Cultura

El santoral fue uno de los libros más importantes de la Edad Media

Hace algunas décadas, los bebés eran bautizados con el nombre del santo que se celebraba el día en que había nacido

CIUDAD DE MÉXICO.- San Andrés, Santa María, San Antonio Abad, San Mario o Santa Martha son parte de los más de 10 mil beatos y santos del calendario que son conmemorados a lo largo del año, de acuerdo con una costumbre católica que data del siglo II de nuestra era. 

Hasta hace algunas décadas, los bebés eran bautizados con el nombre del santo que se celebraba el día en que había nacido el infante y, en algunas ocasiones, el santo era más festejado que el cumpleaños. 

De acuerdo con una nota publicada en el número más reciente de la revista "Algarabía", esta costumbre se originó en el siglo II de nuestra era, cuando se conmemoraba a los primeros mártires cristianos en el día que correspondía a su muerte. 

La veneración de los confesores -hombres y mujeres no mártires, pero de vidas virtuosas- por los santos, data del siglo IV, tras la conversión de Constantino a la fe católica, periodo en el que se compilaron muchos martiriólogos, ahora llamados hagiográfos para elaborar la biografía de estos seres de fe. 

En esa época, las vidas de los santos se leían como sermones y se catalogaban en calendarios anuales o "menaion" (de menaios, mes en griego), de los que se hacían versiones cortas, de la vida del santo de cada día, o "synaxarion". 

Fue hasta la Edad Media, cuando, al generalizarse la devoción popular en torno a las reliquias y numerosos milagros, fue debatido el tema ampliamente por los grandes teólogos medievales. 

Sin embargo, es el Concilio de Trento (1545-1563) el que define claramente la doctrina, invocación, veneración, imágenes, intercesión e indulgencias de los santos. 

A partir de entonces, la "hagiografía" cobró gran interés ya que a partir de ella, se derivaron todos los estudios de iconografía; mientras que los artistas medievales y renacentistas se inspiraron en estas vidas de santos para elaborar sus cuadros o a la hora de esculpir un capitel. 

En ese sentido, el hagiógrafo, José Aragues Aldáz, precisó que al margen de este interés iconográfico existen también otras miradas laterales a la hagiografía, como puede ser la mirada de los folcloristas. 

Tanto los textos medievales, como los del siglo XVI, explicó, están plagados de motivos folclóricos que se incorporan a la vida de los santos. 

En cuanto a la literatura de los Siglos de Oro y la medieval, la frontera entre la historia literaria y la "hagiografía" no estaba tan clara y cuando cualquier autor de vida de santos presentaba su obra al público, por un lado sí se reconocía que estaba haciendo una obra histórica frente a una de ficción. 

Reconstruir la literatura de los Siglos de Oro, advirtió, exige también echar una mirada al "Santoral" porque ciertamente fue un "best-seller" en su época. 

En la actualidad, continuó el especialista de la Universidad de Zaragoza, España, está de moda cierto tipo de narración más o menos fantástica que tiene mucho que ver con ese universo medieval que también describen las vidas de los santos. 

El cine, dijo, está recurriendo a aspectos que no son exactamente vidas de santos, pero que forman parte de ese mismo universo de las lecturas del hombre medieval, e incluso, ¿Por qué no?, existe también un nuevo interés por todo lo esotérico que puede favorecer la difusión de las vidas de los santos. 

Lo que ocurre, sin embargo, añadió, es que ese tipo de interés tiene muy poco que ver con la reconstrucción histórica del género y antes que nada supongo que lo que ayuda es a distorsionar todavía más la imagen, la verdadera imagen que la hagiografía tuvo en su momento. 

La primera fase del "Santoral" llega hasta 1580, se trata de aquellos basados en una obra del siglo XIII, en "La leyenda áurea" de Vorágine. Dentro de esa gran fase hasta 1580, se distingue a su vez dos grandes grupos de textos: uno es el que se puede llamar leyenda de los santos, que está testimoniado por cinco manuscritos y por una media docena de impresos entre otros. 

Uno es ejemplar del Museo Británico y otro de Loyola, la famosa leyenda de los santos de Loyola. Esa sería la primera gran corriente. 

La segunda gran corriente estaría testimoniada por otros cinco manuscritos distintos, todos del siglo XV, y por una serie de impresos mayor que la de la leyenda de los santos. 

Sin embargo, la edición más conocida sobre este tema es "Flos Sanctorum", de Ribadeneyra, cuya antología fue publicada hace 10 años. 


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