Sábado, 18 de Mayo 2024
Suplementos | Las autodefensas son inevitables en el contexto de violencia que vive Michoacán

Un doctor bajo sospecha

El caso colombiano ilustra la cooptación que suele existir entre cárteles y grupos de autodefensa

Por: EL INFORMADOR

'Vamos a aguantar con lo que nos quede de vida', José Manuel Mireles Valverde, líder de autodefensas.  /

'Vamos a aguantar con lo que nos quede de vida', José Manuel Mireles Valverde, líder de autodefensas. /

GUADALAJARA, JALISCO (12/ENE/2014).- El Estado, según la clásica definición de Max Weber, es el monopolio del uso de la fuerza y la violencia legítima en un territorio. El Estado es el depositario de ese pacto social donde todos cedemos la libertad de hacer lo que queramos, por la seguridad de una convivencia basada en la ley y en el estado de derecho. Sin embargo, ¿qué pasa si el Estado no cumple con su función original de dotar de seguridad a sus ciudadanos? ¿Es válido que los ciudadanos se armen y se defiendan a sí mismos ante las omisiones del Estado? ¿Cómo diferenciar la defensa justa de la seguridad ante las omisiones del Estado, de la justicia por propia mano característica de los tiempos previos al estado de derecho y de las repúblicas?  No son respuestas fáciles.

José Manuel Mireles Valverde es el fruto de estas contradicciones. Conocido en los medios de comunicación como la cara más visible del llamado Consejo Ciudadano de Autodefensas Comunitario de Michoacán, su papel simboliza el fracaso y la incapacidad del Estado mexicano para controlar y gobernar su territorio. Es el espejo de la desesperación en la que viven miles de ciudadanos que ven como el Estado no sólo ha abandonado en vastos territorios del país su papel constitutivo de brindar seguridad a la población, sino que también ha renunciado al monopolio del cobro de impuestos y del control territorial.

El narco en amplias regiones del país, y en Michoacán con notable severidad, se ha convertido en un Estado al margen del democrático, capaz de extenderse y de cumplir roles de hacienda pública y hasta obras comunitarias. Territorios controlados por el crimen organizado que se fortalecen en la misma proporción en que las instituciones políticas se debilitan. Siete de cada 10 municipios en el país, según el investigador Eduardo Buscaglia, se encuentran en la esfera de control del crimen organizado.

“El doctor de la mirada fría”

Mireles Valverde, también conocido como el “doctor de la mirada fría”, goza de amplia legitimidad, particularmente en los municipios donde existe alta presencia de los grupos de autodefensas. Médico egresado de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, su natal Tepalcatepec es una mezcla de todos los factores que han sido decisivos para el surgimiento de las autodefensas en México: ingobernabilidad, falta de seguridad, cobro de piso, violencia y terror en la población. Municipio de más de 15 mil habitantes ubicado en la inestable Tierra Caliente de Michoacán, y a unos cuantos kilómetros de la frontera con Jalisco, los problemas de ruptura institucional han alcanzado la toma del Ayuntamiento por parte de los grupos de autodefensa que no reconocen al alcalde priista, Guillermo Valencia. Tepalcatepec se constituye como un espacio donde el Estado ha desaparecido y el control municipal enfrenta a los Caballeros Templarios y a los grupos de autodefensa que resisten el embate.

Mireles Valverde es más que un combatiente del crimen organizado, es un símbolo de la renuncia del Estado. Es todo menos un político y menos un poeta de los movimientos sociales como el Subcomandante Marcos. Es un hombre crudo y realista, frío y calculador. Sus palabras no esbozan un futuro mejor donde todos podamos convivir en paz y en armonía; por el contrario, en sus entrevistas refleja con mucha nitidez el sufrimiento y la desesperación que aquejan a miles de ciudadanos en Michoacán. Sin embargo, esa crudeza se entrelaza con sus largos trayectos para conseguir medicinas y dotar a la comunidad de los productos mínimos necesarios.  

Su inconformidad se extiende más allá de los cárteles, narcos y delincuentes. Su denuncia es también contra la clase política, a la que no pocas veces juzga de criminal y delincuente en el mismo sentido que a sus enemigos narcotraficantes. Dentro del discurso se pueden localizar estas dicotomías continuas: una población buen a e indefensa vs. Un estado malo y en colusión con la delincuencia. Aunque el problema de la criminalidad y la falta de gobernabilidad territorial están vinculados con la ausencia de Estado, para Mireles Valverde el Estado no es la solución, sino el problema. Su narrativa se sustenta en el justicierismo, una combinación de valores y justicia comunitarios. Por ejemplo, siempre ha dicho que se desarmaría solamente si le traen las cabezas de los siete líderes de los Caballeros Templarios. Más que una coyuntura precisa, sus reclamos asoman una verdad muy clara para él: la comunidad y los de abajo, contra la alianza entre poderosos y criminales.

