Domingo, 25 de Febrero 2024

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Nuestra Corona de Adviento

Cada año llega la Navidad y cada año nos trae la invitación a reorientar nuestra direccional de vida…

Por: EL INFORMADOR

     Cada año llega la Navidad y cada año nos trae la invitación a reorientar nuestra direccional de vida… a mirar con toda sinceridad nuestro corazón y ver si en verdad la vida, así como la estamos llevando, es la que nos llena de alegría de satisfacción y de plenitud.
     La Corona de Adviento es una tradición y un medio que nos ayuda a reflexionar en esas ideas claves que nos orientan para poder lograr lo que verdaderamente queremos. Lo podemos hacer tratando de responder, delante de Dios, las preguntas que en los momentos de más sinceridad nos hace nuestro propio corazón.
      Sin duda, para realizar este paso tan importante nos hace falta la luz de Dios, esa luz que Cristo Jesús vino a traer con su presencia a este mundo.
Cada año ponemos nuestra Corona de Adviento en el centro de nuestra casa, pero lo importante es ponerla en el centro de nuestro corazón para pedir al Señor que su luz nos ilumine.
      La luz nos hace ver con claridad qué somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Por eso en el primer domingo de Adviento se nos invita a la Conversión, para ubicarnos y saber hacia dónde se dirige  nuestra vida. No podemos caminar sin rumbo, ni ir a la deriva, es necesario tener una meta y orientarnos hacia ella.
     Conversión es revisar nuestras miras, y la orientación es nuestra brújula; si camináramos al azar sin una opción, sin una meta, iríamos directamente al desastre, o por lo menos nos encontraríamos de golpe en una vida sin sentido, sin un por qué, sin una motivación que nos llene de alegría y de plenitud.
     Como personas, como cristianos, no podemos prescindir de incluir a Dios en nuestro caminar. Las cosas espirituales, dan colorido y dimensión a todo lo que vivimos día a día. Si las dejamos fuera, si ponemos todo el énfasis en las cosas materiales, en los adornos, en los regalos, en la fiesta… nuestra Navidad va a ser muy pobre, muy gris. Ni siquiera podemos llamarnos verdaderamente cristianos.
     La luz de Dios que brilla en Jesucristo, nuestro Salvador, es como empezar a nacer con él… como todo lo que se renueva en primavera, al amanecer, al iniciar el día…
     En algún momento en que recordamos que la Navidad se acerca, podemos alzar los ojos al cielo y decirle a Cristo Jesús:
     Ven Señor a nuestra vida,
ilumina nuestra mente y nuestro corazón
para que no caminemos a oscuras por el mundo.
     Y para dar más contenido a nuestro Adviento, es bueno tener a la mano algunas lecturas que nos ayuden a iluminar esta espera de la Navidad. Hay libros muy buenos (como Virtudes para adviento y Navidad), que nos ayudan a que éste no sea un tiempo más de posadas y fiestas, sino un tiempo de Conversión que deje una luz para que podamos ver mejor el camino que transitamos y para que vayamos por él con más firmeza, seguridad y alegría.

María Belén Sánchez fsp
 

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