Sábado, 25 de Mayo 2024
Suplementos | Los medios internacionales han sido un objetivo de la política de la Presidencia

Peña Nieto y la prensa internacional

Antes incluso de llegar a Los Pinos, los medios internacionales han sido un objetivo innegable de la política de comunicación de la Presidencia de la República

Por: EL INFORMADOR

Un Enrique Peña Nieto que salva a México en la portada del TIME.  /

Un Enrique Peña Nieto que salva a México en la portada del TIME. /

GUADALAJARA, JALISCO (16/FEB/2014).- En seis meses se han publicado 31 artículos sobre la reforma energética en el Wall Street Journal; 11 más en el semanario inglés The Economist y 14 en el Washington Post. Un sombrero convertido en OVNI y un Enrique Peña Nieto que salva a México en la portada del TIME. ¿Qué está pasando en México que maravilla a la prensa internacional? ¿Hasta dónde son creíbles estas voces? ¿Es producto de las buenas relaciones públicas o están premiando las intenciones de un Presidente reformista? ¿En el extranjero ven algo que nosotros no vemos?

A diferencia de México donde la prensa siempre ha buscado mostrar esa faceta de imparcialidad y desideologización, la prensa internacional, y sobre todo los grandes medios de comunicación, no vacilan en definirse. Nadie puede negar que “The Economist” es una revista hiper liberal, que rechaza las soluciones de Estado y que apoya toda iniciativa de libre mercado. Nadie se atrevería a dudar que “Le Monde” es un diario de izquierda, muy cercano al pensamiento estatista francés. O incluso que “The Financial Times” hace eco de las ideas que nacen del corazón mismo de “la City” londinense. Los grandes medios globales son portadores de una agenda determinada, tienen ciertos principios y han asumido una línea editorial que los identifica con cierto público. No es sorpresa decir que la mayoría de los medios, con penetración mundial, son en esencia liberales, proclives al libre mercado, la democracia formal y el estado de derecho. Son, en términos generales, cercanos a la agenda de reformas propuestas por Enrique Peña Nieto desde que llegó a Los Pinos.

Premiar intenciones y fascinación
En el análisis de la prensa internacional sobresale un México a distintas velocidades. Emerge ese México que se atreve a discutir sus tabúes, pero que sigue atado a problemas estructurales que chocan directamente con la agenda reformista. Hace no mucho, el “New York Times” alertó de las resistencias a las que se enfrenta Peña Nieto en su agenda reformista y las preocupaciones de un Michoacán con graves problemas de ingobernabilidad. La mirada de la prensa internacional, particularmente de estos grandes  conglomerados, es de juzgar a un país que, a diferencia de Brasil, China, Turquía o la India, ha seguido la receta al pie de la letra que se acordó en el famoso Consenso de Washington. Sólo basta leer a Thomas Friedman en su columna “cómo México regresó al Juego (How Mexico got back in the game?) para entender que hay más porras que realidades, más entusiasmo que análisis cuidadoso. México sería el único país que sin la necesidad de importar algún modelo de planificación central agresiva, puede hallarse camino para tomarse la fotografía con las potencias y convertirse en un actor económico de peso. Es la excepción.

En la semana causó mucha polémica la aparición de Enrique Peña Nieto en la portada de la revista Time. Tal vez, si no fuera por el pomposo “Salvando a México” de la portada, su aparición no hubiera sido tan polémica. Se puede estar en contra de las reformas o incluso pensar que el enfoque de los cambios constitucionales no es el propicio para el desarrollo económico del país, pero es innegable que la reforma energética y, en alguna medida, la reforma educativa, son logros de la administración de Peña Nieto que llevaban postergados décadas. Ni Carlos Salinas, ni Ernesto Zedillo, ni tampoco Vicente Fox o Felipe Calderón habían podido hacer una reforma de fondo en el sector energético. El calificativo “histórico” se ha pervertido y ya se utiliza para todo, sin embargo es cierto que la reforma energética aprobada en diciembre del año pasado merece el apelativo (sin que necesariamente esté de acuerdo con ella).

Es cierto, hay una imagen, como dice el eslogan de Peña Nieto y de su Gobierno, que “México se mueve”. Existe, a nivel internacional, una percepción de que en México están ocurriendo cosas, que se debaten muchos aspectos torales de nuestra economía y del sistema político, en un muy breve periodo de tiempo. Educación, sistema político, petróleo, electricidad, reforma de competencia, finanzas y mercado de préstamos, telecomunicaciones, todos estos sectores han sido tocados y reformados en el último año. Sin embargo, a pesar de esta agenda tan agresiva y ambiciosa, es de entender que “el salvador de México” es un calificativo más adecuado para un mesías o un caudillo (incluso un monarca), que para un presidente de una república democrática. Y lejos de esa salvación, como escribió hace algunas semanas The Economist, en materia económica, México tuvo un pésimo 2013 y en seguridad las cosas se encuentran prácticamente igual que como las dejó Felipe Calderón.

