Cultura

El haragán culturoso

La bodega

Todo mundo tiene una linda lista de propósitos a romper. Habrá quién deje de fumar por un par de semanas agriándole la vida a las personas que están a su alrededor con sus cambios de humor dignos del periodo menstrual de Godzilla; otros iniciarán dietas que caerán como el Hindemburg en el océano del fracaso. Habrá otros que hagan ejercicio por 45 minutos y bueno, está el propósito, muerto antes del parto de los empresarios del transporte, que aseguran con tan buenas intenciones como belzebub, que el servicio mejorará. Ajá.

En medio de este camposanto de buenas intenciones enciendo mi veladora y decido mejorar la calidad de mi existencia aunque traicione un poco mis básicos principios en beneficio aparente de mi cartera.

Explico: Hace no sé cuanto tiempo, un grupo de empresarios, optó por abaratar precios mediante medidas simples como la compra de grandes volúmenes de productos y con ello convertir sus almacenes en tiendas.

De esta manera compraban cosas baratas y no tenían que ponerlas en bonitos aparadores sino que vendían directamente de la bodega. El resultado fue la desaparición de la tiendita de la esquina y los “mole-maremagumercados” a los que yo me resistía a asistir.

Sin embargo, los vientos de cambio que soplan en enero me hicieron llegar a un acuerdo con mi hermana. Ella me enseñaría a navegar por las complejas aguas de esos bodegones gigantescos para los que se requiere membresía y yo le enseñaría como se enciende una compu. Justo. Ella aprende lentamente a archivar fotos mientras yo descubro la fecha de caducidad de las lechugas.

El experimento fue interesante, pasamos seis horas navegando por toda clase de pasillos y ahora en lugar de aguinaldo tengo papel higiénico para mantener un regimiento, pasta dental y detergente que durará hasta el 2015 y un refrigerador lleno de toda clase de productos que van desde quesos de las islas marabandú hasta toallas femeninas… un momento… yo no necesito toallas femeninas y no creo que estos productos deban refrigerarse, pienso, mientras disfruto de un licuado de frutas tropicales, frambuesa y arándano.

Esto es vida… supongo.

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