anterior a su traslado a Puerto España (Trinidad), es sin duda la instalación llamada "The Upper Room", trece pinturas de otras tantas figuras simiescas, al modo de los apóstoles de la Última Cena, en las que en el lugar del Cristo aparece el que podría ser Hanuman, el dios mono de los hindúes.

Por cierto que la compra de esa instalación por la Tate fue especialmente polémica ya que en el momento de la adquisición - por 705 mil  dólares (unos 783 mil  euros al cambio actual)-, el artista era miembro del patronato del museo, lo que hizo que algunos criticaran la operación por conflicto de intereses.

En la retrospectiva que ahora se le dedica que podrá visitarse hasta el 16 de mayo, la Tate muestra todas esa polémicas obras junto a su nueva producción, en la que han desaparecido los excrementos animales a modo de protuberancias o que servían para apoyar los cuadros en el suelo.

En lugar de resinas, cabezas de alfileres, collages y otros elementos que, a modo de explosiones pirotécnicas, marcaban su etapa anterior, Ofili recurre ahora a materiales tradicionales como el óleo, que aplica en grandes manchas de color sobre lienzos de grandes dimensiones.

Estas nuevas obras, que tienen a veces títulos bíblicos como "Iscariot Blues" o "La Resurrección de Lázaro" y se caracterizan por una mayor sencillez formal - dominan las líneas sinuosas y los colores vivos- tratan de captar con la mayor inmediatez posible la naturaleza de un Caribe mágico y misterioso.

En algunas de ellas, como "The Healer" (El Curandero), en la que un personaje muy oscuro parece alimentarse de luminosas flores amarillas - ¿o acaso las vomita?-, se nota además la influencia de William Blake, ese gran pintor y poeta visionario.

Ofili dice haber pintado ese cuadro al aire libre en medio de un eclipse total de luna en Trinidad.

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