Presidentes en Time
Poco significa ser la portada de la revista Time. El personaje del año suele ser más escrutado, debatido y analizado. Ser el personaje del año significa precisamente constituirse en un protagonista público que marca un antes y un después. En contraposición a esto, haciendo una revisión de la aparición de presidentes mexicanos en la revista, vemos que la portada no es necesariamente un reconocimiento en sí mismo o una medalla al mérito político. El primer presidente mexicano que apareció en la portada fue Plutarco Elías Calles en 1924, tres años después de concluida la última fase de la Revolución Mexicana. Después de ahí se sucedieron Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, José López Portillo y hasta Miguel de La Madrid. Y desde el 20 de diciembre de 1982 (con de la Madrid) hasta diciembre de 2012, con la portada “Viejo partido, nuevo comienzo” con Enrique Peña Nieto en su mes de toma de posesión, los presidentes mexicanos se mantuvieron excluidos de la portada del Time.

No podemos negar que Peña Nieto ha visto en la prensa internacional a un aliado. No sólo desde que llegó a la presidencia en diciembre de 2012, incluso desde el periodo previo a la elección, gran parte de su programa de reformas fueron reveladas primero a la prensa internacional. Por ejemplo, los primeros avances y elementos de lo que sería la reforma energética, fueron vertidos primero en el Financial Times, por el propio Peña Nieto, y después en El País por el actual director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya Austin. La estrategia de comunicación de la Presidencia fue precisamente generar expectativas en los centros de poder económico, sabiendo que en México, soltar cualquier información sobre reforma energética, hubiera supuesto alto grado de oposición con mucha antelación. Así, la reforma energética comenzó su socialización en el extranjero, para luego aterrizar en el debate nacional.
La relación de Felipe Calderón con la prensa internacional, el sexenio pasado, distó mucho de ser cordial. Hasta los últimos días de su sexenio, la opinión pública internacional revalorizó algunas de las apuestas gubernamentales del michoacano. Cerca de su salida se valoraron elementos como la estabilidad económica o su decisión de no intervenir prácticamente en nada en el proceso electoral y entregarle la banda al PRI. Sin embargo, por lo menos hasta 2010 haciendo una revisión de las principales notas sobre México, se veía al México de Calderón como un país secuestrado por las bandas del crimen organizado, con una economía cerca del desastre, sobre todo en la crisis de 2009, y sin un proyecto claro de política exterior. Hasta su aparente “antiamericanismo” era explotado en su contra.
 
En 2010 y 2011, las opiniones sobre México comenzaban a cambiar. Tras la debacle de seis puntos porcentuales en 2009, la economía mexicana logró un rebote de alto crecimiento en 2010. Comenzaron las hipótesis del México boyante, el “tigre celta” y hasta la llamada “Mexican Paradox” (la paradoja mexicana). Esa idea del Wall Street Journal de un México que a pesar de ser inseguro y con problemas de ingobernabilidad, crecía y generaba empleos. Es decir, esa paradoja que tan bien encarnaba Nuevo León. ¿Cómo podía ser que Nuevo León creciera a tasas de 8 ó 9 por ciento en 2010 y que al mismo tiempo viera un casino incendiarse con la mano del crimen organizado?

A la prensa internacional hay que analizarla con sus objetivos, limitaciones y aspiraciones. No hay tal cosa como una prensa neutral, sin ideología y completamente imparcial. Lo que premian hasta el día de hoy los medios internacionales son las aspiraciones y la “idea de país” que Peña Nieto ha sabido “vender” en el extranjero, y no los resultados ni la concreción de las reformas. Es cierto, la distancia entre las expectativas generadas en la prensa global y los puntos de popularidad del presidente en las encuestas, son un indicativo de la brecha entre la ilusión y lo tangible. Lo cierto es que tras un año donde el Presidente tuvo que distanciarse de los logros de su Gobierno por respecto al Pacto por México y a la línea de negociación seguida, con la portada de la revista Time comienza un año donde veremos a un Peña Nieto más dispuesto a recuperar parte de la imagen positiva que ha perdido, tras un año de reformas que polarizaron a México.

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