Lo cierto es que Mireles Valverde comanda algo más que una modesta policía comunitaria. Los datos proporcionados en entrevista, señalan que en Tepalcatepec hay tres mil personas armadas las 24 horas del día listas para defender a las “familias y propiedades” de la población. Una cifra nada despreciable: es decir, uno de cada cinco habitantes de Tepalcatepec están armados, un verdadero escuadrón. Y no es la comunidad más armada, existen otras como Coalcomán que cuentan con cinco mil armados día y noche. Las emboscadas y los enfrentamientos entre cárteles y grupos de autodefensa en estos municipios, son más la regla que la excepción.

El antecedente

Decía Karl Marx que la historia se repetía “primero como tragedia, después como farsa”. Las autodefensas no son, ni mucho menos, un fenómeno exclusivamente mexicano. Cualquier estado endeble e incapaz de hacer valer su entramado institucional, muestra como síntoma de descomposición a una sociedad civil que decide armarse. Y es que las autodefensas son una necesidad y al mismo tiempo una tragedia. Para muchas comunidades, permanecer pasivos ante la incapacidad estatal sería prácticamente firmar el acta de defunción. Sin embargo, antecedentes de este tipo de grupos en otras latitudes como Colombia o Perú, nos muestran que es difícil que estos grupos, aunque pudieron haber nacido con intenciones puras y castas, se mantengan por la línea de la defensa ciudadana sin alianzas con el narcotráfico o la guerrilla. Al final, como pasó con la Autodefensas Unidas de Colombia (conocidas como las AUC), devinieron en estructuras paramilitares y sicarios dispuestos a todo por el negocio (y con un vínculo ya explícito con el narcotráfico).

Así, es inevitable que existan dudas sobre el papel de las autodefensas en una democracia de estado de derecho.
También su autonomía con relación al narcotráfico está bajo sospecha. Por un lado, ¿Cómo pudo Mireles armar con miles de armas a municipios tan pobres? ¿Qué estaba haciendo Mireles en tierra jalisciense hace algunos días, antes de su accidente aéreo? Son preguntas a las que no tenemos respuestas. Las narrativas de los gobiernos federal y estatal son completamente distintas, como lo hizo notar esta semana Jorge Fernández Menéndez. Mientras el Gobierno Federal prácticamente lo ve como un aliado y le ha dado un velo de impunidad argumentado que su “fin es bueno” (aunque sus medios disten de entrar en la legalidad), el Gobierno de Fausto Vallejo ha sostenido en innumerables ocasiones que existe una relación estrecha entre las autodefensas y el Cártel Jalisco Nueva Generación. ¿Será que el Gobierno Federal entendió que la única forma de recuperar Michoacán es debilitando a los sanguinarios Caballeros Templarios? Y es que el Gobierno Federal le pide a Mireles que exprese su lucha a través de los cauces de la legalidad, pero para eso, él ya exigió la cabeza de los líderes de los Caballeros Templarios.

La encrucijada michoacana

Y es que parece que Michoacán se resiste a las fórmulas que han dado resultado en otros estados. Ni la militarización, ni la presencia de la Policía Federal, ni tampoco la apuesta por la depuración policial, han tenido el efecto deseado. No sólo está roto el tejido social, también está destruido el institucional y parece que la política ya no es solución. Michoacán no es Nuevo León y menos Chihuahua o Guerrero, sus problemas son muy específicos y difícilmente cabrán en las fórmulas que han demostrado éxito en el pasado. Michoacán requiere una combinación de fortaleza institucional, inversión social y reconstrucción del tejido comunitario (ahí donde se ha desvanecido). Tal vez, la apuesta más importante en materia de seguridad para Enrique Peña Nieto.

Los medios no pueden justificar los fines en una democracia. Incluso, en un sistema democrático, los medios son medios y fines al mismo tiempo. La privatización de la seguridad no es algo nuevo en México: sólo hay que recordar los ejércitos de policías privados que cuidan a empresarios y a políticos día y noche. Son verdaderos ejércitos que responden a la misma lógica, la desconfianza del Estado y su fuerza para detener a los criminales. Autodefensas y policías privados, son dos caras de la misma moneda.

Michoacán requiere de dos apuestas: una coyuntural y reactiva, pero también otra estructural y de largo plazo (mucho más importante). Para la primera, las autodefensas no sólo son necesarias, sino inevitables. Es imposible pedirle a una población que no se defienda como pueda, cuando el Estado la ha abandonado a su suerte. Sin embargo, en la parte del desafío estructural, las autodefensas no sólo no abonan a mejorar el estado de derecho y el entramado institucional, sino que son regresivas. Es la paradoja de las autodefensas: su éxito y multiplicación nos aleja cada día más de una verdadera solución.

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